Pandemia, cuarentena y trabajo académico: ¿Quiénes son más vulnerables?

Las vulnerabilidades frente a la pandemia

Todos estamos igualmente expuestos a contraer el coronavirus SARS-Cov-2 que genera la enfermedad COVID-19. No obstante, frente a esta pandemia hay distintas formas de vulnerabilidad.

La primera de ella es la vulnerabilidad física: adultos mayores y personas con enfermedades crónicas no transmisibles y otros padecimientos que afectan al sistema inmunológico son quienes tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones graves al infectarse. También hay una vulnerabilidad psicológica y todos estamos expuestos a este riesgo. Angustia, impotencia y desesperación pueden ser algunos de los sentimientos que nos despierta el aislamiento social; el miedo por el contagio; la pérdida de nuestro empleo o del ingreso cotidiano; o bien la extenuante carga de trabajo que nos puede representar ocuparnos de las labores domésticas, la crianza o el cuidado de enfermos sin ninguna ayuda externa.

Otra más es la doble vulnerabilidad de personas que ya viven alguna situación difícil: aquellas mujeres y hombres que tienen alguna enfermedad, física o psicológica, la cual fácilmente puede agravarse con la situación de encierro o con la COVID-19; quienes viven en hogares con violencia intrafamiliar y deben pasar la cuarentena con el enemigo en casa; quienes no tienen una vivienda donde puedan guardarse; quienes tienen alguna adicción y sufren el encierro con mayor angustia, lo que hace que su consumo adictivo se incremente; o bien aquellos que viven en condiciones de pobreza y hambre, por lo que son más vulnerables al tener que salir a buscar algunos pesos para alimentarse, incrementando el riesgo de contagio y porque, además, al padecer desnutrición, su sistema inmunológico es menos resistente.

Además de estas formas de vulnerabilidad hay una situación que está relacionada con la desigualdad de género. En esta crisis sanitaria ha incrementado el trabajo no remunerado de las mujeres y, no por ello, han cesado sus obligaciones laborales. Son ellas las que deben asumir el cuidado de la salud de quienes están y no enfermos; la crianza de los niños que no van a la escuela; la limpieza del hogar y la preparación de alimentos sin ayuda externa; y además de ello, las mujeres deben cumplir con sus responsabilidades laborales, fuera o dentro de la casa (haciendo home-office o saliendo a trabajar a pesar de la cuarentena).

Esta crisis global también repercute en aquellas mujeres que trabajan en la economía informal. Según la representante de ONU-Mujeres en México, Belén Sanz Luque, la pandemia ya está teniendo un impacto negativo en las mujeres mexicanas “pues una gran mayoría de ellas laboran predominantemente en el sector informal, es decir, trabajos que si bien puede ser remunerados no cuentan con seguridad social” (Expansión, 13 de abril, 2020).

De igual forma, según vaya avanzando la crisis económica que la pandemia está gestando, tendremos que evaluar si las mujeres que están en la economía formal son más vulnerables laboralmente que los varones. Si en una empresa hay recorte de personal, ¿se prescindirá de las mujeres antes que de los varones? O bien, ¿serán las mujeres las primeras en tener un recorte de sueldo?

Impacto del COVID-19 en el trabajo académico de la mujeres

En la academia parece que este patrón de desigualdad se reproduce. Las mujeres son más vulnerables que los varones.

En un artículo publicado en el suplemento The Lily del diario The Washington Post se reflexiona sobre el impacto que está teniendo la crisis del coronavirus en el trabajo de las mujeres académicas. Ahí se afirma que “seis semanas después de la cuarentena generalizada, los editores de revistas académicas han comenzado a notar una tendencia: las mujeres, que inevitablemente asumen una mayor parte de las responsabilidades familiares, parecen presentar menos trabajos. Esto amenaza con descarrilar las carreras de las mujeres en la academia, dice Leslie Gonzales, profesora de administración de educación en la Universidad Estatal de Michigan” (Kitchener, 2020).

En ese artículo se hace referencia a una conversación entre dos colegas: una mujer y un hombre. Ella lamenta la cuarentena porque, con su hija de siete años, debe dedicar el tiempo que antes empleaba para investigar y escribir al cuidado de la pequeña. En contraste, él comenta que la cuarentena le ha dado tiempo para concentrarse y escribir. También puedo citar una conversación similar, pero con dos colegas mujeres: Una se lamenta de la cuarentena porque debe cuidar a su hija de cinco años, además de cubrir las labores domésticas; la otra dice que el encierro le ha sido útil para sacar los pendientes y terminar de redactar un par de artículos.

