{"id":16733,"date":"2020-06-08T17:35:35","date_gmt":"2020-06-08T22:35:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/?p=16733"},"modified":"2020-06-08T17:36:23","modified_gmt":"2020-06-08T22:36:23","slug":"la-epidemia-de-influenza-espanola-en-mexico-1918","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/la-epidemia-de-influenza-espanola-en-mexico-1918\/","title":{"rendered":"La epidemia de influenza espa\u00f1ola en M\u00e9xico: 1918"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-very-light-gray-background-color\">Publicado originalmente en <em>20\/10 Memoria de las revoluciones en M\u00e9xico<\/em>. No. 2 septiembre-noviembre 2008<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"891\" src=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/influenza-espa\u00f1ola-1024x891.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-16761\" srcset=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/influenza-espa\u00f1ola-1024x891.jpg 1024w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/influenza-espa\u00f1ola-300x261.jpg 300w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/influenza-espa\u00f1ola-768x668.jpg 768w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/influenza-espa\u00f1ola.jpg 1229w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Entre las acciones tomadas pata erradicar la epidemia se llevaron a cabo campa\u00f1as de higiene y vacunaci\u00f3n. Campa\u00f1a de vacunaci\u00f3n, ca. 1918. \u00a9 89937 SINAFO, Conaculta, INAH.<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Un d\u00eda, como a las tres de la tarde, corri\u00f3 la voz en la casa: &#8220;ah\u00ed viene la brigada de enfermeras&#8221;. Yo ten\u00eda la cabeza amarrada y una cobija, pronto me quit\u00e9 la garra y le tir\u00e9 la cobija, me dobl\u00e9 las mangas de la camisa y me par\u00e9, pero siempre recargado en la pared y empec\u00e9 a querer chiflar, pero todo lo hab\u00eda hecho para que no me dieran las pastillas de la muerte (las pastillas que daban las enfermeras, eran para que se muriera la gente), afortunadamente no entraron a la casa, se me quit\u00f3 el susto\u2026 <\/p><cite>Arcadio Rico de la Cruz, Algunos recuerdos de la influenza espa\u00f1ola de 1918.<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\">Casi al t\u00e9rmino de la primera guerra mundial se desat\u00f3 en los Estados Unidos una de las m\u00e1s implacables epidemias que se hayan conocido. Los pat\u00f3logos la llamaron pandemia, es decir, una epidemia extendida por todo el mundo. Una vez que brot\u00f3, se difundi\u00f3 con celeridad extraordinaria por el globo terr\u00e1queo. Sus mejores agentes transmisores fueron los vientos, las corrientes a\u00e9reas y mar\u00edtimas. Gracias a ellas la peste le dio la vuelta al planeta en cuesti\u00f3n de horas, atacando poblaciones enteras, caravanas en pleno desierto, aldeas esquimales ubicadas en el polo norte y aun barcos en alta mar. Apareci\u00f3 simult\u00e1neamente en \u00c1frica, Am\u00e9rica del Sur, Labrador y los Mares del Sur. Algunas aldeas esquimales de Alaska perdieron la totalidad de su poblaci\u00f3n adulta. En 1927 el bacteri\u00f3logo Edwin Oakes Jord\u00e1n public\u00f3 su estudio Epidemic Influenza en el que afirmaba algo escalofriante: que las defunciones causadas por la influenza hab\u00edan ascendido a 21 642 283.<sup>1<\/sup> De estas muertes, casi 16 millones ocurrieron en Asia; m\u00e1s de dos millones en Europa; 1 mill\u00f3n 300 mil en \u00c1frica, y m\u00e1s de un mill\u00f3n en Norteam\u00e9rica. El total excedi\u00f3 en dos millones al n\u00famero de v\u00edctimas, tanto militares como civiles, causadas por las dos guerras mundiales. La epidemia dur\u00f3 tres meses: septiembre, octubre y noviembre. A nivel m\u00e1s espec\u00edfico, la peste caus\u00f3 la muerte de 548 452 personas en los Estados Unidos, tanto civiles como militares, medio mill\u00f3n de mexicanos y 44 mil canadienses. Edwin Oakes Jord\u00e1n no public\u00f3 datos de lo ocurrido en la parte centro y sur del continente americano pero no existen indicios de que las cosas hayan sido mejores. En cuanto al continente europeo, en Dinamarca y en Islandia la epidemia seg\u00f3 la vida de 12 374 personas; en Suiza el total ascendi\u00f3 a 23 274; en Italia la peste mat\u00f3 a m\u00e1s de 350 mil; en Espa\u00f1a a 170 mil; en Francia a 166 mil, y en Alemania a 300 mil. Habr\u00eda que agregar 200 mil ingleses, m\u00e1s 19 mil escoceses y 18 400 irlandeses. Seg\u00fan las autoridades holandesas, el n\u00famero de muertos por la influenza en las Indias Occidentales ascendi\u00f3 a 750 mil. Pero donde la peste adquiri\u00f3 caracteres alarmantes fue en el continente asi\u00e1tico. Hasta hoy nadie se ha atrevido a calcular cu\u00e1ntas personas murieron en China, aunque se piensa que ah\u00ed la influenza caus\u00f3 menos estragos que en la India, en donde perdieron la vida 8 millones y medio de personas; en Rusia se estima que murieron 450 mil personas y en el Jap\u00f3n, 250 mil. A juicio de Georges H. Werner, Australia fue el \u00fanico continente que permaneci\u00f3 inmune.<sup>2<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Sobre su lugar de origen existen versiones contradictorias. Algunas indican que apareci\u00f3 en los Estados Unidos, justo en los campamentos de instrucci\u00f3n militar. Otros indican que apareci\u00f3 en las filas de los ej\u00e9rcitos aliados cuando se demolieron las \u00faltimas defensas alemanas. En los Estados Unidos gente alarmista insinu\u00f3 que se trataba de una brutal guerra bacteriol\u00f3gica cuyos g\u00e9rmenes fueron llevados por agentes alemanes en submarinos. La tesis no se sostiene puesto que, de ser cierta, los propios alemanes se habr\u00edan hecho el haraquiri. Pruebas: 300 mil de ellos tambi\u00e9n murieron v\u00edctimas de la influenza. Tambi\u00e9n existen versiones de que provino de Espa\u00f1a, pa\u00eds que sufri\u00f3 una seria epidemia de influenza en la primavera de 1918. De ah\u00ed que la enfermedad llegara a ser conocida como la influenza espa\u00f1ola.<sup>3<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La influenza espa\u00f1ola en M\u00e9xico<\/h2>\n\n\n\n<p>Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Navarro afirma que durante el Porfiriato llegaron a M\u00e9xico las seis enfermedades de &#8220;cuarentena&#8221;: el c\u00f3lera, la peste bub\u00f3nica, la fiebre amarilla, la viruela, el tifo y la fiebre recurrente. Agrega que la pol\u00edtica sanitaria porfirista se distingui\u00f3 especialmente en la lucha contra las epidemias provenientes del exterior. Ya en la etapa revolucionaria, contra el tifo, la viruela y el paludismo.<sup>4<\/sup> De alguna forma, las cosas se complicaron con el estallido de la revoluci\u00f3n de 1910. A partir del llamamiento de Francisco I. Madero para levantarse en armas y derrocar al dictador, la poblaci\u00f3n empez\u00f3 a salir de su letargo y a desplazarse. El estallido de la Decena Tr\u00e1gica en febrero de 1913 origin\u00f3 la formaci\u00f3n de ej\u00e9rcitos numerosos. No s\u00f3lo el federal sino tambi\u00e9n los carrancistas, villistas, obregonistas, gonzalistas, entre otros, generando un espect\u00e1culo sui g\u00e9neris. Grandes contingentes de hombres armados se desplazaron de una parte a otra del pa\u00eds. En su peregrinar por el norte, centro y sur del pa\u00eds no siempre hubo cuarteles y lugares adecuados para su alojamiento. De ah\u00ed que el hacinamiento y la falta de higiene fuera de lo m\u00e1s com\u00fan. El tifo, la viruela y las fiebres se diseminaron en los cuarteles, los n\u00facleos urbanos y rurales. La historia ha sido prolija en rese\u00f1ar las batallas en Torre\u00f3n, Durango, Zacatecas, Chihuahua, Celaya y la concentraci\u00f3n de grandes contingentes armados en la ciudad de M\u00e9xico, el puerto de Veracruz, el de Tampico, entre otros. Tanto la poblaci\u00f3n civil como la militar fue v\u00edctima de tales enfermedades y se acostumbr\u00f3 a ellas. Pas\u00f3 a formar parte de su vida diaria el soportarlas y ver c\u00f3mo se alejaban. <\/p>\n\n\n\n<p>Era com\u00fan que Carranza recibiera quejas de funcionarios estatales y locales que le expon\u00edan situaciones desesperadas. En febrero de 1918 el gobernador de Coahuila, Gustavo Espinosa Mireles, le telegrafi\u00f3 alarmado dici\u00e9ndole que diariamente llegaban a su estado cientos de personas procedentes de Nuevo Le\u00f3n, Zacatecas, Durango y San Luis Potos\u00ed en busca de comida, agravando la ya de por s\u00ed severa escasez de granos. En marzo Francisco Murgu\u00eda, de Chihuahua, le comunic\u00f3 que impidi\u00f3 toda la exportaci\u00f3n de granos y ganado a los Estados Unidos porque en su propio estado hab\u00eda escasez. De paso narraba que la patrulla fronteriza norteamericana disparaba contra los mexicanos que trataban de adquirir al norte del Rio Bravo alimentos para sus familias. Otros gobernadores hicieron referencia a condiciones semejantes en sus entidades.<sup>5<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Para completar el cuadro de desolaci\u00f3n, a finales de 1918 y principios de 1919 una desastrosa epidemia de &#8220;influenza espa\u00f1ola&#8221; casi paraliz\u00f3 el pa\u00eds. Y eso s\u00ed resultaba alarmante. Los primeros indicios de que algo raro suced\u00eda se advirtieron en los primeros d\u00edas de octubre de 1918, en los Estados Unidos, justo al finalizar la primera guerra mundial. La influenza se ensa\u00f1aba en suelo estadounidense atacando los campamentos militares en El Paso, Texas. Consciente de su gravedad, el gobierno norteamericano suspendi\u00f3 el env\u00edo de tropas a Europa.