¿Tiene alguna utilidad escribir sobre el hambre?

* Todo lo que conocemos sobre el hambre es representación: Sefchovich

Ciudad de México, 17 de noviembre de 2017.- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que 815 millones de personas pasan hambre en el mundo. Respecto a la población infantil, cada año siete millones de niños mueren por hambre o desnutrición, asimismo, esta organización calcula que cada cuatro segundos una persona muere de hambre en el mundo, afirmó Sara Sefchovich, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM).

Durante su participación en el seminario Cultura y Representaciones Sociales, coordinado por Gilberto Giménez, investigador del IIS-UNAM, y Jorge A. González, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Sefchovich señaló que, si bien estas cifras o textos duros pueden impresionarnos, no nos dicen muchas cosas ya que los datos no logran cambios, las demasiadas pruebas fatigan la verdad. En este sentido, para comprender el problema del hambre también se puede recurrir a los textos que elaboran una interpretación, como la crónica o la novela, señaló la investigadora.

En los textos blandos encontramos elementos para entender que el hambre no es una calamidad con orígenes en la naturaleza, sino en decisiones económicas y políticas. Las crónicas y novelas sobre el hambre muestran que el ser humano es el generador de este problema, que el mundo está organizado de manera que algunos acumulan mientras a otros les falta, afirmó Sefchovich.

Sin embargo, a pesar de que los textos blandos se pegan a la piel mucho mas fácil que los datos, al mismo tiempo pueden pasar como ficción, porque son literatura. El que no tiene hambre no puede sentir lo que siente el hambriento, podemos sentir empatía pero no podemos vivir el sufrimiento ajeno, señaló la académica y escritora.

Por tanto, se puede afirmar que todo lo que conocemos sobre el hambre es representación, los que estudian el hambre no la sufren y quienes la sufren no la estudian. Frente este dilema que cuestiona la utilidad de los textos blandos, Sefchovich afirmó que contar el sufrimiento hace conscientes a los demás, obliga a no dejar pasar por alto el problema y exigir un cambio.

Es posible paliar el dolor contándoselo a alguien, aseveró la investigadora, y reiteró que, recoger la voz de los que sufre permite dar a conocer el sufrimiento, pero también funciona como una forma de reparación.


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Fotografía de portada: Jorge Pacheco

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