Frente a la crisis socio-ecológica, la cooperación, la reciprocidad y la complementariedad son alternativas para cuidar la vida

Actividades del III Encuentro Nacional de Teatro del Comité por la Defensa de los Pueblos Indígenas (CODEDI). Fotografía: Avispa Midia

Desde la ecología política se debe entender que todo lo que es parte de la vida está integrado, interconectado y es interdependiente: Mina Lorena Navarro


Actualmente existen diferentes esfuerzos colectivos que se están desplegando para garantizar la existencia y la lucha por la vida. Estas experiencias incluyen las luchas comunitarias vinculadas con matrices indígenas y campesinas y los feminismos, que en los últimos años han ido extendiendo su enorme capacidad y su fuerza contra las violencias machistas, afirmó Mina Lorena Navarro, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

A partir de la noción de doble movimiento, propuesta por Karl Polanyi en su libro La gran transformación, la investigadora identificó por un lado las distintas formas y estrategias de cercamiento y de imposición de las economías mercantiles que van trastocando los mundos de vida y las capacidades de autorregulación de las comunidades. Y por el otro, las capacidades que desde lo social se van organizando para defender la vida, para defender los medios de existencia y también para poner barreras sociales a estos cercamientos múltiples sobre los territorios de estas comunidades.

Actualmente vivimos en un momento muy complicado en el tejido de la vida, marcado por una crisis socio-ecológica de gran extensión que está relacionada con una ofensiva de tipo biocida, colonial, racista, patriarcal, extractivista, especista y antropocéntrica. Y no se podría entender esta crisis si no es a partir de esta ofensiva que se ha venido desplegando sobre la trama de la vida, con distintos frentes y con distintas intensidades a lo largo de los años, explicó Navarro.

Estamos en una era geológica, en la que estas transformaciones por la mano del hombre han modificado profundamente el tejido de la vida, en donde la mayoría de las reservas de la tierra hoy están drenadas, agotadas, quemadas o exterminadas, y que son por lo tanto totalmente contrarias a los propios ritmos de regeneración de la naturaleza, afirmó la académica.

La crisis epistémica tiene que ver con qué tan sostenible sigue siendo pensar desde un lugar reduccionista que produce un conocimiento para seguir alimentando un proceso destructivo sobre las condiciones de vida. Frente a esto, señaló la investigadora, la ecología política debe tratar de pensar el tejido de la vida, ya no desde una disciplina, sino tratar de pensar desde la multidisciplina, lo que implica entender que todo lo que es parte de la vida está integrado, interconectado y es interdependiente.

Por eso es fundamental habilitar otras formas orgánicas de interdependencia, lanzar nuevas formas en las que podamos gestionar nuestra interdependencia en el tejido de la vida bajo principios que sean de la cooperación, reciprocidad, complementariedad y no de la competencia, la acumulación y la negación de nuestra propia existencia en términos ecológicos, expresó Navarro.

Estas reflexiones se realizaron el 19 de febrero de 2019 en el marco del seminario permanente Ecología Política y Estudios Socioambientales, coordinado por Elena Lazos Chavero, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leticia Durand, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, Fernanda Figueroa, académica de la Facultad de Ciencias de la UNAM, Patricia Ávila, investigadora del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, y Carmen Legorreta, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.


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