Obstáculos que las mujeres científicas enfrentan en sus trayectorias académicas

Según datos del Conacyt, en 2018, el 35.8% de las personas dedicadas al quehacer científico, registradas en el Sistema Nacional de Investigadores, son mujeres. Por otro lado, según la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (enut) 2019, las mujeres dedican a la semana 30.8 horas de trabajo doméstico no remunerado para el propio hogar y 12.3 horas de trabajo no remunerado de cuidados a otros integrantes del hogar; mientras que los hombres dedican 11.6 horas de trabajo doméstico y 5.4 horas en trabajos de cuidados. En medio y detrás de estas cifras, encontramos diversas condiciones estructurales que dan forma a esta realidad.

Es cierto que actualmente las mujeres contamos con más y mejores oportunidades de participación en la ciencia. Ya sea en la producción de conocimiento científico, en la docencia o en la difusión. Sin embargo, las mujeres se siguen enfrentado a diversos tipos de brechas de género que obstaculizan el quehacer científico. Estas brechas no se limitan sólo al ámbito educativo y laboral, sino que también se reproducen en lo privado, en los hogares. Si bien disponemos de una amplia literatura en torno a temas como la división sexual del trabajo o la doble y triple jornada que realizan las mujeres, el actual patrón de distribución de los trabajos de cuidados en los hogares constituye, desde nuestra perspectiva, un importante obstáculo en el quehacer científico de las mujeres, y la reciente experiencia de pandemia lo (2019-2023) evidenció aún más.

La consigna Quédate en Casa profundizó las desavenencias y la inequitativa distribución de los trabajos de cuidado. La mayoría de las mujeres dedicadas a la ciencia (en sus variadas áreas) se vieron constreñidas en una dinámica que dejaba poco tiempo y poco espacio para continuar con la investigación, la difusión o la docencia de la manera “más normal” posible. Se hacían malabares entre las múltiples tareas del hogar, el cuidado de los menores (madres y no madres), que además se complejizaba con el sistema Aprende en Casa, y el cuidado de adultos mayores y enfermos, y el seguimiento de las indicaciones prescritas para evitar contagios. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, en un estudio sobre la Mujer en la economía poscovid, durante la pandemia, el 77% de las mujeres consideró que las tareas domésticas y trabajos de cuidados incrementaron más del 25%. De las encuestadas que vivían en pareja, 41% consideraba que el trabajo doméstico (incluía la carga mental) recaía principalmente en ellas (IMCO, 2021). Aunado a ello, según un artículo de Rebecca Krukowski, Reshma Jagsi y Michelle Cardel (2021) sobre las diferencias de productividad académica por género durante la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos, las mujeres académicas dedicaban el 77.6% de su tiempo por semana al cuidado de los niños (los hombres reportaron el 61.3%), además de que señalaron mayores dificultades para continuar publicando trabajos académicos. Si bien estas cifras son de otro país, no cabe duda de que la realidad nuestra no es muy distinta.

Es cierto que el tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es diferente según el tipo de hogar; es decir, si se trata de una familia nuclear tradicional u hogares con madres autónomas, o si se trata de hogares donde no es posible costear trabajo doméstico remunerado, pagar a cuidadores especializados en niños, adultos mayores o enfermos, comprar alimentos preparados, u otras estrategias que podrían reducir el tiempo dedicado a estos trabajos. Evidenciar este obstáculo no está orientado a agregar, junto a las “cuotas de género”, estándares de evaluación del rendimiento académico diferenciados para las mujeres (más flexibles), sino de cuestionarnos socialmente la distribución de este tipo de trabajos en el hogar. El quehacer científico es altamente demandante, y en combinación con el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado deja poco espacio para el pleno desarrollo académico; por tanto, hacernos conscientes de este obstáculo implica plantearnos estrategias de distribución más equitativas de estos trabajos (entre las parejas y las redes de apoyo) y diseñar políticas públicas necesarias para que esa distribución no se limite sólo al ámbito privado.

Referencias

  • INEGI (2019). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) [en línea]. Disponible en (Consulta: febrero de 2024)
  • Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) (2021). “Las mujeres en pandemia. Los efectos en el hogar y en el trabajo” [en línea]. IMCO, Centro de Investigación en Política Pública. Disponible en https://imco.org.mx/las-mujeres-en-pandemia-los-efectos-en-el-hogar-y-en-el-trabajo/#:~:text=De%20acuerdo%20con%20la%20encuesta,hijos%20recae%20en%20las%20mujeres.
  • InMujeres (2018). “Las mujeres en la ciencia” [en línea]. Boletín, año 4, número 2. Disponible en .
  • Krukowski, Rebecca A.; Reshma Jagsi, y Michelle I. Cardel (2021). “Academic Productivity Differences by Gender and Child Age in Science, Technology, Engineering, Mathematics, and Medicine Faculty During the COVID-19 Pandemic”. Journal of Women’s Health 30 (3): 341-347.

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Contenidos creados por la comunidad académica del IIS-UNAM en el marco del Día Internacional de las Mujeres, Jóvenes y Niñas

Cynthia Salazar Nieves
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Técnica Académica del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

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