<sup>6<\/sup> Como si los problemas internos no fueran suficientes, el 4 de octubre la influenza espa\u00f1ola traspas\u00f3 la frontera y se instal\u00f3 en M\u00e9xico. No obstante las noticias procedentes del exterior, las autoridades civiles y militares cre\u00edan que se trataba de otra de tantas gripes, raz\u00f3n por la cual no hab\u00eda que alarmarse. Un factor adicional entr\u00f3 en juego: el invierno se acercaba y era de lo m\u00e1s natural que las bajas temperaturas provocaran gripes. En realidad, nadie se percat\u00f3 del problema, y las familias tomaron las medidas consabidas. <\/p>\n\n\n\n<p>El 5 de octubre la epidemia invadi\u00f3 parte de Nuevo Le\u00f3n, Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua. En la frontera norte s\u00f3lo respet\u00f3 Sonora y Baja California. Se propag\u00f3 en forma por dem\u00e1s vertiginosa. Pruebas: las cuatro entidades contagiadas abarcaban 27.3 % del territorio nacional. En Chihuahua el problema r\u00e1pidamente se torn\u00f3 grave: el 9 de octubre el hip\u00f3dromo de Ciudad Ju\u00e1rez qued\u00f3 convertido en un hospital.<sup>7<\/sup> Cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde los propios vecinos, alarmados por el crecido n\u00famero de enfermos, hicieron una colecta para crear un lazareto.<sup>8<\/sup> Para mediados de mes, en un periodo de tres d\u00edas aparecieron m\u00e1s de mil enfermos en Chihuahua, de los cuales un porcentaje elevado falleci\u00f3.<sup>9<\/sup> A su vez, el delegado sanitario del puerto de Matamoros se alarm\u00f3 debido a que llegaron enfermos a raudales no tanto por mar sino por tierra procedentes de Laredo y Monterrey. V\u00edctima del p\u00e1nico, exigi\u00f3 a las autoridades de Laredo, Nuevo Laredo y Monterrey que prohibieran viajar a los enfermos, gran parte de los cuales se refugiaba en su feudo.<sup>10<\/sup> Sobra decir que, en cuesti\u00f3n de horas, el n\u00famero de enfermos se multiplic\u00f3. Sus s\u00edntomas: temperatura elevada y cefalalgia, que les afectaban r\u00e1pidamente los pulmones y causaba despu\u00e9s la muerte.&#8221; Entre las primeras v\u00edctimas figuraron los empleados de correos, lo que oblig\u00f3 al cierre de sus oficinas en Coahuila y Nuevo Le\u00f3n. Algo parecido sucedi\u00f3 con el personal de las aduanas y del tel\u00e9grafo en Nuevo Laredo, Tamaulipas, donde m\u00e1s de la mitad de los empleados fue atacada por el mal. Las cosas se tornaron tan alarmantes que las autoridades optaron por cerrar templos, escuelas, teatros y centros de reuni\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Como a las pocas horas de contraer gripe las personas mor\u00edan, surgieron voces que exig\u00edan tomar medidas radicales. El doctor Lorenzo Sep\u00falveda, director general de la Beneficencia, expres\u00f3 que si el mal se generaba en territorio norteamericano, el gobierno mexicano deb\u00eda tomar medidas en\u00e9rgicas: la primera, decretar &#8220;la cuarentena contra los lugares de Estados Unidos invadidos por la epidemia&#8221;; segunda, imponer cordones sanitarios en el pa\u00eds para aislar las zonas infectadas, y tercera, evitar el desplazamiento <em>de trenes y personas entre poblaciones<\/em>.<sup>13<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de lo anterior, propuso la clausura de todos los centros de reuni\u00f3n como cines, teatros, clubes, escuelas, cantinas, pulquer\u00edas y templos. Recomend\u00f3 que en los cuarteles militares se aislara a los enfermos en lugares especiales. Prohibi\u00f3 la circulaci\u00f3n de personas en las calles entre las 11 de la noche y las 4 de la ma\u00f1ana, con la finalidad de barrerlas. Finalmente, exigi\u00f3 que los due\u00f1os de hoteles, directores de colegios y jefes de familia informaran a las autoridades sanitarias de cualquier enfermo de calentura o catarro y prohibi\u00f3 que salieran a la calle. Se advirti\u00f3 que la violaci\u00f3n a estas disposiciones ser\u00eda castigada con una multa de cinco a quinientos pesos, o arresto.<sup>14<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Como la peste avanz\u00f3 en forma casi instant\u00e1nea al centro de la Rep\u00fablica, el 9 de octubre Carranza tuvo que intervenir. Dispuso lo siguiente: la clausura del tr\u00e1fico de trenes y personas entre Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, Tamaulipas, hasta que la peste cediera. Las primeras noticias indicaban que se trataba de la zona neur\u00e1lgica, por la cual la peste penetr\u00f3 a M\u00e9xico. Pero Carranza no se atrevi\u00f3 a suspender la circulaci\u00f3n ferroviaria entre Nuevo Laredo y la ciudad de M\u00e9xico, ni entre otros lugares.<sup>15<\/sup> Dispuso, s\u00ed, la suspensi\u00f3n de las corridas de trenes de pasajeros hacia las poblaciones infectadas, la fumigaci\u00f3n de los carros del ferrocarril e impedir el abordaje de pasajeros sospechosos de tener influenza. Mas no hubo restricci\u00f3n alguna con los trenes de carga. Se permiti\u00f3 su libre tr\u00e1nsito por todo el pa\u00eds, salvo cuando procedieran de lugares infectados, caso en el cual se examinar\u00eda al personal y, si transportaba alg\u00fan enfermo, se impedir\u00eda su desembarque.<sup>16<\/sup> Como se observa, Carranza no lleg\u00f3 al extremo de prohibir la circulaci\u00f3n de los ferrocarriles, tal como lo sugiri\u00f3 el doctor Lorenzo Sep\u00falveda. El gobierno federal consider\u00f3 que paralizar la circulaci\u00f3n de los ferrocarriles en todo el pa\u00eds provocar\u00eda el colapso de la econom\u00eda. Ello se convirti\u00f3 en el factor decisivo. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El entronque ferroviario de Torre\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p>El 9 de octubre la epidemia invadi\u00f3 Torre\u00f3n, Monclova, Cuatro Ci\u00e9negas, Sabinas y Candela.<sup>17<\/sup> Por supuesto que al llegar a Torre\u00f3n, un importante entronque ferroviario, la capital de la Rep\u00fablica qued\u00f3 a su alcance. Como era previsible, las medidas preventivas de nada sirvieron y la gripa se recrudeci\u00f3 atacando por igual a la poblaci\u00f3n civil, a los maquinistas y jefes de estaci\u00f3n. Previendo que el tr\u00e1fico de trenes se suspendiera por falta de personal, la Direcci\u00f3n de Ferrocarriles decidi\u00f3 trasladar trabajadores de otras divisiones, pero la orden no fue acatada. Los empleados se negaron argumentando que pod\u00edan contagiarse y morir.<sup>18<\/sup> Para mediados de octubre el problema se torn\u00f3 angustioso. El presidente municipal de Torre\u00f3n dirigi\u00f3 un telegrama a las autoridades sanitarias de la capital de la Rep\u00fablica se\u00f1alando que la epidemia adquir\u00eda proporciones incontrolables y que casi todos los enfermos mor\u00edan.<sup>19<\/sup> Como me dida preventiva, tambi\u00e9n orden\u00f3 el cierre por siete d\u00edas de teatros, cines, cantinas y toda clase de centros de reuni\u00f3n. Asimismo solicit\u00f3 ayuda a los comerciantes de la localidad para adquirir medicinas en los Estados Unidos con el fin de distribuirlas entre la poblaci\u00f3n. Finalmente, prohibi\u00f3 la entrada de toda clase de personas procedentes de otros lugares infectados. 20 Lo grave del asunto fue que los m\u00e9dicos empezaron a emigrar por temor a contraer la enfermedad, y los enfermos quedaron abandonados. 21 <\/p>\n\n\n\n<p>A causa de la letalidad de la gripe, la actividad econ\u00f3mica se detuvo en distintas partes del pa\u00eds. Se decidi\u00f3 el cierre temporal de minas, la suspensi\u00f3n de trabajos en las v\u00edas f\u00e9rreas, la paralizaci\u00f3n de las labores en haciendas y ranchos. Se sabe que la influenza atac\u00f3 a los trabajadores del ferrocarril de Cuatro Ci\u00e9negas a Sierra Mojada, Coahuila, raz\u00f3n por la que se suspendi\u00f3 el tendido de v\u00edas en varios tramos. 22 Al mismo tiempo, en dos minas de Guanajuato \u2014La Providencia y San Juan de Luz y Anexas\u2014 cundi\u00f3 la alarma entre los trabajadores, ya que un terci\u00f3 de ellos cay\u00f3 v\u00edctima del terrible mal. 23 En forma paralela se suspendieron las labores en las minas de carb\u00f3n La Agujita y La Rosita, cercanas a Sabinas, Coahuila, que abastec\u00edan de combustible a los ferrocarriles. Al recabar informes sobre la magnitud del problema, la Direcci\u00f3n de Ferrocarriles se enter\u00f3 que entre dos mil y tres mil mineros de las fundiciones y minerales estaban enfermos de influenza. El problema se volvi\u00f3 cr\u00edtico debido a que las citadas minas suministraban cerca de treinta mil toneladas mensuales del combustible utilizado por los ferrocarriles de las divisiones de Piedras Negras a Saltillo, de Monterrey a Matamoros, de Monterrey a Torre\u00f3n, y otras m\u00e1s. 24 Como no pod\u00eda faltar carb\u00f3n de manera indefinida, las autoridades incautaron todo el carb\u00f3n mineral que estaba en poder del comercio con la promesa de devolverlo posteriormente. 25 <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hacia el centro de la Rep\u00fablica<\/h2>\n\n\n\n<p>Una semana despu\u00e9s de su aparici\u00f3n en la frontera norte, la influenza lleg\u00f3 al coraz\u00f3n de la Rep\u00fablica, y desde un principio su impacto fue devastador. \u00bfC\u00f3mo es que lleg\u00f3? Es dif\u00edcil encontrar una respuesta y un culpable. El gobierno no tom\u00f3 las medidas preventivas deseables en una ciudad que registraba un gran movimiento, no s\u00f3lo de personas sino de trenes que flu\u00edan en todas direcciones.<sup>26<\/sup> El Distrito Federal se caracterizaba por una multitud de vecindades donde una gran cantidad de personas viv\u00eda en p\u00e9simas condiciones.