Estos relatos nos llevan a pensar en las diferencias que tenemos hombres y mujeres en la academia, así como quienes tienen y no hijos. Supongamos, hipotéticamente, que una mujer que se dedica a la academia y no tiene hijos puede dedicar fácilmente 10 horas diarias a su trabajo; lo mismo que un varón. No obstante, una mujer con hijos le dedica menos tiempo. Dependiendo de la edad y el número de hijos, las madres académicas no podrán dedicar más de seis horas diarias si es que asumen las tareas de la crianza. Desde ahí, las mujeres con hijos ya están en desventaja respecto a los varones que no tienen hijos o que no asumen labores de crianza.

El cambio de vida producido el COVID-19 ha evidenciado esta desigualdad: las mujeres, en quienes recae en mayor medida el cuidado de los niños y las labores domésticas, cuando no hay escuelas y no hay apoyo doméstico, tienen menos posibilidades de seguir desarrollando su carrera profesional, al menos si los hijos son pequeños y requieren mayor atención. Si antes de la pandemia las mujeres ocupaban “aproximadamente 2.6 veces más tiempo que los hombres a las tareas de cuidar a niños y niñas, enfermos, adultos mayores y cuidado del hogar en general” (Expansión, 13 de abril, 2020), en esta crisis sanitaria, este tiempo se ha incrementado.

Por ello, no es de extrañar que con esta crisis sanitaria sean las mujeres y, en particular, aquellas con hijos pequeños y/o con padres o familiares enfermos, quienes están en mayor desventaja. Esta desigualdad hace eco de la disyuntiva a la que se enfrentan las mujeres que optan por la maternidad: tener una carrera exitosa, a la par que los colegas varones y las mujeres sin hijos, o tener una gratificante, pero a veces extenuante, vida familiar con hijos.

Sin duda, la decisión de la maternidad pasa por asumir, temporalmente, ese costo: menor productividad y cierta desventaja en el mercado de trabajo. No obstante, de manera optimista podemos ver que, con el tiempo, estas mujeres podrán retomar sus actividades y alcanzar la misma productividad de aquellas que no tienen hijos o de los varones, pero con el plus de haber cumplido el deseo de tener y criar a sus hijos.

Asimismo, es preciso considerar el sitio privilegiado que ocupamos quienes pertenecemos al sector académico debido a que, si bien es una tarea demandante que requiere tiempo y concentración para hacer investigación y producir conocimiento, lo cierto es que, en comparación con otras ocupaciones, las madres académicas tenemos ciertas ventajas: el trabajo académico y de docencia, en comparación con otros empleos, permite gozar de la crianza de los hijos, debido a la flexibilidad y la autoorganización de la jornada de trabajo.

Tenemos ventaja, por ejemplo, en comparación con aquellas mujeres que trabajan en el sector formal e informal y que deben dejar a sus hijos para ir a trabajar en rígidas jornadas de trabajo. A manera de ejemplo puedo mencionar lo que una enfermera que se dedica al cuidado de ancianos y niños me dijo hace unos días: “qué bueno que usted puede disfrutar a sus hijos pequeños porque pues yo lamento mucho no haber disfrutado a los míos por estar trabajando; ya ve que ahora yo me tengo que quedar con las niñas que cuido toda la semana por esto de la cuarentena y pues tampoco los veo, aunque ya están más grandes”.

Así pues, esta crisis ha evidenciado las distintas desigualdades con las que vivimos cotidianamente de manera particular, la desigualdad de género y la desigualdad socioeconómica; las cuales, en tiempos de “normalidad”, muchas veces se nos pasan inadvertidas. Es importante pues reflexionar y tomar acciones para revertirlas. En la academia una posible acción puede venir a la hora de evaluar, desde las particularidades de cada caso, la productividad de hombres y mujeres.


Referencias

Kitchener, Caroline, “Women academics seem to be submitting fewer papers during coronavirus. ‘Never seen anything like it,’ says one editor”. The Lily, 24 abril 2020, https://www.thelily.com/women-academics-seem-to-be-submitting-fewer-papers-during-coronavirus-never-seen-anything-like-it-says-one-editor/

Expansión, Violencia y desigualdad, el impacto del COVID-19 en la vida de las mujeres, 13 de abril de 2020, https://politica.expansion.mx/sociedad/2020/04/13/violencia-desigualdad-impacto-covid-19-vida-mujeres

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