Mastodon y la “otra comunicación” que sí es posible en Internet

Fotografía: Wikimedia Commons

En enero de 2017 publiqué un artículo en el que describía los impactos de las redes sociales corporativas en el ámbito universitario y las posibles alternativas que, en aquel momento nombré como redes sociales libres. Cinco años después los problemas se han agudizado, Facebook cambió su nombre por Meta como parte de una sofisticada campaña de mercadotecnia en su desesperación por no perder usuarixs y Elon Musk, que acaba de comprar Twitter, busca por todos los medios incrementar en el corto plazo las utilidades de su empresa recién adquirida.

Justo en medio de estas importantes transformaciones quiero hacer un espacio para insistir en la existencia actual y concreta de otras formas de comunicarse en Internet, formas que; no son orientadas por algoritmos; no buscan la máxima acumulación de capital (económico, cultural o social); y no dependen de una infraestructura centralizada gestionada por una empresa monopólica.

Una de las expresiones de estas formas alternativas la encontramos en las redes sociales federas (que en el texto de 2017 denominé redes sociales libres) cuyo desarrollo y uso van en aumento y que en su interconexión entre diferentes plataformas e instancias están configurando una red más amplia denominada “Fediverso”.

Estas redes sociales federadas no son comparables con los servicios de las plataformas corporativas que todxs conocemos. Si bien pueden tener funcionalidades similares (microblogging, orientadas a compartir fotografías o videos), surgen del paradigma del software y la cultura libres, que está basado en la redistribución, la colectivización y el bien común.

¿Cómo nace y se desarrolla una red social federada?

En el texto de 2017 enlistaba algunas plataformas alternativas que hoy tienen poco uso o han sido relevadas por proyectos mejorados. Tal es el caso de “GNU Social”, un software libre para microblogging basado en StatusNet, el cual fue un proyecto que desde 2010 ya daba soporte al estándar Ostatus que permite la interacción de usuarixs de diferentes instancias.

Perfil público de Radio Almaina en una instancia de GNU Social

GNU Social es un proyecto aún activo que ha experimentado momentos de auge, casi todos por migraciones de usuarixs inconformes con las políticas de uso de Twitter. Uno de estos momentos ocurrió a finales de 2014 y principios de 2015 cuando en diversos países se abrieron instancias de GNUSocial con una interfaz modificada similar a Twitter, las cuales fueron llamadas “Quitter”

Y justo un año después de Quitter, un desarrollador de software alemán lanzó, lo que en el ámbito de la informática se denomina un “fork”, una versión derivada de GNU Social como proyecto independiente, dicho fork fue nombrado “Mastodon”.

La trayectoria StatusNet-GNU Social-Quitter-Mastodon da cuenta de cómo el modelo colaborativo del Software libre permite el desarrollo de infraestructuras de forma progresiva, acumulativa y descentralizada.

Interfaz de una instancia de Quitter en 2015

Como StatusNet era software libre pudo fusionarse con GNU Social y como GNU Social era software libre fue posible que alguien cambiara su diseño para lucir como Twitter (Quitter) y más tarde, alguien más pudo copiar el código completo y agregarle funcionalidades y cambios en la interfaz para generar Mastodon, y como Mastodon es software libre cualquiera puede descargarlo e instalarlo en un servidor que se podrá conectar con otros servidores.

Descentralización y federación

Si bien la tentación de parecerse a Twitter (en diseño y funcionalidades) ha estado en el horizonte de Quitter y Mastodon, su arquitectura, y la de todas las redes federadas, es radicalmente diferente ya que es descentralizada.

El modelo centralizado de Twitter está soportado por un único nodo central, que funciona con un software privativo que nadie conoce, y que aloja los datos de todos sus usuarixs y por ende el dueño de este nodo tiene el control total de toda la información de la red social.