<sup>27<\/sup> Al poco de llegar a la capital de la Rep\u00fablica, penetr\u00f3 en 78 los cuarteles, en la penitenciar\u00eda y en los orfanatorios, entre otros lugares. <\/p>\n\n\n\n<p>Las autoridades sanitarias dictaron las medidas tradicionalmente aplicadas para hacer frente a cualquier clase de epidemia: aseo personal, barrido y regado de calles, quema de ropa vieja y sucia, desinfectaci\u00f3n de casas, locales, cines, teatros e iglesias, e incluso de los tranv\u00edas y el ferrocarril, al considerarse que eran los agentes transmisores. El Ayuntamiento de la ciudad de M\u00e9xico recomend\u00f3 regar las calles con una soluci\u00f3n de creolina cada 24 horas. Asimismo, se recomend\u00f3 reposo a los enfermos y abstenerse de asistir a lugares p\u00fablicos y concurridos.<sup>28<\/sup> Pero hubo otros problemas graves en la ciudad de M\u00e9xico. A los indigentes les dio por poner los ata\u00fades de sus muertos en las banquetas de las calles para que los recogiera la llamada &#8220;Gaveta&#8221; y los trasladara al cementerio. Una de las esquinas que se hizo famosa fue la del Segundo Callej\u00f3n de San Juan de Dios y la calle de la Santa Veracruz. Todas las ma\u00f1anas los vecinos y transe\u00fantes observaban los f\u00e9retros apilados a la orilla de la banqueta en espera de que pasara la Gaveta a las 6 de la tarde. El espect\u00e1culo no dejaba de ser deprimente.<sup>29<\/sup> Por ejemplo, al mediod\u00eda del 27 de octubre, a orillas de la banqueta, se observaron once f\u00e9retros en la calle de la Santa Veracruz. Al ser interrogados los deudos del porqu\u00e9 de esta situaci\u00f3n, contestaron que las autoridades les fijaron este punto para esperar el carro mortuorio que pasaba a las 3 de la tarde. Al ser cuestionados del porqu\u00e9, si el carro f\u00fanebre pasaba a las 3, los depositaban en la calle desde la ma\u00f1ana, su respuesta fue que era preciso &#8220;ganar lugar&#8221;, ya que de otra forma los cad\u00e1veres quedaban otras 24 horas sin ser sepultados.<sup>30<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>En previsi\u00f3n de que la influenza atacara el ej\u00e9rcito, la Secretar\u00eda de Guerra dispuso el aseo e higienizaci\u00f3n de los cuarteles y edificios. En caso de que un brote ocurriera, los altos mandos militares contemplaban suspender el acuartelamiento de la tropa y dejar en las instalaciones s\u00f3lo al personal de vigilancia.<sup>31<\/sup> De todas formas, y al igual que en los Estados Unidos, la influenza prendi\u00f3 en parte del ej\u00e9rcito. El 10 de octubre 34 soldados reci\u00e9n llegados de Torre\u00f3n, concentrados en el cuartel de Villa Guadalupe Hidalgo, fueron v\u00edctimas de la letal enfermedad y al d\u00eda siguiente aparecieron otros 20 enfermos.<sup>32<\/sup> Su temperatura sub\u00eda hasta 41 grados y bajaba a 35, con frecuentes hemorragias por boca y nariz, expectoraciones sanguinolentas, trastornos nerviosos y g\u00e1stricos. Los enfermos no fueron llevados al Hospital Militar porque estaba saturado.<sup>33<\/sup> A lo anterior habr\u00eda que agregar que varios de los miembros de la guarnici\u00f3n del puerto de Veracruz resultaron atacados por la peste, raz\u00f3n por la que la Secretar\u00eda de Guerra envi\u00f3 un tren cargado de medicinas destinadas al Hospital Militar.<sup>34<\/sup> Para el 22 de octubre el coronel Carlos Tejeda, de la guarnici\u00f3n de Amecameca, report\u00f3 que 39 elementos a su mando, incluido el m\u00e9dico, estaban enfermos.<sup>35<\/sup> Dos d\u00edas despu\u00e9s el jefe del Cuartel General del Sur envi\u00f3 un parte al secretario de Guerra y Marina reportando numerosos casos de influenza en varios destacamentos de Morelos, del Estado de M\u00e9xico y otras entidades. Calculaba entre mil quinientos y dos mil los soldados enfermos, previendo un fatal desenlace.<sup>36<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>En la primera quincena de noviembre la carest\u00eda de carb\u00f3n vegetal se hizo palpable en la capital de la Rep\u00fablica. Al indagar sus causas, las autoridades se percataron de que todo se deb\u00eda a que la epidemia estaba causando numerosas v\u00edctimas entre los ind\u00edgenas de las estribaciones del Ajusco dedicados precisamente a producirlo. Algunos testigos afirmaban que muri\u00f3 la mayor parte de los carboneros y que lo m\u00e1s doloroso era que los sobrevivientes no recib\u00edan auxilio y carec\u00edan de m\u00e9dicos y medicinas. Como era com\u00fan que los cad\u00e1veres quedaran insepultos, se tem\u00eda que se convirtieran en la causa de que el mal se propagara. A ello agr\u00e9guese que en aquellos d\u00edas la temperatura descendi\u00f3 en el Valle de M\u00e9xico y se sinti\u00f3 con mayor rigor en las monta\u00f1as inmediatas a la capital de la Rep\u00fablica.<sup>37<\/sup> Al darse cuenta de la situaci\u00f3n, muchas personas emigraron hacia otros lugares para quedar a salvo de la enfermedad.<sup>38<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>A mediados de noviembre de 1918 eran comunes las noticias relativas a que diversos pueblos y rancher\u00edas extendidas desde las goteras de la capital hasta los l\u00edmites del Estado de M\u00e9xico estaban siendo azotados por la epidemia. Personas procedentes de Cuautitl\u00e1n, Tlalnepantla y Teoloyucan aseguraban que en la ciudad de M\u00e9xico el mal era benigno en contraposici\u00f3n con tales lugares, en donde adquir\u00eda perfiles dram\u00e1ticos. Por norma general, los infelices campesinos, enfermos y desvalidos, se met\u00edan en sus chozas rudimentarias convertidas en verdaderas coladeras y el aire les penetraba por todos lados. A causa de esto \u00faltimo, mor\u00edan a los pocos d\u00edas. Un m\u00e9dico que recorri\u00f3 esos lugares asegur\u00f3 haber encontrado infinidad de jacales abandonados y que la muerte extingui\u00f3 por completo a sus habitantes. En los pueblos que rodeaban al municipio de Guadalupe Hidalgo ocurri\u00f3 algo parecido, aunque aqu\u00ed s\u00ed hubo m\u00e9dicos que los atendieran.<sup>39<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Al percatarse de la gravedad de las cosas, la Secretar\u00eda de Guerra destin\u00f3 varias brigadas m\u00e9dicas para acudir a los pueblos y rancher\u00edas del Valle de M\u00e9xico y a la vecina regi\u00f3n monta\u00f1osa, con el resultado de que su acci\u00f3n fue decisiva y la mortalidad se control\u00f3. En esto contribuy\u00f3 el hecho de que, apenas se dieron cuenta, centenares de ind\u00edgenas atacados por la enfermedad se dirigieron en caravana a los campamentos militares solicitando su auxilio.<sup>40<\/sup> En vista de lo apremiante de la situaci\u00f3n, en muchas ocasiones a los m\u00e9dicos militares les result\u00f3 imposible atender a tantos pacientes. De paso, tales brigadas no s\u00f3lo curaban a los enfermos sino que enterraban a los muertos abandonados en aldeas y rancher\u00edas. Esta labor se hizo lo m\u00e1s r\u00e1pido posible para evitar que la descomposici\u00f3n de los cad\u00e1veres contribuyera a propagar la epidemia. <\/p>\n\n\n\n<p>Como hemos visto, para mediados de octubre la influenza hab\u00eda sembrado una oleada de destrucci\u00f3n e innumerables personas hab\u00edan enfermado o muerto. Circulaban cifras y cifras de enfermos y muertos, pero era imposible saber cu\u00e1l de ellas era la verdadera. Por lo dem\u00e1s, la epidemia no hab\u00eda terminado: reci\u00e9n entraba en su fase \u00e1lgida y los focos de infecci\u00f3n se multiplicaron sin que nadie pudiera evitarlo. De acuerdo con la informaci\u00f3n difundida por la prensa, a esas alturas la influenza espa\u00f1ola se hab\u00eda extendido a las siguientes entidades: Sonora, Puebla, Chihuahua, Aguascalientes, Coahuila, Quer\u00e9taro, Nuevo Le\u00f3n, M\u00e9xico, Tamaulipas, Morelos, Durango, Distrito Federal, Zacatecas, Guanajuato y Veracruz. Como se puede ver, se trataba de m\u00e1s de la mitad del territorio nacional.<sup>41<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Penitenciar\u00eda<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero no s\u00f3lo el ej\u00e9rcito, sino tambi\u00e9n los reos recluidos en la penitenciar\u00eda del Distrito Federal fueron v\u00edctimas de la influenza. En la segunda quincena de octubre alrededor de treinta reos enfermos fueron enviados al Hospital General.<sup>42<\/sup> Para los \u00faltimos d\u00edas de octubre resurgi\u00f3 la alarma, puesto que murieron otros cinco reos en el interior del mismo penal. Pero eso no fue todo: en los primeros d\u00edas de noviembre fallecieron cinco enfermos en el Hospital Ju\u00e1rez procedentes de la penitenciar\u00eda. Unos de la cruj\u00eda C y otros de la A, lo que caus\u00f3 gran alarma entre los reclusos.<sup>43<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La vida normal<\/h2>\n\n\n\n<p>En la capital de la Rep\u00fablica la vida sigui\u00f3 su curso normal, y mientras no los atac\u00f3 la influenza sus habitantes apenas se preocuparon. Por las tardes era com\u00fan observar los teatros y cines atestados de espectadores. De todas maneras, el 19 de octubre el doctor Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodr\u00edguez propuso adelantar los ex\u00e1menes para los alumnos de las escuelas primarias del Distrito Federal y cerrar \u00e9stas de inmediato, cosa que aceptaron los concejales Dar\u00edo Rubio y Ram\u00f3n Riveroll. Tambi\u00e9n se acord\u00f3 que, concluidas las funciones nocturnas de los teatros, cines y toda clase de salas de espect\u00e1culos, fueran desinfectados en la inteligencia de que, si la epidemia se agravaba, se clausuraran. La medida fue extensiva para las cantinas ya que se sospechaba que el abuso del alcohol facilitaba el contagio.<sup>44<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>El 20 de octubre se anunci\u00f3 la desaparici\u00f3n de los puestos callejeros instalados sobre las banquetas que vend\u00edan dulces, carnitas y golosinas. La raz\u00f3n: hallarse expuestos a la acci\u00f3n del polvo. Asimismo, los inspectores se encargaron de informar a los due\u00f1os de los puestos de los mercados p\u00fablicos su obligaci\u00f3n de lavarlos y desinfectarlos.