Los centros de detención generan una autoconciencia criminalizante en los migrantes

Centro de detención de migrantes en McAllen, Texas, 17 de junio de 2018. Fotografía: U.S. Customs and Border Protection/ Wikimedia Commons

La frontera norte de México es el epicentro de violencias, hipervigilancia y militarización


La frontera norte de México es uno de los puntos de llegada y de inmovilidad de muchos y muchas migrantes que provienen principalmente del centro de México, Centroamérica y el Caribe. Entre las campañas de Washington y la guerra contra el narcotráfico, este espacio se ha convertido también en un epicentro de violencias, de hipervigilancia y de militarización, mencionó Bertha Bermudez, profesora en New Mexico State University.

Ayuda entre migrantes por TikTok

El camino desde Centroamérica es sumamente peligroso ya que existen, tanto complicadas condiciones naturales con climas extremos, como grupos delictivos que están a las espera de migrantes para realizar secuestros o robos. Por estas razones, se han creado maneras de transmitir experiencias entre migrantes, así, mediante testimonios se han podido dar recomendaciones a través diversos medios como notas escritas y videos publicados en la plataforma digital, TikTok, en los cuales se brindan rutas para evitar a las patrullas fronterizas y los senderos riesgosos, subrayó Marilú Sarrut, doctorante en el Centre d’études en Sciences Sociales sur les Mondes Africains, Américains et Asiatiques de la Universidad de París.

Esto es ejemplo de lo crucial que es la memoria colectiva y la solidaridad que se puede formar en los grupos migrantes. Con el uso de las tecnologías digitales y herramientas como las redes sociales y los GPS, se ha podido llegar a una autonomía de movimiento de los migrantes, lo cual es evidencia de que se puede salir de una visión victimizante hacia ellos y ellas, pues la creación de conocimiento geográfico y la generación de vínculos de apoyo muestran el trabajo y los esfuerzos para crear rutas más seguras, concluyó Sarrut.

El apoyo de organizaciones de la sociedad civil

Al momento de llegar a la frontera norte de México, las y los migrantes generalmente buscan la manera de solicitar asilo en Estados Unidos. Para eso se hacen trámites largos que se traducen en esperas exhaustivas en los centros de migrantes, los cuales no solían permitir estancias dignas. Además, la pandemia de COVID-19 fue un motor para el alargamiento de estas retenciones, ya que durante el pico de la pandemia se promovió el aislamiento para no contagiarse para evitar “salirse” de la fila, mencionó Isabel Gil, investigadora postdoctoral en el Colegio de México.

Para este proceso fue crucial el apoyo de la Organizaciones No Gubernamentales (ONG), puesto que fueron las que gestionaron carpas en donde se hacían listas de registro para los y las migrantes, igualmente apoyaron con los trámites que debían llevarse a cabo en línea. Además de que sobresale la participación de las ONG para la mejora de las instalación de estos refugios y centros para migrantes, ya que debido a las largas estadías se debía de promover que sus necesidades pudieran ser cubiertas.

De esta manera, organizaciones como Solidarity Engineering ayudaron a la instalación de sistemas de agua potable, sistemas de drenaje, y a la construcción de otros espacios como capillas o escuelas, con el fin de que todos y todas pudieran satisfacer sus necesidades y pudieran tener un desahogo espiritual. Además de que se lograron crear negocios, principalmente de alimentos y de reparación de celulares o venta de productos y servicios de limpieza, subrayó Bermudez.

La violencia de género

Dentro de estos campamentos se han generado dinámicas de solidaridad y apoyo entre grupos pequeños, sin embargo hay un gran obstáculo, la violencia de género. Dentro de estos centros de migrantes persiste una división de trabajos de acuerdo al género, asimismo a partir de la vulnerabilidad que experimentan los migrantes varones que les impide configurarse como proveedores, algunos de ellos buscan expresar su masculinidad a través de la violencia, señaló Horoko Asakura, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

De igual manera, algunas mujeres tienen que ofrecer servicios desde limpieza hasta intercambios sexuales para recibir dinero o protección, explicó Bertha Bermudez. Este tipo de violencias también ha sido promovido por el insuficiente apoyo del gobierno respecto a la facilitación de acceso a trabajos, pues se ha enfocado en la población masculina, pese a que la mayoría de la población migrante está conformada por mujeres. Esto aunado al poco apoyo gubernamental a las madres que promueve su aislamiento y adjudicación de las labores domésticas y de crianza, enfatizó Isabel Gil.

Criminalización de la migración

Las retenciones promueven que los migrantes se reúnan y convivan, lo que les permite generar reflexiones sobre sus sentimientos y pensamientos respecto a los centros y los procesos de migración. Sin embargo, la retención, también transmite un mensaje de criminalidad a quien esté dentro de estos centros, pues las instalaciones “enjauladas” y la inexistencia de servicios básicos como el acceso al agua potable demuestra la existencia de un estado carcelario que defiende la criminalidad de las personas migrantes, expresó Alejandra Díaz de León.

Esto se refuerza por la desproporcionalidad de la acción policiaca ante los grupos de migrantes indocumentados, lo cual inserta una autoconciencia de criminales en aquellos que cruzan la frontera con la esperanza de una vida mejor, concluyó la investigadora.

Estas exposiciones tuvieron lugar en el Coloquio “Inmovilidades, esperas y resistencias migrantes”, que se realizó el 11 de agosto de 2022, como parte del Seminario Permanente Interinstitucional Movilidades en Contextos Migratorios, coordinado por; Delphine Prunier y Bruno Miranda, investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; por Hiroko Asakura, Magdalena Barros, Laurent Faret y Patricia Torres, investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Sociales de la Ciudad de México; y por Alejandra Díaz de León y Liliana Rivera Sánchez, académicas del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.


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