Perfil público del proyecto comun.al en una instancia de Mastodon

A diferencia de este modelo, en las redes sociales federadas cualquier persona con ciertos conocimientos de informática puede instalar en un servidor una instancia o nodo de red social (Mastodon, Pixelfed o PeerTube, por ejemplo) definir las condiciones de uso y prestar servicio de red social a otras personas o a sí misma. Solo la información de este nodo estará controlada por él o la administradorx, pero esta instancia tiene la capacidad de comunicarse con otras de tal forma que, además de la red interna de la instancia, se genera una red más amplia a partir de la conexión entre múltiples nodos, a esa red más amplia se le conoce como fediverso.

Y debido a la cercanía del movimiento del software libre con otros movimientos sociales y posturas críticas, buena parte de las instancias de las redes federadas basan sus políticas de uso en principios de respeto de la privacidad de usuarixs y no discriminación, además de que no persiguen fines comerciales por lo que sostienen sus gastos de operación mediante donaciones de sus usuarixs.

Perfil del proyecto “Working Class History” alojado en una instancia de Maston visto desde una instancia de Pexelfed

También, actualmente encontramos instancias con posturas críticas como el antiracismo, el antifascismo o el anarquismo y nodos de grupos específicos como los nodos con orientación LGBTI o anarcohacker, por mencionar algunos.

Pero el hecho de que Mastodon sea un software libre no impide que una persona o grupo con ideas retrógradas, facistas, racistas o machistas, por mencionar algunas, puedan abrir un nodo de una red social federada. Sí existen este tipo de nodos pero generalmente son identificados y bloqueados por la mayoría de nodos que integran la federación, de tal forma que suelen quedar aislados.

¿Y las universidades públicas?

A inicios de la década de 2010, todas las facultades y centros de investigación comenzaron a abrir cuentas institucionales en Facebook y Twitter, posteriormente en Youtube y más recientemente en Instagram, haciendo de estas plataformas sus principales medios de comunicación institucional. En esa primera etapa eran comunes los encuentros académicos en los que se promovía el uso de Facebook en el aula como recurso innovador de interacción con lxs estudiantes.

Después de la etapa de adopción generalizada de redes sociales corporativas, la pandemia marcó un segundo momento en el que se instauró el dominio total de Zoom y Google Classroom como recursos didácticos. Su uso fue tan masivo que actualmente a los y las estudiantes más jóvenes, les sorprende que algunos profesores no los utilicemos.

En una videoconferencia que impartí hace algunos meses a estudiantes universitarios sobre cultura hacker, me preguntaron ¿cómo me enteraba de lo que sucedía a mi alrededor si no tenía Facebook, Twitter, Instagram o Tick Tock?, interrogante que ilustra el momento actual en el que se ha naturalizado el control del flujo de información en Internet por una cuantas corporaciones.

Perfil del proyecto “Anarchist Pedagogies Collective” en una instancia de PeerTube

Pero así como se ha incrementado la importancia de estas plataformas corporativas en todas las esferas de la vida de las personas, también se ha incrementado su conciencia tecnopolítica. Cada vez es más común que la gente cuestione su modelo de negocios, su papel en la polarización de la opinión pública o su capacidad para amplificar voces selectas, y una de las principales formas de agencia política de lxs usuarixs es salirse de la plataforma.

Si la conciencia tecnopolítica se ha incrementado y además ya existe un modelo alternativo (aunque no exento de problemas) en las redes sociales federadas, considero que es momento para que las universidades y los centros de investigación públicos se involucren activamente en la construcción de alternativas de comunicación digital para el bien común.

Su involucramiento no se puede limitar a la instalación de instancias de alguna red social federada. La universidad pública debe propiciar espacios interdisciplinarios para; la reflexión tecnopolítica crítica y creativa; la adaptación de infraestructuras libres en contextos específicos; y la contribución a proyectos de software libre.

Tarea que no depende únicamente de las ingenierías o de los departamentos de cómputo, necesita, cada vez con mayor urgencia, la participación activa de gestorxs culturales, sociólogxs, historiadorxs, trabajadorxs sociales, psicólogxs, científicxs, urbanistas, entre muchxs otrxs.

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