Pablo González Casanova

Texto leído el 9 de octubre de 2023 en la ceremonia conmemorativa del homenaje al Dr. Pablo González Casanova

Fotografía: Wikimedia Commons

El Dr. Pablo González Casanova fue ante todo un universitario, una persona que realizó su vida ejerciendo los principios universales que sustentan la libertad de saber —conocerlo todo, sin prejuicios, nos dijo siempre— y fundamentan y da sentido al pensamiento moderno: científico y humanista, con el que se edifica todos los días la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El conocimiento científico y el saber humanista creado en nuestra institución es incorporado, a través del diálogo de las redes académicas de la universidad a la diversidad de conocimientos actuantes en la cultura nacional vigente y en la sociedad mexicana dando el contenido racional y científico que deben fundar las políticas públicas y el diseño de las estrategias institucionales y colectivas en la solución de los problemas de la nación.

Los conocimientos producidos en la universidad fortalecen la raíz de las convicciones morales y dan cimientos a los principios éticos que rigen la acción de los ciudadanos y la moral de las colectividades que coexisten y componen la organización social de la UNAM. La búsqueda de la verdad objetiva constituye el principio cognitivo de la ciencia y las humanidades. Buscar la verdad es una posición ética que ejerce quien investiga la realidad.

La integridad moral universitaria es resguardada por la integridad moral de sus miembros, frente a los embates autoritarios y dogmáticos de las fuerzas externas que se pelean el gobierno del Estado Nacional. Frente a ellos, nosotros preservamos nuestra identidad comunitaria y nuestro compromiso con la democracia.

La búsqueda de la verdad como principio cognitivo de la ciencia y las humanidades es en principio una posición ética frente a la realidad social que se investiga, pero es también un principio de vida que rige nuestra conducta posible en la sociedad.

La razón de ser de la universidad es y ha sido la integridad de los universitarios y Don Pablo fue una persona íntegra a lo largo de su vida, defendió la diversidad social y cultural a través de la crítica moderna, fue una defensa científica y ética con la que enfrentó la retórica reduccionista y concluyente de los intereses políticos que establecen la exclusión política y social del otro.

El compromiso individual con el que el intelectual mexicano edificó su vida es la prueba de su consistencia ética privada y su moral pública, mostrando al individuo que decide en cada tiempo su biografía, el compromiso privado y público, que nos muestra a la persona cruzando las etapas de la historia del México contemporáneo, siendo siempre él, sin acomodos, ni arreglos no claros, pero también sin estridencias ni rigideces, con la medida justa frente al evento histórico que tiene enfrente y del cual participa.

Don Pablo —como todos lo conocimos, con el Don de señor en nuestra tradición iberoamericana, deferencia dada a quien se respeta— vivió defendiendo los principios éticos que le dieron sentido a su vida, principios individuales que se amalgamaron con las normas morales que todo proyecto de sociedad requiere, como lo escribió Emile Durkheim, fundador de la sociología. Su participación política fue su lucha por la edificación de una sociedad nueva, una sociedad que rompiera lo establecido y tuviera un proyecto sólido y justo que resuelva las demandas colectivas e individuales sin derivar en el conflicto social y en la represión brutal. Para él, el cambio institucional universitario plantea la necesidad de crear la concepción teórica que articule la trasformación particular de las instituciones universitarias con el cambio histórico que la sociedad mexicana va teniendo.

En su lucha política por actualizar las instituciones académicas, Pablo González Casanova no concedió los principios morales que regían sus funciones y objetivos históricos a favor de un pragmatismo inmediatista que las concede para evitar el conflicto, arreglos a favor de los intereses particulares inmediatos, que en sus relaciones de poder acceden a nuestras instituciones académicas y buscan controlarlas desgranando su integridad universitaria y su unidad de sentido histórico, desagregación institucional producida en el juego de los intereses particulares. Grupos de poder que forman los distintos intereses en la pugna por controlar las instituciones nacionales y de las cuales las universidades son importantes y políticamente significativas como lugares en donde se produce el conocimiento social y científico.

“No es que no sepa hacer las grillas, Ricardo —me dijo un día, cuando era yo su ayudante— es que no se debe hacer”. Ese manejo moralmente doble empieza por ceder los principios éticos de la conducta personal de los directivos y termina por devastar la autoridad moral de la autoridad académica de las instituciones universitarias, termina por borrar la distancia que requiere el mando legítimo, como nos lo mostró Max Weber, mando complementado por su contraparte, la subordinación, como lo confirmó George Simmel.

