Milpa, policultivo biodiverso amenazado por los oligopolios

“La milpa es principalmente la costumbre que hace uno como campesino. No queremos perder esta costumbre y seguimos haciéndolo con mi esposa y mis hijas” (Buenaventura López Gómez). Fotografía: Peter Lowe/CIMMYT

La adhesión del UPOV-91 en el T-MEC constituye el despojo mas grande en la historia de la agricultura mexicana


A pesar de que México es uno de los 12 países megadiversos del mundo, ha perdido cerca de del 50 por ciento de sus ecosistemas naturales debido al cambio en el uso del suelo para actividades turísticas, ganaderas, mineras y agroindustriales, afirmó Cristina Barros, columnista e investigadora independiente.

En el mundo, la agricultura industrial, basada en el monocultivo, ocupa 80 por ciento de la tierra arable y produce solo el 20 por ciento de los alimentos, este sector no alimenta a los habitantes del planeta, produce biomasa que se utiliza, en gran medida, para alimentar al ganado, expresó la investigadora, y agregó que, esta forma de producción agrícola requiere un mayor gasto de hidrocarburos.

El monocultivo y la pérdida de la biodiversidad

Los suelos funcionan como el mayor filtro y tanque de almacenamiento de agua bajo tierra y poseen una biodiversidad (de bacterias y sustancias orgánicas) mayor que la que se encuentra en su superficie. Sin embargo, las maquinarias utilizadas en la agricultura industrial desgastan la delgada capa de suelo orgánico y los fertilizantes, insecticidas y herbicidas, contaminan agua, aire y suelo, afirmó Barros.

El sector agroindustrial de monocultivos basa su producción en razones comerciales, no en las necesidades reales de las personas, esto se observa en el caso del cultivo industrial de aguacate en Michoacán, de soya en Yucatán y de palma de aceite en el sureste mexicano. Las consecuencias de estas agroexportaciones han sido la erosión del suelo, la pérdida de plantas e insectos polinizadores y la contaminación de aguas, mientras que las ganancias son obtenidas por pocas personas, refirió Cristina Barros.

La milpa, un policultivo biodiverso

El 80 por ciento del frijol, más del 40 por ciento de la yuca y 60 por ciento del maíz que se consumen en América Latina, provienen de pequeños policultivos. Este tipo de prácticas agrícolas, desarrolladas ancestralmente en todo el mundo, permiten mayor biodiversidad, aprovechan más los suelos y generan mayor rendimiento sin la utilización de fertilizantes químicos, señaló la investigadora, y agregó que las diversas técnicas de policultivo se realizan en sintonía y adaptación con ambientes frágiles y desafiantes.

En México la principal forma de policultivo es la milpa, en ella pueden haber hasta 60 productos distintos, entre plantas alimenticias cultivadas, plantas alimenticias inducidas y plantas alimenticias toleradas, además insectos, pequeños, roedores, plantas medicinales y de ornato, refirió Cristina Barros, y destacó que 70 por ciento del maíz para tortillas y 60 por ciento del frijol que se consumen en el país se producen en la milpa.

En la milpa se realiza un proceso continuo de selección y surgimiento de nuevas variedades de maíz, frijol, calabaza y chile, asimismo, debido a la gran diversidad de modalidades de milpas en el territorio mexicano, se puede considerar a la milpa como el reflejo de la biodiversidad del país, señaló Barros.

Por otro lado, la milpa hace al campesino autónomo, le otorga seguridad alimentaria, le permite emplearse y está diseñada según las necesidades de cada familia, expresó la investigadora, y añadió que, también cumple funciones ceremoniales, es reflejo y detonadora de cultura ya que la cosmovisión mesoamericana está ligada al ciclo agrícola y a la naturaleza.

La milpa amenazada en el T-EMEC

Con la renegociación del Tratado entre México, Canadá y Estados Unidos (T-MEC), nuestro país se obligó a cumplir el Acta 1991 de la Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV) que patenta genes y variedades, limita el uso e intercambio de semillas por parte de los agricultores, prohíbe la derivación esencial de variedades, afecta directamente la diversidad genética y extiende los derechos de las semillas patentadas. Esta regulación genera el escenario jurídico para que los oligopolios controlen las semillas, afirmó Barros.

El maíz y la milpa son el foco de atención para quienes buscan desestructurar la organización campesina. Al otorgar los mejores recurso a unos cuantos productores agroindustriales e impulsar los proyectos de trenes, mineras y refinerías, se están agrediendo a los pueblos que nos alimentan, concluyó la investigadora.

La conferencia de Cristina Barros se llevó a cabo el 21 de junio de 2019 en el marco del seminario Cultura y Representaciones Sociales, coordinado por Gilberto Giménez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Jorge A. González y Tommaso Gravante, investigadores del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.


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