<sup>45<\/sup> Para el 27 de octubre el Departamento de Salubridad orden\u00f3 que todos los figones, fondas y cantinas, en los que las aglomeraciones eran habituales, cerraran a las 6 de la tarde. A los restaurantes se les permiti\u00f3 permanecer abiertos hasta las 9 de la noche, siempre y cuando sus propietarios cumplieran con las disposiciones de higiene y no vendieran bebidas embriagantes.<sup>46<\/sup> Pero, a diferencia de otros lugares, en la ciudad de M\u00e9xico no se cerraron los cines ni los teatros. <\/p>\n\n\n\n<p>Los regidores del Ayuntamiento enviaron un oficio a la gerencia de los Tranv\u00edas El\u00e9ctricos indicando lo siguiente: que en sus unidades s\u00f3lo se transportaran los pasajeros necesarios, sin aglomeraciones, y que al concluir sus labores, se desinfectaran.<sup>47<\/sup> A la par, las autoridades municipales contemplaron la posibilidad de dotar las g\u00f3ndolas el\u00e9ctricas con tanques de agua para regar las calles y avenidas. Pero la histeria lleg\u00f3 al extremo de que en algunas casas comerciales y despachos se colocaron grandes letreros con la leyenda: &#8220;No d\u00e9 usted la mano &#8220;<sup>48<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El cierre de la Bas\u00edlica de Guadalupe<\/h2>\n\n\n\n<p>En el municipio de Villa Guadalupe Hidalgo las cosas adquirieron un cuadro alarmante, al grado que el 27 de octubre se cerr\u00f3 la Bas\u00edlica de Guadalupe, los templos e iglesias, teatros, cines y otros centros de reuni\u00f3n, por consider\u00e1rseles focos potenciales de infecci\u00f3n.<sup>49<\/sup> Las autoridades advirtieron que tales lugares ser\u00edan reabiertos hasta que cediera la epidemia. El reportero de Exc\u00e9lsior hizo un recorrido por la hist\u00f3rica villa de Juan Diego y encontr\u00f3 un ambiente sumamente triste. El mercado, extendido desde la explanada de la Bas\u00edlica hasta los portales, estaba solitario. La ex colegiata estaba cerrada al igual que las capillas. Tal parec\u00eda que la gente se hab\u00eda encerrado en sus casas. Sin embargo, no fue en Guadalupe Hidalgo donde la influenza caus\u00f3 mayores estragos. Lo grave ocurri\u00f3 en los pueblos cercanos, ubicados a unos cuantos kil\u00f3metros de la Bas\u00edlica. En ellos la gente se encontraba en las puertas de sus jacales, afirmando que se trataba de un castigo de Dios. Con el semblante <\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>tristemente t\u00edpico de los abor\u00edgenes, esperaban resignados su turno. Adentro estaban los enfermos, los moribundos, afuera estaban ellos ansiando que se abriera la catedral para ir a postrarse de hinojos ante la morena Virgen y pedirle piedad. Muchos lamentaban no poder llevar a cabo sus pr\u00e1cticas fetichistas acostumbradas como recoger el polvo de la iglesia y frotarse la frente y las pantorrillas como una panacea indiscutible para sus males.<sup>50<\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>No obstante la gran devoci\u00f3n que la feligres\u00eda profesaba por la Guadalupana, la Bas\u00edlica permaneci\u00f3 cerrada. Debido a ello, no pocos feligreses se trasladaron a los templos del Distrito Federal para o\u00edr misa, raz\u00f3n por la cual los enfermos se convirtieron en transmisores de la peste.<sup>51<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>El cierre de la Bas\u00edlica dar\u00eda pie a una <em>vendetta<\/em> pol\u00edtica. El presidente municipal de Guadalupe Hidalgo, apellidado Galvan, due\u00f1o de un cine y de un teatro afectados por disposiciones del Departamento de Salubridad, no tard\u00f3 en desquitarse. Ante la inminencia de las elecciones para elegir a su sucesor en la presidencia municipal, le ech\u00f3 la culpa al candidato rival, el doctor Edmundo G. Arag\u00f3n. Durante un mitin, sus partidarios pronunciaron discursos incendiarios, uno de los cuales expres\u00f3: &#8220;que sus enemigos trataban de quitar a los habitantes de la Villa lo \u00fanico que les quedaba, que era su religi\u00f3n y su Virgen de Guadalupe&#8221;. No conformes con provocar esta excitaci\u00f3n, los oradores dijeron que el autor de la idea de cerrar los templos fue el doctor Arag\u00f3n y colocaron en las rejas de la Bas\u00edlica un pizarr\u00f3n en el que se le\u00eda: &#8220;Este templo se clausur\u00f3 por orden del se\u00f1or Edmundo : G. Arag\u00f3n&#8221;.<sup>52<\/sup> A su vez, cuando el presidente municipal era interrogado por los feligreses sobre el cierre de la Bas\u00edlica, respond\u00eda: &#8220;Yo nada tengo que ver, el autor de esto es el se\u00f1or Edmundo G. Arag\u00f3n, que vive en tal parte, vayan y apedreen su casa para que les abra la iglesia&#8221;.<sup>53<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Una comisi\u00f3n integrada por media docena de vendedoras de cera y &#8220;gorditas&#8221;, representantes de 35 comerciantes, acudi\u00f3 al Departamento de Salubridad protestando por la supuesta decisi\u00f3n del se\u00f1or Arag\u00f3n de cerrar la Bas\u00edlica. En resumidas cuentas: solicitaban su reapertura. El doctor Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodr\u00edguez les manifest\u00f3 que la decisi\u00f3n de cerrar los templos fue del Consejo de Salubridad, como se estilaba en los casos en que una epidemia tomaba car\u00e1cter alarmante. Les aclar\u00f3 que el doctor Arag\u00f3n nada hab\u00eda tenido que ver en el asunto. Trat\u00f3 de convencerlas del beneficio que acarreaba tal medida profil\u00e1ctica y ofreci\u00f3 a las mujeres pagarles lo que ganaban mientras los templos estuvieran cerrados, pero las comisionadas no aceptaron. Exigieron la reapertura inmediata de los templos y dijeron que s\u00f3lo bastaba con colocar en sus puertas un aviso se\u00f1alando el supuesto peligro, y que cada quien decidiera si entraba o no.<sup>54<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>En la misma tarde, \u00c1ngel Vivanco envi\u00f3 un ocurso al Departamento de Salubridad se\u00f1alando que la mayor\u00eda de los habitantes de la Villa de Guadalupe viv\u00edan del comercio y sus clientes eran los visitantes de la Bas\u00edlica. En tal virtud, resultaba urgente su reapertura, previo cumplimiento de algunas reglas sanitarias. Su petici\u00f3n fue aceptada de conformidad bajo las siguientes condiciones: la puesta en las puertas de cada iglesia de sendos carteles de dos metros que dijeran: &#8220;Se previene al p\u00fablico que de los centros de reuni\u00f3n, los templos ofrecen mayor peligro de contagio para contraer la influenza&#8221;. En forma complementaria, se acord\u00f3 que las puertas deb\u00edan estar completamente abiertas al igual que las ventanas, de manera que el interior estuviera completamente ventilado. Tambi\u00e9n se destac\u00f3 la obligaci\u00f3n de los responsables de los templos de desinfectarlos diariamente.<sup>55<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Discusi\u00f3n en la C\u00e1mara de Diputados<\/h2>\n\n\n\n<p>El 18 de octubre el doctor Jos\u00e9 Siurob subi\u00f3 a la tribuna en la C\u00e1mara de Diputados para recriminarles a sus colegas la discusi\u00f3n de temas irrelevantes mientras el pa\u00eds estaba atrapado por la influenza espa\u00f1ola. Manifest\u00f3 que la prensa hab\u00eda dado cuenta de que la peste invadi\u00f3 la Rep\u00fablica por la frontera norte, que r\u00e1pidamente gan\u00f3 terreno en el centro y que amenazaba con propagarse hacia el sur. Agreg\u00f3 que la fiebre adquir\u00eda caracteres alarmantes en Torre\u00f3n, Durango, Quer\u00e9taro y Puebla, y no obstante se ignoraba si las autoridades competentes hab\u00edan dictado medidas elementales como la clausura de los centros de reuni\u00f3n y diversi\u00f3n y los templos, a los que concurr\u00edan personas de todas las clases sociales. A juicio de Siurob, hasta el momento exist\u00eda una vasta zona del pa\u00eds que cubr\u00eda Veracruz, los estados del Istmo y Yucat\u00e1n en donde la fiebre no hab\u00eda llegado, y a\u00fan era tiempo de evitarla.<sup>56<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Para convencer a los diputados de que deb\u00edan participar en su combate, Siurob manifest\u00f3 que Carlos Alcocer, un m\u00e9dico bastante conocido en Quer\u00e9taro, hab\u00eda sido atacado por la gripa espa\u00f1ola y que al cabo de ocho horas hab\u00eda perecido; que en Torre\u00f3n, Coahuila, hab\u00eda m\u00e1s de cinco mil enfermos; en G\u00f3mez Palacio toda la poblaci\u00f3n estaba contagiada y por consiguiente eran muchas las defunciones; en San Pedro de las Colonias se registraban 1 400 defunciones por d\u00eda; en Ciudad Lerdo, Durango, y en San Felipe, Guanajuato, ocurr\u00edan entre sesenta y setenta defunciones diarias. Cit\u00f3 que en Puebla, en una familia compuesta de quince individuos, todos fueron atacados y a la postre siete perdieron la vida.<sup>57<\/sup> A continuaci\u00f3n ley\u00f3 una noticia del peri\u00f3dico <em>La Opini\u00f3n<\/em> afirmando que en el puerto de Veracruz la infecci\u00f3n espa\u00f1ola hab\u00eda causado la muerte de los ediles, diputados, jueces, del procurador de Justicia, y en C\u00f3rdoba, estragos semejantes. Al igual que otros, el legislador volvi\u00f3 a llamar la atenci\u00f3n sobre el peligro que se cern\u00eda sobre las filas del ej\u00e9rcito debido a que en los cuarteles no se cumpl\u00edan con las reglas m\u00ednimas de higiene, a lo que se deb\u00eda agregar la falta de instrucci\u00f3n tanto de los jefes como de la tropa para prevenirse contra el mal. <\/p>\n\n\n\n<p>Como primera medida, Siurob propuso formar una comisi\u00f3n de diputados para verificar si el Departamento de Salubridad hab\u00eda tomado las medidas preventivas para combatir la fiebre y, en segundo lugar, averiguar si se dispon\u00eda de los recursos suficientes. De no existir recursos, propuso que la C\u00e1mara decretara un apoyo econ\u00f3mico adicional. A resultas de ello se form\u00f3 una comisi\u00f3n para entrevistarse con las autoridades sanitarias e indagar si se estaba actuando correctamente para combatir el mal. El jefe de Salud P\u00fablica les inform\u00f3 que, apenas se tuvo conocimiento de que la epidemia hab\u00eda aparecido en los Estados Unidos y se hab\u00eda propagado r\u00e1pidamente, se someti\u00f3 a la consideraci\u00f3n del presidente Carranza &#8220;la incomunicaci\u00f3n de nuestra rep\u00fablica con la vecina&#8221;. S\u00f3lo que a Carranza le interesaba la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica y por ende fue imposible suspender el tr\u00e1fico de trenes y de personas.