Matanza en Tlatelolco, culminación de una cadena de actos represivos del Estado mexicano

El movimiento de 1968 fue el inicio de un proceso de democratización en México

El movimiento de 1968 fue un movimiento nacional, pero desigual, los medios de comunicación y parte de la sociedad atacaban a los jóvenes. “Ser joven era prácticamente un delito. Se vivía un Estado autoritario en donde no había libertad y se perseguía la disidencia”, explicó Gilberto Guevara Niebla, Consejero de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

“Los jóvenes éramos mal vistos, ser disidente en esas épocas tenía altos costos, no éramos el grupo mayoritario, había todo un contraataque al movimiento”, expresó Hira de Gortari, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM).

El Consejo Nacional de Huelga era una amalgama de diferentes instituciones, mismas que se unían en el movimiento del 68, la Universidad Nacional Autónoma de México era un espacio de convergencia, afirmó De Gortari. Para los jóvenes “la universidad era un espacio distinto dentro de la sociedad mexicana, para muchos era nuestra otra madre, porque era un espacio independiente, con otras reglas, la posición de la universidad tuvo una repercusión más allá de la universidad”, señaló Julio Labastida, investigador del IIS-UNAM.

A nivel contextual, se vivía en México, y en el mundo, diferentes acontecimientos de protesta social, de cambios económicos y políticos, y de enfrentamientos armados. En México, en la década de los sesentas, “hubo huelgas universitarias en varios lugares de México, y esas expresiones siempre fueron reprimidas. Lo que ocurrió en Tlatelolco es la culminación de una cadena muy larga de actos represivos del Estado mexicano contra cualquier expresión de libertad independiente y social”, afirmó Guevara Niebla.

“Sentíamos miedo cada vez que nos manifestábamos, porque el ejército y la policía estaban presentes, desde el principio sabíamos que en cualquier momento habría represión. Nadie se enfrentó al ejército, éste fue quien se enfrentó a los estudiantes”, sentenció De Gortari.

Al ver lo sucedido en Tlatelolco, estudiantes mexicanos tuvieron que salir del país, afirmó Jorge Martínez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y reiteró que después del 68 mexicano, en Francia “recibimos líderes estudiantiles mexicanos, hubo quienes ayudaron a estos jóvenes a salir del país a partir de estrategias creativas que ocultaran su identidad verdadera”.

Los investigadores coincidieron en que parte de los logros del movimiento del 68, pese a la masacre, fueron conquistas en torno a la libertad de expresión, el derecho a manifestarse, el derecho a estar en los espacios públicos, así como la importancia de organizarse como sociedad y exigir democracia y derechos. No obstante, hay preguntas que quedaron sin contestar, por ejemplo, “¿era necesario matar a los jóvenes para detener el movimiento? ¿Quién dio la orden de hacerlo? ¿Cómo podemos conservar la memoria del 68 que se ha perdido entre los jóvenes actuales?”, cuestionó Martínez.

La mesa redonda, coordinada por Julio Labastida y moderada por Jorge Cadena, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM (CEIICH-UNAM), formó parte del ciclo de actividades académicas “Las ciencias sociales ante el 68”, coordinado por Miguel Armando López Leyva, director del IIS-UNAM.


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