El proyecto del NAIM y las implicaciones ecológicas para una comunidad y su ecosistema

Fotografía: Jorge Vazquez

Alertar sobre los riesgos socioambientales es una estrategia para frenar los proyectos de infraestructura con consecuencias nocivas para la ecología


El proyecto de construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM) tiene antecedentes en la década de 1990. Su ubicación se modificó en diversas ocasiones, pero siempre poniendo en riesgo algún elemento socioambiental, afirmó Ignacio Rubio, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Desde aquella época, el gobierno quiso expropiar tierras de campesinos otorgándoles tres pesos por metro cuadrado, en respuesta a esto, los campesinos se manifestaron y se detuvo el proyecto, buscando otro punto para realizar la segunda terminal del aeropuerto. Así fue como se paró la primera etapa del NAIM, sin embargo, con el paso de los años fueron surgiendo otras etapas que, aunque estaban “mejor planeadas y con nuevas evaluaciones”, no dejaban de presentar riesgos para la ecología o las personas que vivían en los alrededores, señaló el académico.

En el análisis de este fenómeno se identifica la posición del concepto “riesgo”, que forma parte de una noción más amplia de “justicia ambiental”, la cual puede adquirir la fuerza normativa necesaria para que los riesgos socioambientales se opongan a un desarrollo con consecuencias nocivas para la ecología, afirmó Rubio.

La evolución de la visibilidad de un problema social

La concepción contemporánea sobre el medio ambiente ha tenido cambios en el tiempo. En el ámbito académico, anteriormente solo existían tres libros sobre el tema, y en la actualidad se habla de escribir más, con toda la información sobre los conflictos ambientales y sus diferentes perspectivas que ya se está haciendo visible ante los investigadores y la sociedad, expresó David Madrigal, investigador de El Colegio de San Luis.

Desde diferentes autores, la sociología del riesgo permite reflexionar las consecuencia no previstas de este tipo de proyectos y generar una reelaboración de la relación que tienen las personas con la naturaleza, como una preocupación moral ante lo que se hace con las formas de vida no humana, expresó el investigador.

El cuestionamiento a la ciencia

Es necesaria una crítica social a la ciencia, se deben tomar como ejemplo los movimientos socioambientales exitosos, pues permiten que exista una crítica social a ésta, no a manera de juzgarla, sino de cuestionarla y reconocer que la legitimidad de la ciencia no está anclada a un movimiento epistemológico, afirmó Rubio, y agregó que, incluso dentro de las comunidades afectadas, existe diversas perspectivas sobre los posibles efectos de la implementación de grandes proyectos de infraestructura.

Estas reflexiones se realizaron durante la última sesión del año del seminario Ecología Política y Estudios Socioambientales, coordinado por Elena Lazos Chavero, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leticia Durand, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, Fernanda Figueroa, académica de la Facultad de Ciencias de la UNAM y Patricia Ávila, investigadora del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM.


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