Desigualdad y vulnerabilidad: problemas de América Latina

“Vas a consumir en calidad y cantidad lo que te tocó en suerte en el nacimiento”: Fernando Filgueira

 

 

Por Edit Mendoza Pérez.

Ciudad de México, 13 de junio de 2016.- Si bien la pobreza ha disminuido también se ha feminizado e infantilizado, afirmó Fernando Filgueira, investigador del CIESU (Uruguay) y CIPPEC (Argentina), durante su participación en el Seminario “Las dimensiones de la desigualdad”, coordinado por Cristina Bayón, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Filgueira, ex Vice-Ministro de Educación de Uruguay, habló acerca de los cuatro factores que influyeron en el descenso de la pobreza entre 1990 y 2010, que fueron; un crecimiento económico conjugado con mejores tasas de empleo e ingresos; una fuerte expansión del gasto social; un efecto demográfico, que se ve reflejado en la disminución de la fecundidad, de la dependencia y del tamaño medio de los hogares; y una leve mejora en los índices de desigualdad.

No obstante, sigue existiendo una gran desproporción en la repartición de la riqueza así como una elevada cantidad de población vulnerable, señaló el investigador. La región de América Latina está envejeciendo pobre y existe una tasa de dependencia alta en un contexto de desigualdad, es decir, el consumo de niños y adultos mayores depende de lo que la familia y el Estado puedan proveer y existe una enorme debilidad de la inversión temprana en los primeros años de vida, aseguró Filgueira.

Los gobiernos de izquierda no están construyendo las bases para terminar con los problemas sociales estructurales de la región, “optan por una política menos orientada a la forja de una nueva coalición distributiva de clases medias y clases populares y más orientada por diferentes políticas para satisfacer a ambos grupos”, aseguró el investigador.

Ante esto, Fernando Filgueira propuso una “configuración virtuosa” para enfrentar estos problemas, la cual se compone de; un descenso de la fecundidad pero no de manera drástica, sino por niveles de reemplazo; una autonomía económica de las mujeres, que si bien se han incorporado al mercado laboral, lo han hecho de manera estratificada y muchas veces trabajan de manera remunerada y no remunerada; y una baja de la pobreza así como procurar una menor pobreza infantil, finalizó el ponente.

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