La biomedicina regula la sexualidad

Fotografía: Marco Verch

Los cuerpos serodiscordantes son considerados precarios y abyectos por el dispositivo biomédico


Para entender cómo se imbrican los dispositivos de la sexualidad y el biomédico en la construcción y la atención del VIH y la serodiscordancia en la Ciudad de México, César Torres, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, realizó un trabajo etnográfico durante 7 años dónde analizó las dinámicas de parejas serodiscordantes (dónde una persona vive con VIH y la otra no). En total se entrevistó a 16 parejas homosexuales, 4 heterosexuales y dos mujeres que viven con VIH y sin pareja pero en algún momento la tuvieron.

El dispositivo biomédico

Desde hace más de tres décadas cuándo apareció el VIH/sida, mostró mayor incidencia en condiciones de vulnerabilidad que se intensifican en grupos sociales como varones con prácticas homoeróticas, indígenas, personas trans y mujeres cisgénero. Esta pandemia ha mantenido una estrecha relación con la biomedicina y sus avances tecnológicos, ya que gracias al avance del tratamiento antirretroviral, el virus se ha dejado de ver como algo mortal, apuntó el académico.

Desde el siglo XVI cuando inicia la era del biopoder, donde la vida se define como un motor del capitalismo y el cuerpo es sólo una máquina a la que se le exige mantenerse viva y reproducirse para poder continuar con el sistema de producción, la sexualidad se ha utilizado como un dispositivo efectivo para controlar a la población mediante instituciones que avalaron las prácticas heterosexuales como un modelo funcional y relegaron a las demás al terreno de las perversiones, confiriendo a ciertos grupos sociales en posiciones de poder sobre otros, explicó Torres.

El dispositivo biomédico, según César Torres, es la red discursiva mediante la cual las sociedades son sometidas a la medicina de vigilancia para ser subjetivadas bajo discursos y prácticas muy específicas de lo saludable y lo patológico. El manejo médico de la sexualidad remodela regímenes de placer, prácticas de penetración continencia e incontinencia.

En este escenario los cuerpos serodiscordantes son producidos como precarios y abyectos. El virus significa marcas de exclusión y fallas respecto a las normas sexuales, profundizó el investigador.

Vivir con el virus

Desde la década del 2000, se enfatizan mensajes de un supuesto triunfalismo de la biomedicina para justificar la intromisión de las industrias farmacéuticas, declaró el académico. Se utiliza evidencia científica para apoyar la idea de que “indetectable es igual a intransmisible” y que una adecuada adherencia al tratamiento antirretroviral y un buen mantenimiento de los linfocitos cd4 disminuye la probabilidad de transmitir el virus, señaló el académico.

La información biomédica ha sido crucial para resignificar el virus y la experiencia de la serodiscordancia. Cuando se experimentan vínculos erótico afectivos con diferencia al estado serológico el miedo al contagio está aún presente. Después del diagnóstico pensar en cómo experimentar prácticas sexuales es complicado, se vuelve una preocupación el tipo de prácticas que se pueda tener, la frecuencia y los riesgos inmersos, añadió Torres.

Durante la investigación, algunos/as interlocutoras han interiorizado el discurso biomédico para así considerar que el riesgo puede ser controlado por el uso de antirretrovirales y así mantener cada quién su estado serológico, además de la idea de que el que vive con VIH está bien. En México hay aproximadamente 230,000 personas que viven con el virus y la Ciudad de México es la entidad dónde se han reportado más casos, expresó el académico.

Estas reflexiones se dieron durante el ciclo de conferencias II Ciclo de conferencias sobre desigualdades de género. Género, cuerpo y salud, coordinado por Karina Bárcenas Barajas, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (IIS-UNAM). La actividad se llevó acabo el día 9 de septiembre de 2019 en el Anexo del Auditorio del IIS-UNAM.


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