Crisis: rasgo permanente en el trabajo agrícola migrante

Trabajadores de una finca cafetalera en el Soconusco (2008). Fotografía: Domingo Suarez Torres

Antes de la pandemia, los migrantes guatemaltecos que trabajan en el Soconusco enfrentaron diversas crisis


La precariedad y vulnerabilidad de los trabajadores migrantes latinoamericanos son características preexistentes a la crisis por el COVID-19, mencionó Jorge Pantaleón, académico de la Universidad de Montreal, quien, junto con Guadalupe Escalante, académica de la Universidad de Ottawa, han estudiado los medios de comunicación canadienses en búsqueda de noticias que hablen sobre la condición laboral de los trabajadores temporales agrícolas mexicanos y guatemaltecos.

Los medios canadienses y las crisis sanitarias

Este estudio lo han realizado en dos periodos; el primero de 2010 al 2011 durante la crisis sanitaria por la gripa A (H1N1); y el segundo de 2020 al 2021 durante la crisis sanitaria por el COVID-19.

La hipótesis central de la investigación fue que las crisis funcionan como un dispositivo que permite que el discurso mediático evolucione, de una representación mayoritariamente instrumentalista de los trabajadores, hacia una matizada a sus derechos, añadió el investigador.

Durante el periodo de 2010 a 2011, la cobertura mediática se enfocó en tres eventos; la crisis sanitaria de la gripa A (H1N1); la luz verde que se dio a la sindicalización de los trabajadores agrícolas en Quebec; y las denuncias de los trabajadores temporales agrícolas guatemaltecos frente a la discriminación salarial en Quebec, en comparación con los trabajadores mexicanos, explicó Guadalupe Escalante.

En cambio, durante el periodo de 2020 a 2021 las noticias se enfocaron en; el hecho de que el gobierno federal declaró a los trabajadores agrícolas como “trabajadores esenciales”; y el lanzamiento por parte del gobierno provincial de Quebec de la campaña J’y vais sur le champ! Destinada a reclutar trabajadores locales para la labor agrícola.
En esta ocasión, por primera vez los medios de comunicación fueron al campo para darle seguimiento a la noticia, una oportunidad única para ver como los medios tratan la presencia de trabajadores locales en el campo, agregó Escalante.

Aunque hay una diferencia de diez años entre ambos periodos, los investigadores identificaron tres narrativas similares construidas a partir de diferentes temáticas. La primera consiste en que, mientras que en el periodo 2010-2011 en los medios se retrataba que los trabajadores temporales ganaban más en Canadá que en su país de origen, en el 2020-2021 la mirada hacia el trabajador se complejizó, ya que los medios de comunicación salieron al campo, la narrativa entonces se tornó en la comparación de los trabajadores canadienses contra los trabajadores latinoamericanos bajo tres elementos, la fuerza física, la rapidez y la productividad. Bajo estos tres rubros el trabajador latinoamericano sobresale en comparación al canadiense.

La segunda narrativa consiste en que, aunque en el 2010-2011 la crisis por la influenza no fue una crisis global, representó una crisis de afluencia de trabajadores mexicanos. En 2020-2021 los trabajadores temporales agrícolas pasaron de ser considerados necesarios a esenciales, comentó la académica.

El tercer discurso se enfoca en retratar a los migrantes como víctimas del programa de trabajadores temporales y de sus empleadores. Mientras en el 2010-2011 eran víctimas de la discriminación salarial, de las horas de trabajo (en algunos casos más de 80 horas a la semana), de los costos de vivienda y los espacios de alojamientos reducidos, de la baja movilidad, de la barrera lingüística, de la precariedad en salud y del miedo a las represalias (como la deportación, o exclusión del programa), en el 2020-2021 las irregularidades aumentaron, explicó Escalante.

Trabajadores migrantes en la frontera sur

Los trabajadores migrantes que viajan de Guatemala a Chiapas laboran en las plantaciones agroexportadoras del Soconusco, donde se procesa el café, el plátano y la caña de azúcar, explicó Carolina Rivera Farfán, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, unidad Sureste.

Desde finales del siglo XIX, debido a la expansión de capital extranjero en la economía cafetalera, los trabajadores procedentes de Guatemala han encontrado empleo en algunos estados de la frontera sur, señaló la académica.

Existen tres modalidades en los trabajos que vienen a realizar. La primera consiste en una migración temporal de trabajadores que no cambian su residencia habitual y regresan a las localidades de origen, quienes regularmente trabajan en las plantaciones de café y caña de azúcar.

La segunda es una migración circular, de trabajadores que van y vienen en reiteradas ocasiones, regularmente trabajan en la construcción, comercio y servicios, plantaciones de papaya o quienes realizan trabajo por su propia cuenta. Y la tercera consiste en una movilidad diaria, en la que las personas siguen viviendo en su localidad de origen pero trabajan en localidades vecinas, en plantaciones de plátano o venta ambulante.

El perfil del trabajador guatemalteco en Chiapas se caracteriza por una baja escolaridad, su edad oscila entre 15 y 29 años y entre 30 y 49 años, mayoritariamente son hombres que trabajan por un salario bajísimo, señaló Rivera Farfán.

Cuando llegó a esta región el COVID-19, no había condiciones para enfrentar la pandemia, pero, al ser un trabajo considerado esencial, todo siguió igual. Aunque la Secretaria de Trabajo y Previsión Social junto con la Secretaría de Salud desarrollaron una guía para mitigar riesgos, su estrategia de sana distancia y aislamiento no son fáciles de implementar en el contexto agrícola, expresó la académica.

Para los trabajadores de esta zona siempre ha habido crisis, ahora se llama COVID, pero antes se llamaba crisis migratoria, huracanes, plagas. En el campo siempre hay crisis y el COVID para ellos es otra crisis que también van a sortear, concluyó Rivera.

Estas conferencias se llevó a cabo el 23 de septiembre de 2021, en el marco del Seminario Permanente Interinstitucional Movilidades en contextos migratorios, coordinado por; Delphine Prunier y Bruno Miranda, investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; por Hiroko Asakura, Magdalena Barros, Laurent Faret y Patricia Torres, investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Sociales de la Ciudad de México; y por Alejandra Díaz de León y Liliana Rivera Sánchez, académicas del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.


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