<sup>58<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Alarmado por la situaci\u00f3n, Siurob revivi\u00f3 la tesis de la incomunicaci\u00f3n parcial del pa\u00eds. Expres\u00f3 que ya que no se hab\u00eda podido impedir que la epidemia cruzara la frontera norte del pa\u00eds, y avanzara al centro, a\u00fan pod\u00edan incomunicarse las regiones no contagiadas. Se trataba de una medida extrema y rigorista que pod\u00eda provocar la par\u00e1lisis de la vida econ\u00f3mica y social, pero con su aplicaci\u00f3n se proteger\u00edan regiones enteras del pa\u00eds muy pobladas y muy ricas. Asegur\u00f3 que en Michoac\u00e1n, Guerrero, Jalisco, Yucat\u00e1n, Colima, los estados del Istmo como Chiapas, Oaxaca y Tabasco y el Estado de M\u00e9xico el mal s\u00f3lo hab\u00eda avanzado en forma parcial. Reiter\u00f3 que en la Mesa central, en donde por desgracia ya nada se pod\u00eda hacer, se cerraran todos los centros de diversi\u00f3n, los templos y las iglesias, a donde la feligres\u00eda acud\u00eda a implorar la benevolencia divina, e incluso que se adelantaran los ex\u00e1menes finales en las escuelas para que los ni\u00f1os no asistieran a lugares concurridos. Finalmente pidi\u00f3 a los m\u00e9dicos de la Rep\u00fablica que se sumaran a la cruzada contra la influenza poni\u00e9ndose en contacto con las autoridades estatales y municipales para tratar a los enfermos, aislarlos, recluirlos en lazaretos y rechazar a toda persona ajena a la comunidad sospechosa de tener influenza. En la indignaci\u00f3n plena, culp\u00f3 a las autoridades estatales y municipales de ser las responsables de la propagaci\u00f3n de la epidemia, aunque les dijo que a\u00fan era tiempo de reivindicarse prohibiendo la entrada a su territorio de los trenes que no estuvieran desinfectados. Concluy\u00f3 que si la Direcci\u00f3n de los Ferrocarriles se negaba a cumplir con sus obligaciones, los comit\u00e9s locales de Salubridad pod\u00edan hacerlo, y que s\u00f3lo as\u00ed se proteger\u00edan del terrible mal.<sup>59<\/sup> Como resultado de su presi\u00f3n y la de otros colegas, la C\u00e1mara de Diputados vot\u00f3 en pleno destinar 200 mil pesos para combatir la influenza. Por su parte, el Departamento de Salubridad tom\u00f3 las medidas que estaban a su alcance para desinfectar los trenes que circulaban del norte al centro de la Rep\u00fablica y viceversa e impedir que viajaran las personas con gripe. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Junta Privada de Beneficencia<\/h2>\n\n\n\n<p>Por desgracia, el gobierno no pudo hacer mucho para frenar la influenza. Es m\u00e1s, se dudaba que pudiera hacerlo debido a que reci\u00e9n se sal\u00eda de una revoluci\u00f3n. Por estas razones, en varias partes de la Rep\u00fablica surgieron grupos civiles abocados a reunir recursos para construir lazaretos, comprar medicinas y donarlas a los pobres, incluidas campa\u00f1as de limpieza de calles y hogares. A final de cuentas, en lugares como la ciudad de M\u00e9xico las juntas contribuyeron en forma decisiva a afrontar la peste. En los \u00faltimos d\u00edas de octubre la prensa anunciaba que los &#8220;felices&#8221; (eufemismo para referirse a los ricos o pudientes) estaban interesados en la suerte de la poblaci\u00f3n de la capital. Carlos B. Zetina, ex presidente del Ayuntamiento y por entonces senador de la Rep\u00fablica, convoc\u00f3 a una junta a los potentados de la banca, el comercio y la industria para fundar una Junta Privada de Salubridad.<sup>60<\/sup> Su objetivo: llevar a cabo una campa\u00f1a de saneamiento de la ciudad de M\u00e9xico, comprar medicinas e importarlas de los Estados Unidos para salvar del desastre a una poblaci\u00f3n empobrecida y en el m\u00e1s completo desamparo. El 2 de noviembre se efectu\u00f3 una junta para definir la forma de reunir el dinero necesario y adquirir medicinas y desinfectantes en los Estados Unidos.<sup>61<\/sup> Aclarado el punto, se abord\u00f3 si se distribu\u00edan de forma gratuita a los enfermos o se les vend\u00edan a un precio simb\u00f3lico que pudieran pagar. Pero hubo algo m\u00e1s. Como la epidemia causaba mayores estragos entre los pobres, y su organismo estaba debilitado por la miseria y p\u00e9sima alimentaci\u00f3n, se acord\u00f3 establecer comedores p\u00fablicos gratuitos.<sup>62<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>La Junta Privada reuni\u00f3 r\u00e1pidamente el suficiente dinero para adquirir medicamentos en los Estados Unidos. El 8 de noviembre inici\u00f3 la campa\u00f1a de limpieza por toda la ciudad. Habilit\u00f3 cuatro brigadas de treinta hombres cada una para barrer las principales avenidas de la colonia Rastro Nuevo en direcci\u00f3n al centro de la ciudad de M\u00e9xico. De paso regaron las calles, recogieron la basura y la quemaron. En los d\u00edas siguientes varias cuadrillas de barrenderos limpiaron las calles de la colonia de la Bolsa, la Doctores, Peralvillo, Valle G\u00f3mez, entre otras, las m\u00e1s atacadas por la influenza. Avenidas como la del Trabajo quedaron completamente limpias.<sup>63<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, los agentes del Departamento de Salubridad, encabezados por el doctor Enrique Mart\u00ednez Contreras, visitaron las vecindades para obligar a sus moradores a asear las viviendas y quemar la ropa vieja y sucia.<sup>64<\/sup> Enterados de tal visita, los propietarios de esas vecindades, organizados bajo la raz\u00f3n social Alianza de Propietarios, dijeron que tambi\u00e9n estaban interesados en combatir la epidemia. E.J. Amezcua dirigi\u00f3 una circular a todos sus asociados pidiendo a cada uno una cantidad razonable de dinero para comprar medicinas y repartirlas entre los indigentes. Agreg\u00f3 que las personas interesadas pod\u00edan enviar su aportaci\u00f3n al despacho de la Alianza ubicado en el edificio del Banco de Londres y M\u00e9xico. Pero su iniciativa despert\u00f3 el sarcasmo de los m\u00e9dicos del Departamento de Salubridad, quienes dijeron que en lugar de compadecerse de sus inquilinos, los propietarios deb\u00edan m\u00e1s bien de preocuparse por tener en buenas condiciones las casas que rentaban, puesto que muchas constitu\u00edan verdaderos focos de infecci\u00f3n.<sup>65<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Pero la Beneficencia P\u00fablica fracas\u00f3 en cuanto a la compra y distribuci\u00f3n de medicamentos. La causa: actu\u00f3 a destiempo. Inici\u00f3 su campa\u00f1a a principios de noviembre y, mientras se recog\u00eda el dinero, se hac\u00eda el pedido de medicinas a los Estados Unidos y se realizaban los tr\u00e1mites para su entrada por la frontera norte, la influenza llegaba a su fin. Los medicamentos llegaron a la ciudad de M\u00e9xico a mediados de noviembre, cuando ya las muertes por influenza declinaban. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Toda la Rep\u00fablica invadida<\/h2>\n\n\n\n<p>El 19 de octubre el doctor Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodr\u00edguez, jefe del Departamento de Salubridad, declar\u00f3 que diariamente recib\u00eda centenares de telegramas de toda la Rep\u00fablica pidiendo auxilio pecuniario y medicinas, pero que no se contaba con una cosa ni la otra. Mencion\u00f3 que de Ciudad Gonz\u00e1lez, Guanajuato, lugar donde en las \u00faltimas horas hab\u00eda cundido la peste, se solicitaban quinina y m\u00e9dicos.<sup>66<\/sup> Lo grave era que aqu\u00ed 80% de los vecinos estaban enfermos, las defunciones alcanzaban diariamente el centenar e incluso, con la excepci\u00f3n de uno, todos los m\u00e9dicos hab\u00edan fallecido.<sup>67<\/sup> A estas alturas, la epidemia estaba en su apogeo en Le\u00f3n, Guanajuato, en Tula y Tepeji del R\u00edo, del vecino estado de Hidalgo, y en Morelia, Michoac\u00e1n. En San Luis de la Paz, 90% de la poblaci\u00f3n estaba enferma y todos los miembros del Ayuntamiento local, aun el presidente, hab\u00edan muerto.<sup>68<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Un reportero de <em>El Dem\u00f3crata<\/em> describi\u00f3 la situaci\u00f3n en Dolores Hidalgo, Guanajuato, como la de un verdadero hospital, pero sin m\u00e9dicos ni medicinas. Aseguraba que cinco mil personas eran v\u00edctimas de la influenza y que en los pueblos circunvecinos la situaci\u00f3n era similar: los enfermos estaban abandonados y sin esperanza de recibir ayuda.<sup>69<\/sup> Para finales de octubre los campesinos sol\u00edan llevar los cad\u00e1veres de sus muertos en carros y a lomo de mula desde los ranchos al cementerio de Dolores Hidalgo para darles sepultura. Como en los momentos cr\u00edticos la mortandad result\u00f3 elevada, estos &#8220;medios de transporte&#8221; tambi\u00e9n resultaron insuficientes y muchos muertos se transportaban en simples camillas. Pero eso no fue todo: a los pocos d\u00edas el cementerio de Dolores Hidalgo result\u00f3 insuficiente y las autoridades dispusieron que los muertos fueran sepultados en los mismos ranchos.