1968, faro que ilumina la rebeldía contra el “estatus quo”

Pinta realizada durante la marcha del 2 de octubre de 2017 en la Ciudad de México. Fotografía: Adrián Martínez

Las estrategias represivas que usó el gobierno en el 68, siguen vigentes en México

El 68 marcó una nueva etapa de arranque en la historia nacional y se convirtió en el mito fundacional de una realidad política resignificada por diferentes actores a lo largo de estos 50 años, comentó Nancy Tejeda, investigadora del Instituto Mora. El “movimiento culminó las luchas por las libertades sociales en la familia, la iglesia, lo laboral y el mundo agrario, luchas que expresaban demandas de libertad y democracia en contra del autoritarismo presidencial”, afirmó Ricardo Pozas Horcasitas, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM).

Nuevas sensibilidades

Saber cómo se formaron las subjetividades rebeldes en los años 60, permite inferir cómo éstas resuelven situaciones prácticas en la vida actual, señaló Aleida García, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional. Entre los años 60 y 70, surgieron nuevas sensibilidades, paradigmas y problemas dentro del pensamiento social a nivel mundial, expresó Ilan Semo, investigador de la Universidad Iberoamericana.

“El 68 funciona como un faro que ilumina una amplia y diversa gama de subjetividades que irrumpen y desmontan los discursos del estatus quo”, mencionó Aurelia Gómez Unamuno, académica del Haverford College. La literatura y el cine fueron una manera de irrumpir y mostrar la represión y la violencia vivida en la década de los años 60 y 70, coincidieron Vicente Quirarte, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, Ute Seydel de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Juncia Áviles, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Otros sectores sociales

El sector trabajador, campesino y obrero no tuvo resonancia en el movimiento, pese a que se integraron brigadas informativas de maestros y estudiantes que recorrían sus lugares de trabajo, señaló Raúl Trejo Delarbre, investigador del IIS-UNAM. Esto contrario a la Iglesia, se involucró con el movimiento a favor y en contra de éste, expusieron Fernando González, investigador del IIS-UNAM y Austreberto Martínez, académico del Instituto Cultural Helénico.

Violencia sistemática

El mito del 68 también se ha convertido en una narrativa oficial del gobierno, quien acepta a medias que sí cometió delitos, pero las estrategias que utilizó para ello siguen vigentes y latentes a nivel nacional y local, afirmó Rodolfo Gamiño, académico de la Universidad Iberoamericana. Visibilizar las memorias de las luchas armadas en ciertos contextos geográficos durante el 68, “permite reiterar que la violencia del régimen ha sido constante, desde ese año hasta Ayotzinapa”, expresó Yllich Escamilla, académico de la UNAM.

Consecuencias del movimiento

Sin embargo, cabe cuestionarse ¿cuáles fueron los hechos y acciones concretas posteriores al movimiento del 68? Una posible consecuencia fue el surgimiento de escuelas alternativas liberales, donde muchos militantes del movimiento fueron profesores y otros llevaron a sus hijos a estudiar a estas escuelas. “Mucha gente consideró que, para transformar el mundo, había que transformar la forma en que se educaba”, expresó Eugenia Allier, investigadora del IIS-UNAM.

Otra consecuencia concreta del movimiento fue que éste dejó una nueva cultura política y nuevos partidos de izquierda, erradicando, así el dominio de un partido único, afirmó José René Rivas Ontiveros, investigador de la Facultad de Estudios Superiores Aragón. No hay que considerar totalmente triunfante al movimiento del 68, ya que la desaparición forzada se introdujo en el 68 como una nueva estrategia por parte del autoritarismo mexicano, señaló Camilo Vicente, académico de la UNAM.

Esta discusión se llevó a cabo durante el primer día de actividades del Coloquio internacional “Los años 68: política, sociedad y cultura”, coordinado por Eugenia Allier y Matari Pierre, investigadores del IIS-UNAM, y por Ilán Semo, académico de la Universidad Iberoamericana.


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