Estigmas territoriales, marcas simbólicas para excluir a los pobres urbanos

Fotografía: ivera

En el discurso hegemónico subyacen mitos, estereotipos y estigmas sobre los pobres y sus lugares de interacción


La estigmatización, proceso mediante el cual se clasifica inferiormente a personas de clases populares, está ligada a una gobernanza neoliberal, cuyo proyecto de clase se orienta a recuperar el poder de las élites económicas, bajo la retórica del individualismo, la libertad, la movilidad y la seguridad nacional. Como resultado, los problemas sociales se despolitizan, con ello, la clase social es el efecto de elecciones y deficiencias personales, ignorando las brechas en el acceso a recursos y oportunidades, en este sentido, “según la cultura mediática neoliberal, la riqueza es ganada y la pobreza merecida”, apuntó María Cristina Bayón, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A lo anterior se suma el planteamiento del llamado “efecto barrio”, según el cual, el lugar de residencia condiciona las oportunidades de vida. Algunos de sus supuestos son la marginalidad a causa de una inferioridad cultural y comportamientos patológicos y disfuncionales (embarazo adolescente, drogadicción, beneficiarios de planes sociales), sin embargo, esta perspectiva tampoco considera un contexto mayor.

El paradigma hegemónico no deja intersticios

La estigmatización territorial también se ha convertido en un instrumento de la política urbana, pues demoniza a la vivienda social y a las periferias como generadoras de pobreza, con el objetivo de generar consenso frente a políticas punitivas hacia los sectores más desfavorecidos. Por tanto, se identifica una relación entre estigmatización, degradación territorial y procesos de gentrificación (expulsión de clases populares de zonas centrales por el aumento de valor del suelo), explicó María Cristina Bayón.

Los estigmas territoriales trazan las fronteras del “lugar de los pobres” que son usadas para fijar a la gente en sus lugares. Además de excluirlos de otros espacios, tienen una intención de disciplinamiento muy fuerte para asociar cierto tipo de lugares con cierto tipo de gente, formuló.

El estigma en escuelas y estudiantes de sectores populares

Stigma power es un concepto acuñado por Link and Phelan que retoma el poder simbólico del estigma, pues se legitima en una relación, subordinación, estereotipos, e instituciones discriminatorias, “quienes estigmatizan tienen fuertes motivaciones para mantener a la gente abajo, adentro o fuera, a partir de procesos de degradación o calificación negativa, que son indirectos, ampliamente efectivos y ocultos en circunstancias culturales ‘normalizadas’ o naturalizadas en el sentido común”, citó Bayón.

El estigma tiene una dimensión performativa, es decir, que la clasificación y el etiquetamiento no solo afectan el trato social, sino los procesos de constitución identitaria de los sujetos estigmatizados. En Chimalhuacán, los jóvenes enfrentan poderosos ataques a su persona e identidad puesto que sus escuelas se consideran “no suficientemente buenas para gente inteligente”, expuso la investigadora.

Las escuelas públicas a las que asisten jóvenes de sectores populares se desvalorizan fusionando su orientación (si es vocacional o no) y el área de su localización, con los estudiantes, caracterizados por sus carreras truncas, atribuidas a defectos personales, y “deficiencias morales”, concluyó.

La conferencia de Cristina Bayón se llevó a cabo el 14 de agosto de 2019 en el marco del seminario La Ciudad Neoliberal y los Derechos Urbanos, coordinado por Patricia Ramírez Kuri, investigadora del IIS-UNAM.


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