Entre el Caos y la Banalidad

Por Jorge Camargo Zurita1

Las pasadas elecciones intermedias del 6 de junio mostraron que ni Morena ni el Presidente de la República tienen un modelo de comunicación política consolidado y no supieron acercarse al electorado porque no son claros los linderos entre su base electoral y los electores cautivos.

He venido sosteniendo que la operación interna de Morena del proceso electoral se basó sobre las viejas estructuras priistas de quienes abandonaron al PRI para sumarse al movimiento de Morena desde 2018.

Morena creció tan rápido en votación gracias al efecto López Obrador que era imposible construir toda una estructura electoral para las pasadas elecciones, por lo que echaron mano de lo ya conocido.

Sin embargo, esto será lo más significativo que veremos en la consolidación de Morena como un partido político, porque a la fecha es más un movimiento que un instituto con procesos internos y estructuras que hagan transitar los procedimientos de elección de candidatos, etc.

Morena, sin duda, será heredado por esos priistas que lograron desplazar a una militancia proveniente de la izquierda. Con ello, queda claro que este partido será el nuevo PRI y el viejo, que contendió con la Alianza Va por México, se irá transformando en un partido más cargado a la izquierda, acercándose a una frontera difusa con el movimiento lopezobradorista.

Una revisión de los contenidos de los mensajes de los contendientes de Morena a las prinicpales gubernaturas, permite constatar que hubo dos momentos desarticulados. El primero construido sobre la misma estrategia utilizada por López Obrador en su última campaña electoral, basado en el combate a la corrupción, los saldos negativos de las administraciones anteriores en materia de pobreza, salud y acceso a la educación; sin embargo, invisibilizaron el desastre en el combate al narcotráfico, los homicidios y femenicidios en sus territorios.

El segundo momento se produce justo 15 días antes de las elecciones, cuando los candidatos comenzaron a utilizar en promocionales la “silueta” de AMLO y el “YSQ”, invocando los progresos del gobierno federal. Este conjunto de acciones coincide con una mayor intromisión del Presidente López Obrador en el proceso electoral, hablando del “indebido uso de programas sociales de otros aspirantes”.

López Obrador se metió de lleno a los procesos en Nuevo León y Tamaulipas -aunque en estas últimas elecciones sólo se renovó el congreso y las presidencias municipales. Pero utilizó los casos del juicio político al gobernador Franciso García Cabeza de Vaca para plantarse desde la conferencia matutina cotidiana.

Por las encuestas del proceso electoral, vemos un voto en contra de los gobiernos estatales del PRI, PAN y PRD de una manera muy similar a lo ocurrido en la elección presidencial, de lo que se podría concluir que el voto en favor de Morena se traduce en una oportunidad para ver si es posible el cambio.

Eso podemos contrastarlo con el caso de la Ciudad de México, en la que los ciudadanos le quitaron a Morena el reducto que constituía la capital del país y la mayoría en el congreso local, por dos presupuestos:

El primero, es que los gobiernos de Morena son muy malos administradores, no producen políticas públicas y los esquemas de corrupción se mantuvieron intocados. Personalmente sostengo que este movimiento no es un representante de la izquierda, es más un movimiento de centro dominado por la ideología priísta bajada desde Palacio Nacional. Incluso a veces denotando un sesgo conservador.

El segundo, la polarización del Presidente hacia la clase media pegó directo en el corazón de la CDMX, y dicho sector pareció enviar un mensaje de que Morena había tenido ya su oportunidad. El perder la delegación Cuauhtémoc envió una durísima señal, puesto que dejar fuera a los candidatos de Ricardo Monreal y privilegiar la alianza Bejarano-Padierna, además de conflictuarse con quienes lideran al comercio ambulante, dividió y debilitó a dicho movimiento.

No es una nimiedad el que López Obrador hablara de traidores. Puesto que en la carrera para sucederlo, hay por lo menos dos descarrilados y uno que ya no irá a desayunar a Palacio Nacional.

A manera de conclusión, no hubo una estrategia de comunicación política. El gobierno y Morena comunican mal, recayendo todo el peso de la comunicación en el Presidente quien confronta, insulta y amenaza.

Querer ver como un triunfo el haber ganado 11 gubernaturas tiene sus asegunes, porque las y los nuevos gobernadores deberán lidiar con la presencia impune del narcotráfico, su violencia, los homicidios y los feminicidios. Y ahí sólo puede haber un responsable: Andrés Manuel López Obrador y su sospechosa omisión de combatir a la mafia del narcotráfico.

Distorsión de la Comunicación

Podríamos bien decir que a lo largo de este proceso electoral vimos la distorsión de la comunicación política expresada mediante las redes sociales, desde una perspectiva en la que los candidatos buscaban “enganchar” a los electores con mensajes verdaderamente absurdos.

Sin embargo, la hipótesis es que nadie logró construir un mensaje coherente porque no había bases ni plataforma electoral para realizarlos; inclusive desde la misma presidencia no existe un modelo sólido. Lo que hay es caótico y contradictorio.

Entonces nunca importó hablar de plataformas o propuestas, sino solo de ser visibles para el electorado fuera como fuera, sin importar la banalidad de la comunicación.

Y por lo que respecta a la Alianza Va por México la estrategia se concentró más en el trabajo de campo y el uso de redes sociales para contrastar al lopezobradorismo. El caso de Samuel García y Movimiento Ciudadano merece mención aparte, debido a que el mayor porcentaje de recursos se trasladó a campañas digitales, pero a reserva de un análisis profundo de los sentimientos generados en las redes, estaba claro que Nuevo León votaría por una propuesta distinta, como lo hizo por Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”.


1 Director de Asuntos Públicos de Weber Shandwick de la empresa global de consultoría. Experto en diseño de estrategias de comunicación política, crisis y construcción de reputación. Columnista del diario Excélsior y Animal Político.

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