<sup>70<\/sup> Con base en los datos difundidos por el Departamento de Salubridad, en la segunda quincena de octubre <em>El Dem\u00f3crata<\/em> hizo un c\u00e1lculo de los fallecimientos ocurridos hasta el 24 de octubre. Seg\u00fan ese peri\u00f3dico, fallecieron diariamente entre 1 610 y 1 670 personas en toda la Rep\u00fablica. Pero s\u00f3lo se trataba de un c\u00e1lculo de las defunciones registradas en determinadas ciudades. Veamos:<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-16744\" width=\"409\" height=\"621\" srcset=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c1.jpg 545w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c1-197x300.jpg 197w\" sizes=\"(max-width: 409px) 100vw, 409px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Los datos no inclu\u00edan las muertes ocurridas en los peque\u00f1os poblados, ni en los lugares apartados, de los cuales jam\u00e1s se tuvo informaci\u00f3n. Al hacer una reflexi\u00f3n sobre tales datos ocurre lo siguiente: si se toma como promedio los 1 619 muertos al d\u00eda durante mes y medio, la cifra se elevaba a 72 450 en el periodo. Pero si se toman los 1 670 muertos, se llegaba a las 75 150 v\u00edctimas. A estos datos habr\u00eda que agregar las muertes ocurridas el resto de octubre, todo noviembre y parte de diciembre. Al considerar los tres meses, las cifras se duplican. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Alarma en Puebla<\/h2>\n\n\n\n<p>Apenas arrib\u00f3 la influenza a la ciudad de M\u00e9xico, el gobernador de Puebla, Alfonso Cabrera, se alarm\u00f3 y pidi\u00f3 informes al Departamento de Salubridad acerca de cu\u00e1les eran sus s\u00edntomas y las medidas para combatirla.<sup>71<\/sup> Pero el gobernador no tuvo que esperar mucho tiempo para convencerse de la naturaleza de la peste, pues en la segunda quincena de octubre hizo su aparici\u00f3n en forma alarmante, y a la postre Puebla fue una de las entidades m\u00e1s castigadas. En vista de que la situaci\u00f3n se torn\u00f3 cr\u00edtica, el d\u00eda 18 las autoridades ordenaron el cierre de los cines y de toda clase de locales que ofrec\u00edan espect\u00e1culos y el adelanto de los ex\u00e1menes finales en las escuelas.<sup>72<\/sup> Para el 24 de octubre la epidemia causaba estragos tan graves que resultaron insuficientes los m\u00e9dicos y empleados del Hospital General para atender a los enfermos. Cosa parecida sucedi\u00f3 con los sepultureros de los panteones, quienes tampoco se dieron abasto. Era com\u00fan ver deudos mortificados porque no era posible sepultar a sus muertos.<sup>73<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Hasta estos momentos, con la excepci\u00f3n de algunos jefes de armas, dos diputados federales, dos diputados locales y otras autoridades municipales, no se sab\u00eda que hubieran muerto otras personas prominentes en las esferas del poder y los negocios. Pero eso seguramente aconteci\u00f3 en varias partes del pa\u00eds. Por ejemplo, el 30 de octubre falleci\u00f3 Joaqu\u00edn Ib\u00e1\u00f1ez, un abogado patronal y comerciante, en la ciudad de Puebla; el prominente empresario Alvaro D\u00edaz Rub\u00edn, adem\u00e1s de que su esposa estuvo al borde de la sepultura.<sup>74<\/sup> Tambi\u00e9n muri\u00f3 Ignacio Cardoso S\u00e1nchez de Tagle, a la saz\u00f3n secretario de la C\u00e1mara de Comercio; el espa\u00f1ol Eloy S\u00e1nchez, cajero de la casa D\u00edaz Rub\u00edn; la se\u00f1orita Elena Villar, que pertenec\u00eda a una de las familias de linaje en la capital poblana; Joaqu\u00edn Romano, de la casa Vda. de Gavito, entre otras.<sup>75<\/sup> Para el 11 de noviembre la peste hab\u00eda atacado a una parte del poder judicial. La prensa dijo que: <\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>los funcionarios judiciales han sido verdaderamente perseguidos por la enfermedad y no hay uno que no se encuentre en cama, y la administraci\u00f3n de justicia ha quedado a cargo de los secretarios de los Juzgados. Muchos procesos por este motivo no han podido ser fallados. Varias audiencias para resolver la suerte de los procesados ya para sentencia se han tenido que suspender por falta de jueces y defensores.<sup>76<\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>A semejanza de la capital de la Rep\u00fablica, donde se form\u00f3 una Junta de Beneficencia Privada, en Puebla surgi\u00f3 una Junta Central de Caridad que de inmediato form\u00f3 una brigada para desinfectar la ropa de hoteles, peluquer\u00edas, casas de lenocinio y ba\u00f1os p\u00fablicos. Por su parte, las autoridades recomendaron a los empresarios blanquear y desinfectar sus f\u00e1bricas, e igual medida fue sugerida a los obreros para con sus casas.<sup>77<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Y al igual que en la ciudad de M\u00e9xico, el traslado de los ata\u00fades por las calles, a pie o en tranv\u00eda, rumbo al cementerio gener\u00f3 un espect\u00e1culo l\u00fagubre. En determinado momento, el Ayuntamiento de Puebla pidi\u00f3 a la gerencia de los Tranv\u00edas El\u00e9ctricos poner grandes tablas alrededor de sus unidades para evitar el espect\u00e1culo de recorrer las calles mostrando los ata\u00fades. Tambi\u00e9n se recomend\u00f3 a las funerarias acelerar el traslado de los ata\u00fades a los cementerios para evitar que permanecieran horas y horas en la v\u00eda p\u00fablica.<sup>78<\/sup> A principios de noviembre el Ayuntamiento prohibi\u00f3 entrar a las personas a los cementerios acompa\u00f1ando a sus muertos. Se adujo que, si lo hac\u00edan, al salir esparcir\u00edan millares de microbios por toda la ciudad.<sup>79<\/sup> Un dato que refleja el impacto de la influenza en la ciudad de Puebla es que dos semanas despu\u00e9s del primer brote los orfanatorios recogieron 5 400 ni\u00f1os que se quedaron sin parientes.<sup>80<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan se asent\u00f3 en los libros del Registro Civil, el 31 de octubre se registraron 220 defunciones en la ciudad de Puebla. Pero las cifras s\u00f3lo incluyeron los muertos sepultados aqu\u00ed.<sup>81<\/sup> En cuanto a los que se sepultaron en otras localidades, nada se supo. El diario <em>Exc\u00e9lsior<\/em> afirm\u00f3 que la mortalidad en la municipalidad poblana fue veinte veces superior a la registrada en la capital de la Rep\u00fablica. Para hacer m\u00e1s escalofriante el cuadro, agreg\u00f3 que en ciertos momentos hubo m\u00e1s de un centenar de cad\u00e1veres insepultos en el pante\u00f3n de Agua Azul. La raz\u00f3n: falta de tumbas. Por supuesto que la ciudad estuvo bastante alarmada con motivo del incremento de la epidemia, y a\u00fan faltaba ver lo sucedido en el resto del Estado, ya que la peste estaba lejos de ceder.<sup>82<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>El 11 de noviembre diversas gavillas de zapatistas que operaban al sur de Puebla abandonaron sus refugios y se encaminaron a los poblados inmediatos a Atlixco. A simple vista las filas rebeldes luc\u00edan diezmadas, pues llevaban consigo numerosos caballos sin jinetes; la epidemia los hab\u00eda aniquilado. Una de esas gavillas fue la de los Juzgados. Muchos procesos por este Epigmenio Rodr\u00edguez, famoso por volar trenes y asaltar poblados. El cabecilla lleg\u00f3 a Santa Luc\u00eda con una veintena de hombres en tal estado de desaliento y desesperaci\u00f3n que m\u00e1s que columna guerrillera parec\u00eda un hospital ambulante. Varios de ellos fallecieron a las pocas horas de recibir auxilio m\u00e9dico y los restantes quedaron postrados en cama.<sup>83<\/sup> Por causa de la epidemia, muy pocos de esos rebeldes regresaron a las monta\u00f1as a seguir peleando. En las faldas de los volcanes era com\u00fan encontrar cad\u00e1veres de zapatistas y arenistas abandonados y semidevorados por los buitres. En un recorrido de inspecci\u00f3n, las autoridades recogieron cerca de 28 cad\u00e1veres en dos d\u00edas.<sup>84<\/sup> El 21 de noviembre el jefe de la Divisi\u00f3n Oriente, Cirilo Arenas, orden\u00f3 a sus subalternos hacer una relaci\u00f3n pormenorizada de los jefes, oficiales y elementos de tropa sobrevivientes para saber con cu\u00e1ntos se contaba para futuras operaciones militares.<sup>85<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Michoac\u00e1n<\/h2>\n\n\n\n<p>En otras latitudes las cosas fueron similares. En los primeros d\u00edas de noviembre, en Michoac\u00e1n, la columna de Jos\u00e9 Altamirano, principal lugarteniente de Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda, result\u00f3 contagiada. Uno de los primeros en fallecer fue Macario Silva. No obstante los cuidados y las atenciones, Silva muri\u00f3 en el rancho Pi\u00f1al y fue sepultado en un lugar llamado Guacao. El mismo Altamirano result\u00f3 contagiado y, tan pronto se sinti\u00f3 enfermo, orden\u00f3 a sus hombres dirigirse a Morelia en busca de los mejores doctores, ofreci\u00e9ndoles cincuenta mil pesos en oro con la condici\u00f3n de que lo curaran. Por m\u00e1s esfuerzos que hicieron, ning\u00fan m\u00e9dico se atrevi\u00f3 a correr semejante aventura. Al regresar al campamento, Altamirano ya estaba moribundo y al poco tiempo expir\u00f3.<sup>86<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>En la segunda semana de noviembre el propio Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda, quien se hab\u00eda convertido en el terror de la regi\u00f3n, contrajo la influenza en la Hacienda de M\u00e1rmol, Guanajuato. Sus subalternos lo condujeron en camilla a Penjamillo y luego a Pur\u00e9pero, Michoac\u00e1n. Por cierto que el general Manuel M. Di\u00e9guez lo iba persiguiendo sin saber que el rebelde estaba enfermo e iba en franca retirada. Para despistar a sus perseguidores, antes de llegar a Pur\u00e9pero, sus lugartenientes hicieron dos sepulturas en pleno campo. Cuando los carrancistas llegaron, cavaron y en una de ellas encontraron una caja con la cobija de Jos\u00e9 In\u00e9s y parte de su ropa y en la otra, nada. Finalmente los rebeldes llegaron a Pur\u00e9pero, donde Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda mand\u00f3 llamar a su anciana madre, que se encontraba por el rumbo de Zacapu, a fin de que lo atendiera. Tambi\u00e9n mand\u00f3 emisarios a diferentes partes de Michoac\u00e1n buscando m\u00e9dicos, pero todas sus gestiones resultaron in\u00fatiles. Al comprender que su estado era grave, y que era probable que muriera, llam\u00f3 a un cura para que lo confesara y le diera la extremaunci\u00f3n. Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda pas\u00f3 los \u00faltimos momentos de su vida implorando la piedad divina. Finalmente el 11 de noviembre falleci\u00f3. Muerto el jefe, sus hombres lo amortajaron y, en un tosco f\u00e9retro, lo llevaron al cementerio de Pur\u00e9pero, donde lo sepultaron al son de destempladas trompetas que tocaban una marcha f\u00fanebre. Despu\u00e9s los chavistas se reunieron en el pueblo de Cabr\u00edo, en donde repitieron la marcha f\u00fanebre acompa\u00f1ados de m\u00fasica melanc\u00f3lica. Los lugare\u00f1os aseguraban que, antes de morir, el cabecilla le comunic\u00f3 a su madre el lugar en donde escondi\u00f3 valiosos tesoros consistentes en oro acu\u00f1ado y alhajas obtenidos durante su carrera de bandolero, cuesti\u00f3n que motiv\u00f3 que a la postre la anciana fuera asediada por las autoridades para que revelara el lugar, o bien les entregara las joyas y alhajas.<sup>87<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Guerrero<\/h2>\n\n\n\n<p>La influenza no s\u00f3lo golpe\u00f3 a los rebeldes poblanos y michoacanos, sino tambi\u00e9n a los morelenses. En la segunda semana de noviembre el gobierno carrancista alist\u00f3 una columna de dos mil voluntarios de Taxco, Buenavista y Huitzuco para batir a los zapatistas en su propio terru\u00f1o. Pero desde el inicio, en lugar de toparse con rebeldes, la columna encontr\u00f3 familias completas en chozas humildes y sin el m\u00e1s m\u00edsero alimento. En forma dram\u00e1tica observaron que padres, hijos, hermanos y parientes mor\u00edan sin la menor atenci\u00f3n. Bajo estas condiciones, los medicamentos que cargaban para uso personal los utilizaron para atender a esta gente en m\u00faltiples poblados y rancher\u00edas. Pero lo m\u00e1s grave del caso fue que la mayor parte de la columna gubernamental se contagi\u00f3, y de los dos mil hombres iniciales s\u00f3lo ochenta escaparon sanos y salvos del &#8220;infierno&#8221;. Los sobrevivientes se vieron obligados a auxiliar a sus compa\u00f1eros enfermos para regresar a sus cuarteles. Basados en esta amarga experiencia, los jefes militares expresaron que mientras no terminara la epidemia de influenza ser\u00eda in\u00fatil cualquier campa\u00f1a militar contra los rebeldes, pues exist\u00eda el temor de que cuantas tropas fueran enviadas sufrieran el inevitable contagio.<sup>88<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Morelos<\/h2>\n\n\n\n<p> A prop\u00f3sito de lo que ocurr\u00eda en gran parte del pa\u00eds, la prensa dijo con cierta jactancia que la influenza ejerc\u00eda una ins\u00f3lita labor pacificadora en Morelos. Que lleg\u00f3 con tanto empuje que, adem\u00e1s de terminar con varias partidas de rebeldes, estableci\u00f3 en algunos pueblos &#8220;la paz de los sepulcros&#8221;, cuesti\u00f3n que encerraba cierta dosis de verdad. Por todas partes hab\u00eda desolaci\u00f3n y las fuerzas gubernamentales pasaban d\u00edas enteros sepultando a los muertos que encontraban abandonados en el campo, en las casas y rancher\u00edas.<sup>89<\/sup> Pero el climax ocurri\u00f3 a finales de noviembre, cuando se difundi\u00f3 que Emiliano Zapata estaba enfermo de influenza en Villa de Ayala. Incluso se afirm\u00f3 que, tan pronto como sus colaboradores se dieron cuenta de que estaba enfermo, secuestraron a dos m\u00e9dicos en Cuautla para que lo atendieran. Por supuesto, les hab\u00edan advirtido que si Zapata mor\u00eda ellos correr\u00edan la misma suerte.<sup>90<\/sup> La noticia, por supuesto, result\u00f3 falsa. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Estado de M\u00e9xico<\/h2>\n\n\n\n<p>En los l\u00edmites del Estado de M\u00e9xico y Morelos la epidemia tambi\u00e9n provoc\u00f3 fuertes estragos y acab\u00f3 con partidas completas de zapatistas.<sup>91<\/sup> En un parte oficial rendido al general Pablo Gonz\u00e1lez uno de sus subalternos le mencion\u00f3 la muerte del cabecilla Ignacio Fuentes, ocurrida en Malinalco, Estado de M\u00e9xico. Al igual que con Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda, los zapatistas se llevaron el cad\u00e1ver de su jefe al pueblo de Ocuil\u00e1n para hacerle los honores respectivos y sepultarlo.<sup>92<\/sup> Despu\u00e9s de esto los rebeldes dejaron sus campamentos, abandonando a numerosos compa\u00f1eros enfermos, y se internaron en Morelos sin sospechar que all\u00ed tambi\u00e9n la influenza estaba en su apogeo. Es probable que la peste los incitara a deponer las armas y volver a sus pueblos, lo cual de alguna forma resultaba comprensible en un contexto de muerte, hambre y desolaci\u00f3n. En infinidad de fincas agr\u00edcolas y rancher\u00edas de Morelos, del Estado de M\u00e9xico, Puebla y Tlaxcala se suspendieron las labores debido a que los peones sufr\u00edan los horrores de la enfermedad. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">R\u00edo Balsas<\/h2>\n\n\n\n<p>En las riberas del R\u00edo Balsas la epidemia hizo tales estragos que los cad\u00e1veres quedaron tirados en el suelo, las casas abandonadas y los campos sin cultivar. En un escondite rebelde las fuerzas del general Mendoza encontraron 18 cad\u00e1veres y no tuvieron m\u00e1s remedio que enterrarlos.<sup>93<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tlaxcala<\/h2>\n\n\n\n<p>La epidemia de influenza no tard\u00f3 en llegar a la vecina Tlaxcala. La prensa dijo que cuando todo mundo se\u00f1alaba que la entidad hab\u00eda escapado de la terrible epidemia, \u00e9sta hizo su aparici\u00f3n con car\u00e1cter alarmante. El gobernador M\u00e1ximo Rojas envi\u00f3 un telegrama al Departamento de Salubridad diciendo que minuto a minuto recib\u00eda telegramas de todas partes de la entidad comunic\u00e1ndole que la epidemia causaba v\u00edctimas por doquier. Agreg\u00f3 que hasta esos momentos pod\u00eda calcular en m\u00e1s de mil los enfermos en las tres principales ciudades, que eran Apizaco, Huamantla y Tlaxcala.<sup>94<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Pero las noticias sobre los desastres provocados por la influenza no pararon ah\u00ed. El 3 de noviembre la prensa difundi\u00f3 que la epidemia segu\u00eda causando graves estragos y que pueblos enteros se extingu\u00edan. Eran contados los habitantes que se salvaban. El gobernador M\u00e1ximo Rojas sigui\u00f3 enviando llamadas de auxilio al Departamento de Salubridad pidiendo que le enviaran urgentemente m\u00e9dicos y medicinas. Al poco tiempo ya no eran tres las ciudades invadidas por la epidemia, sino la entidad en su conjunto. El gobernador aseguraba que hab\u00eda pueblos en los no quedaba un individuo sano y que en otros los enfermos mor\u00edan de una manera angustiosa. A Apizaco, Tlaxcala y Huamantla ahora se agregaba Calpulalpan, invadida por el terrible mal. Y ante todo esto, la poblaci\u00f3n misma desconoc\u00eda el car\u00e1cter del mal y por lo tanto estaban sumamente atemorizados.<sup>95<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Veracruz<\/h2>\n\n\n\n<p>En la segunda quincena de noviembre la prensa veracruzana asegur\u00f3 que F\u00e9lix D\u00edaz hab\u00eda muerto v\u00edctima de la influenza. No obstante citaba el lugar del deceso, Xoxontla, la noticia result\u00f3 falsa.<sup>96<\/sup> A principios de diciembre tambi\u00e9n circul\u00f3 la versi\u00f3n de que Higinio Aguilar y Gaudencio de la Llave estaban enfermos de influenza en la rancher\u00eda de Ixcatla, Veracruz.<sup>97<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Hidalgo<\/h2>\n\n\n\n<p>A principios de noviembre la influenza atac\u00f3 a los trabajadores en varias minas de Hidalgo y de inmediato las autoridades las clausuraron para impedir que la enfermedad se extendiera.<sup>98<\/sup> Por supuesto que la medida ocasion\u00f3 considerables p\u00e9rdidas a industriales y a trabajadores, pero se consider\u00f3 que era lo m\u00e1s conveniente. Sobre los efectos de la epidemia en las zonas petroleras y en las plantaciones henequeneras y madereras no se sabe gran cosa, lo que quiz\u00e1 significa que no fueron considerables. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un interregno<\/h2>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda afirmar que para finales de octubre y principios de noviembre la epidemia estaba en la cresta. En el norte del pa\u00eds la tendencia era a la mengua, pero en el Valle de M\u00e9xico se manten\u00eda en toda su intensidad y avanzaba hacia el sur de la Rep\u00fablica. Los gobiernos estatales y federal se limitaron a dictar medidas sanitarias que en ocasiones estuvieron lejos de cumplirse. Los ferrocarriles siguieron cruzando el territorio nacional sin desinfectarse; los viajeros iban y ven\u00edan de una ciudad a otra; los centros de reuni\u00f3n no siempre se cerraron; el agua y el viento jugaron su papel y la influenza sigui\u00f3 viento en popa. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Al sur y sureste de la Rep\u00fablica<\/h2>\n\n\n\n<p>Para finales de octubre y principios de noviembre la influenza afect\u00f3 Salina Cruz, Oaxaca, y Tapachula, Chiapas, lo que indica que hab\u00eda recorrido el altiplano y que estaba a un paso de la frontera con Guatemala.