Las emociones, una dimensión del estudio de la realidad mexicana

Especialistas discuten el papel de las emociones en la sociedad

 

 

Ciudad de México, 26 de mayo de 2016.- Como parte del ciclo Temas Actuales de la Sociedad Mexicana, se llevó a cabo la mesa redonda “¿Qué aportan las emociones a la comprensión de la realidad mexicana?”, coordinada por Marina Ariza, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. En el evento participaron como ponentes Oliva López Sánchez, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala, y Silvia Gutiérrez, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco.

Como introducción, Marina Ariza explicó que, a pesar de que las emociones son una dimensión sustancial de la vida social, han sido dejadas de lado por las ciencias sociales. Nuestra percepción del mundo cruza por las emociones, mediante las cuales nos podemos conocer a nosotros mismos y a los demás en el proceso e interacción. Por esta razón, es necesario quitar los prejuicios que nos impiden verlas como objeto de análisis, aseguró la académica.

En este sentido, Oliva López expuso un análisis de la significación social de las emociones en el contexto de la institucionalización de la psiquiatría en la Ciudad de México del siglo XX. En particular, abordó a la histeria, la epilepsia y el sustrato socio-cultural que conformó su representación en aquella época.

La investigadora encontró que los médicos de la época definieron a la histeria como una enfermedad mental propia de las mujeres, que lindaba con la mentira y la teatralización, con una imaginación desbordada y con un trasfondo sexual. Por su parte, la epilepsia era considerada una enfermedad mental de hombres, resultado de los accidentes craneales provocados por el elevado índice de alcoholismo.

Con estos resultados, la investigadora demostró que la tesis que versa sobre la naturalización de las enfermedades sería incorrecta. En tanto constructo científico, el estudio histórico de la representación de las enfermedades exploraría las diferentes connotaciones con las que las sociedades de distintas épocas definen a las enfermedades.

Por su parte, Silvia Gutiérrez habló sobre las emociones y su papel en los movimientos sociales, en particular sobre el movimiento #YoSoy132. Habló de su importancia para establecer vínculos afectivos entre los miembros de los movimientos y la construcción del sentimiento de pertenencia en lo que ella llamó comunidades emocionales.

Explicó que los movimientos sociales son escenarios en los que las emociones pueden ser deterioradas o reforzadas. Sostuvo que estas se encuentran en todas las etapas de la protesta. Por ser las que motivan a la acción, se generan en la multitud, se expresan retóricamente, y dan forma los objetivos manifiestos de los movimientos.

Según los relatos que encontró sobre #YoSoy132, descubrió que la indignación, el enojo y el hartazgo, el dolor y el miedo fueron los sentimientos ligados a la gestión del movimiento. En la fase de la consolidación, estuvo presente el sentimiento de solidaridad, y en el declive, el sentimiento de desconfianza, desesperanza y traición, que llevó al término del movimiento.

Finalmente, Silvia Gutiérrez destacó que el principal logro del movimiento #YoSoy132 fue la creación de una comunidad emocional en la que sus participantes pudieron recobrar su sentimiento de participación ciudadana y de creación de comunidad, según las declaraciones de sus protagonistas.

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