Elecciones presidenciales 2018, malestar, hartazgo y desconfianza

Material electoral destruido por un grupo de pobladores durante elección en 2015 en Ocosingo, Chiapas. Fotografía: Dimitri della Faille

En 2018 los votantes apoyarán a una persona con cierta afinidad, no a un partido político: Arreola

A pesar de que existe “una preferencia electoral muy consolidada por López Obrador, reflejada en las encuestas formales, ello no significa que ya se sabe quién ganará la presidencia”, afirmó Jacqueline Peschard, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (FCPyS-UNAM ). El miedo se ha generado alrededor de la candidatura de Obrador, a partir de la supuesta afectación en las telecomunicaciones, políticas públicas, entre otras, asimismo se observa el hartazgo y enojo alrededor de los gobiernos del PRI y del PAN que han tenido grandes escándalos de corrupción, señaló la académica.

En el proceso electoral se observa una novedosa forma de hacer coaliciones partidistas en donde “no caben las posiciones radicales y sí la búsqueda de la competencia por el poder público como el centro ideológico. En esta elección presidencial no tenemos ni derecha ni izquierda partidista”, afirmó Álvaro Arreola, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM).

Al respecto, Peschard expresó que las coaliciones “son una respuesta para hacer las elecciones más competitivas” y pese a que éstas chocan desde sus bases ideológicas, están motivadas por la necesidad pragmática de sumar votos a través de esas candidaturas.

Por su parte, José Woldenberg, investigador de la FCPyS-UNAM, sentenció que “esta necesidad de sumar se ha hecho de manera peculiar. En una época en que las identidades políticas están reblandecidas, las ideologías no gravitan como lo hacían en el pasado, y los personalismos van a la alta. No es casual que nos refiramos a las opciones con nombre y apellido, contrario a la identidad y propuestas que antes se identificaban”.

El voto expresa “el apoyo a la persona con la que el votante está de acuerdo, no precisamente apoyando a un partido, sino a aquél en quien puede confiar”, señaló Arreola. No obstante, Woldenberg argumentó que el malestar y hartazgo parte principalmente de cuatro fuentes: la visibilización pública de la corrupción en la política, el miedo existente en la población por la ola de violencia e inseguridad nacional, el precario crecimiento económico que se refleja en la poca oportunidad laboral que tienen actualmente los jóvenes, y “la desigualdad que marca las relaciones sociales en nuestro país”, aseveró el investigador.

En complemento, Raúl Trejo Delarbre, investigador del IIS-UNAM, expresó que respecto a los debates hay una espectacularización a la que somete la televisión y una “suerte de competencia de los conductores para ver quién pone en más aprietos a los candidatos”. En torno a esto, Peschard sentenció que se debe “empujar a los candidatos a poner en el centro las diferencias en términos de oferta política o de propuesta de resolución a los distintos problemas nacionales”, no funcionar para una mutua desaprobación ni ataque.

Estos temas fueron discutidos en la mesa “Competencia y estridencia en el proceso electoral. Un balance a la mitad de las campañas”, coordinada por Raúl Trejo Delarbre, dentro del ciclo “Temas Actuales de la Sociedad Mexicana” que se lleva a cabo en la Casa de las Humanidades de la UNAM.


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