Las personas que gobiernan deben tener la autoridad moral para conducir las instituciones, pero sobre todo para cambiarlas, para hacerlas de su tiempo como lo hizo González Casanova como director de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales entre 1957 y 1965.

Las instituciones son organizaciones que poseen el poder normativo y jurídico, están formadas por normas morales, culturales y por reglas legales, jurídicas, estas poseen la capacidad reguladora de las colectividades sociales cuya interacción forma la organización social y el gobierno universitario, capacidad de gobierno que sus directivos acreditan a partir de su autoridad individual, prestigio creíble que convence a los universitarios y a la sociedad en su conjunto.

La sustancia de la cultura universitaria es la libertad, es la conciencia de la responsabilidad individual en cada una de sus funciones y por cada uno de sus integrantes, libertad responsable que mantiene el sentido universal de la UNAM.

En 1965, Pablo González Casanova culmina dos procesos importantes de su biografía académica e intelectual: la dirección de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales 1957-1965 y la publicación del libro La democracia en México.

La democracia en México abre un nuevo discurso cognitivo sobre la realidad social y política mexicana, dejando atrás el discurso literario contenido en el ensayo político como el género literario dominante de la tradición intelectual creado para explicar los problemas del gobierno del Estado Nacional mexicano, con una tendencia a analizar las acciones de poder y gobierno basada en las capacidades individuales del gobernante y la fuerza de los grupos que representa y, por lo tanto, a ver los alcances y los límites de acción de gobierno reducida a los gobernantes.

En 1966, la Junta de Gobierno de la UNAM nombra a Pablo González Casanova director del Instituto de Investigaciones Sociales (1966-1970). La democracia en México fue también un sustento intelectual de parte de la agenda temática de los cambios introducidos en el rediseño de las investigaciones del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS).

Entre mayo de 1970 y diciembre de 1972 fue rector de la UNAM, rectorado durante el cual se creó el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), sistema de educación que transforma de manera sustantiva la educación media superior. También crea el Sistema de Universidad Abierta de la UNAM. Siendo Rector se opuso al reconocimiento del sindicato conjunto de empleados y académicos en la UNAM.

En 1965, cuando el libro La democracia en México estaba en los anaqueles de las librerías del país, afuera, en las calles, se inicia el primer movimiento social de los sectores medios urbanos con educación universitaria: los médicos residentes e internos (AMMRI. AC) junto con los especialistas de la Alianza de Médicos Mexicanos (AMM AC) de las instituciones de seguridad social.

Pero también en ese mismo año del 65, en el (PRI) —partido hegemónico del sistema político electoral mexicano y organización de dominación y control social— el licenciado Roberto Madrazo, presidente del Comité Ejecutivo Nacional se enfrentaba a las burocracias sindicales que tenían cuotas fijas en la selección de los candidatos a cargos de elección en su lucha por democratizar al PRI.

Pero en ese mismo año de 1965, en que La democracia en México era comprado por los mexicanos, la más importante editorial en lengua española, el Fondo de Cultura Económica (FCE) y su director Arnaldo Orfila Reynal eran atacados por la organización “paraestatal”, La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadísticas, dirigida por un juez del Tribunal Superior de Justicia del DF por publicar Los Hijos de Sánchez (publicado el 15 de agosto de 1964), texto representativo de la antropología de la pobreza de la Escuela de Chicago. La autoridad judicial pidió la renuncia de Orfila acusándolo de comunista y extranjero. El ataque fue respaldado por el presidente Gustavo Diaz Ordaz que enfrentó la respuesta de los intelectuales en la defensa de la libertad de imprenta y el respeto al análisis científico de la realidad social mexicana, batalla por la libertad que culmina en la formación de Siglo XXI Editores.

En ese evento de lucha por la libertad también estuvo Pablo González Casanova junto con los demás intelectuales y científicos en la batalla por el conocimiento objetivo creado por las ciencias sociales y en la batalla por la libertad de imprenta. Sí, en 1965 México se abría al mundo que pedía libertad y luchaba por la justicia y la democracia.

Ricardo Pozas Horcasitas
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Doctor en Estudios Latinoamericano por la UNAM y doctor en sociología política por la Escuela de Altos Estudios de Paris, ex becario de la fundación John Guggenheim, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y ex director del mismo instituto, exsecretario del Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO), de la Academia Mexicana de Ciencias y emérito del SNI.

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