<sup>99<\/sup> Se detect\u00f3 una gran cantidad de soldados enfermos de influenza en la guarnici\u00f3n de Tuxtla Guti\u00e9rrez, Chiapas, y la poblaci\u00f3n civil entr\u00f3 en p\u00e1nico. Como hab\u00eda sucedido en otras partes, el doctor L\u00f3pez S\u00e1nchez, delegado del Departamento de Salubridad, muri\u00f3 a consecuencia de la influenza, otros cuatro m\u00e9dicos cayeron enfermos y dos m\u00e1s permanecieron sanos, pero no contaban con medicinas. En los d\u00edas siguientes la epidemia apareci\u00f3 en Frontera, Tabasco, en diversas poblaciones de Yucat\u00e1n, de Campeche y en el vecino territorio de Belice.<sup>100<\/sup> Las autoridades sanitarias de Yucat\u00e1n pidieron a la canciller\u00eda mexicana y al Consejo Superior de Salubridad que dictara cuarentena contra la colonia brit\u00e1nica para proteger a los habitantes de los puertos de Quintana Roo, Yucat\u00e1n y Campeche. La respuesta no tard\u00f3 en llegar, haciendo ver que la petici\u00f3n no ten\u00eda sentido, puesto que desde hac\u00eda d\u00edas la influenza atacaba a toda la pen\u00ednsula yucateca.<sup>101<\/sup> Por cierto que las autoridades sanitarias esperaban combatir el mal en Chiapas, Tabasco, Campeche y Yucat\u00e1n, con un medicamento llamado Fenol. <sup>102<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Al finalizar octubre la atenci\u00f3n del gobierno mexicano qued\u00f3 puesta en la frontera con Guatemala. Sobre todo porque en Ayutla, poblaci\u00f3n guatemalteca ubicada a pocos kil\u00f3metros de Tapachula, la fiebre amarilla hab\u00eda sentado sus reales y exist\u00eda el temor de que brincara a suelo mexicano.<sup>103<\/sup> Pero a diferencia de lo ocurrido con los Estados Unidos, con Guatemala las cosas resultaron sumamente tirantes. Desde abril de 1918 se supo que la fiebre amarilla asolaba a ese pa\u00eds. El gobierno mexicano trat\u00f3 de impedir que invadiera el nuestro regulando el tr\u00e1fico de personas provenientes de Guatemala mediante una estricta observaci\u00f3n de doce d\u00edas. La medida provoc\u00f3 malestar en el pa\u00eds vecino y su gobierno impuso la regla de someter a toda persona procedente de M\u00e9xico a una observaci\u00f3n de siete d\u00edas para detectar si era portador de alguna epidemia.<sup>104<\/sup> Para finales de octubre la fiebre amarilla se recrudeci\u00f3 en Guatemala, y en los puertos mexicanos del Pac\u00edfico se dictaron \u00f3rdenes expresas de imponer la cuarentena a los buques guatemaltecos.<sup>105<\/sup> Ellos protestaron argumentando que la medida era absurda ya que en sus puertos no hab\u00eda la fiebre susodicha. Como su argumento no fue escuchado, el gobierno de Guatemala opt\u00f3 por repatriar a todos los mexicanos. Pero lo m\u00e1s grave fue que la propia Guatemala padec\u00eda, adem\u00e1s de la fiebre amarilla, la influenza espa\u00f1ola. Guatemala no s\u00f3lo tuvo problemas con M\u00e9xico sino tambi\u00e9n con El Salvador. Las autoridades de ese pa\u00eds impusieron la cuarentena contra los buques guatemaltecos ya que no quer\u00edan importar la temible fiebre amarilla.<sup>106<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La franja occidental<\/h2>\n\n\n\n<p>Al parecer, en varias entidades ubicadas en la franja occidental de la Rep\u00fablica la influenza no se present\u00f3 con virulencia. La vox populi dijo que la Sierra Madre Occidental hab\u00eda servido de muralla para impedir que la terrible enfermedad arribara a la costa del Pac\u00edfico.<sup>107<\/sup><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los puertos y las costas<\/h2>\n\n\n\n<p>No se tienen informes oficiales de cu\u00e1ntos barcos tocaron los puertos mexicanos del Atl\u00e1ntico y el Pac\u00edfico en los \u00faltimos tres meses de 1918, salvo algunos casos. Por ejemplo, a la par que la influenza se propagaba en la franja fronteriza con los Estados Unidos, en la capital de la Rep\u00fablica se recibieron noticias de que, mientras cruzaba las aguas del Golfo de M\u00e9xico rumbo al puerto de Veracruz, la influenza hab\u00eda cundido en el vapor espa\u00f1ol Alfonso XII. De inmediato el doctor Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodr\u00edguez, jefe del Departamento de Salubridad, pidi\u00f3 informes a la Compa\u00f1\u00eda Trasatl\u00e1ntica Espa\u00f1ola sobre la veracidad de tales rumores, top\u00e1ndose con que la citada compa\u00f1\u00eda nada sab\u00eda.<sup>108<\/sup> Para despejar dudas, la Secretar\u00eda de Relaciones Exteriores se comunic\u00f3 con el c\u00f3nsul mexicano en La Habana, Cuba, y su respuesta fue muy preocupante. Se supo que la influenza espa\u00f1ola hab\u00eda cundido en toda la isla, principalmente en las provincias orientales. Agreg\u00f3 que el vapor espa\u00f1ol Alfonso XII hab\u00eda pasado por La Habana con 1 200 personas a bordo, de las cuales 23 murieron durante la traves\u00eda y 300 m\u00e1s estaban enfermas. Para complicar las cosas, expres\u00f3 que hab\u00eda indicios de brotes de c\u00f3lera a bordo del mismo vapor.<sup>109<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>El 9 de octubre las autoridades mexicanas transmitieron a la Compa\u00f1\u00eda Trasatl\u00e1ntica Espa\u00f1ola el contenido del informe de su c\u00f3nsul en Cuba y le previnieron que no todos los puertos estaban en condiciones de atender a los enfermos. Como el vapor estaba a punto de arribar, le advirtieron que s\u00f3lo por esa ocasi\u00f3n se le permitir\u00eda anclar en el puerto de Veracruz. Eso s\u00ed, los enfermos no podr\u00edan bajar a tierra. En forma paralela, las autoridades le ordenaron al delegado sanitario del puerto establecer un lazareto en la Isla de Sacrificios para aislar a los enfermos del citado vapor y sujetarlos a una rigurosa cuarentena.<sup>110<\/sup> En forma sorpresiva, J. Gay\u00f3n, representante de la Compa\u00f1\u00eda Trasatl\u00e1ntica Espa\u00f1ola, agradeci\u00f3 la disposici\u00f3n de las autoridades para permitir el arribo del Alfonso XII al puerto de Veracruz, pero declar\u00f3 que el buque no planeaba tocar puerto mexicano alguno.<sup>111<\/sup> De cualquier forma, en la prensa se arm\u00f3 una fuerte discusi\u00f3n: para algunos el que se sometiese a cuarentena en la Isla de Sacrificios a los viajeros del Alfonso XII o de cualquier otro barco no garantizaba contener la propagaci\u00f3n de la epidemia. <em>El Dem\u00f3crata<\/em> era partidario de prohibir a cualquier barco atracar en costas mexicanas. Aceptaba que, al aplicarse esta medida, ser\u00edan afectados los intereses de algunas personas, pero dec\u00eda que por encima de ellos estaba la salud p\u00fablica. Conclu\u00eda que el gobierno ten\u00eda demasiados problemas con la influenza al norte y centro del pa\u00eds como para permitirle entrar por los puertos.<sup>112<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>El 10 de octubre el delegado sanitario en el puerto de Tampico inform\u00f3 que la influenza no se hab\u00eda presentado en su feudo, no obstante que varios buques norteamericanos anclaron llevando infectados a bordo. Eso s\u00ed, se opuso a que estos \u00faltimos desembarcaran.<sup>113<\/sup> D\u00edas m\u00e1s tarde aplic\u00f3 el mismo procedimiento al vapor americano Gene Crawley procedente de Nueva Orle\u00e1ns. El 17 de octubre lleg\u00f3 al puerto de Veracruz el vapor Manzanillo, de matr\u00edcula norteamericana, procedente de Nueva York, con la mayor parte de su tripulaci\u00f3n atacada de gripe. Las autoridades aceptaron que anclara, a condici\u00f3n que ning\u00fan tripulante desembarcara.<sup>114<\/sup> Al finalizar octubre lleg\u00f3 a Puerto M\u00e9xico el vapor norteamericano Santa, Alicia, procedente de Nueva Orle\u00e1ns, con gran cantidad de enfermos de influenza. El delegado sanitario los someti\u00f3 a una estricta cuarentena con la advertencia de que apenas se restablecieran el barco se fumigar\u00eda.<sup>115<\/sup> Por el lado del Pac\u00edfico el 10 de octubre el delegado sanitario del puerto de San Blas pidi\u00f3 informes al Consejo Superior de Salubridad sobre la naturaleza de la enfermedad e instrucciones para combatirla.<sup>116<\/sup> El 11 de noviembre lleg\u00f3 a Salina Cruz, Oaxaca, el vapor japon\u00e9s Kiyu Mam, procedente de Valpara\u00edso, Antofagasta, Iquique y Callao, los primeros tres puertos ubicados en Chile y el cuarto en Per\u00fa, con 28 inmigrantes de los cuales 23 estaban enfermos. De inmediato fueron ba\u00f1ados y desinfectados, al igual que sus ropas, y sometidos a la ineludible cuarentena. Antes de continuar su viaje, otras cinco personas tambi\u00e9n fueron desinfectadas. Pero la llegada del buque a Salina Cruz caus\u00f3 alarma entre la poblaci\u00f3n debido a que la zona estaba siendo azotada por la influenza. Sus habitantes protestaron por la llegada de los barcos y las autoridades tuvieron que tranquilizarlos.<sup>117<\/sup> Como se observa, al igual que ocurri\u00f3 con los ferrocarriles, las protestas de algunos sectores de la poblaci\u00f3n que ped\u00edan prohibir que barcos con personas enfermas de influenza atracaran en puertos mexicanos no fueron escuchadas. S\u00f3lo se aplic\u00f3 cuarentena a los enfermos. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Los c\u00e1lculos sobre el n\u00famero de muertes<\/h2>\n\n\n\n<p>En plena Revoluci\u00f3n aparecieron diversas pestes, entre las cuales la influenza espa\u00f1ola result\u00f3 ser la m\u00e1s mort\u00edfera. El problema es determinar cu\u00e1ntos muertos hubo. Una nota period\u00edstica fechada el 12 de diciembre de 1918 refiere que la influenza reapareci\u00f3 en Texas mostrando mayor intensidad y que era necesario tomar toda clase de precauciones. La raz\u00f3n: ah\u00ed se hab\u00eda gestado la que azot\u00f3 a M\u00e9xico provocando m\u00e1s de trescientas mil v\u00edctimas, sin contar las que segu\u00eda causando en Tabasco, Chiapas, Campeche y Yucat\u00e1n.<sup>118<\/sup> Por supuesto que se trata de simples c\u00e1lculos de una fuente period\u00edstica, pero alude a m\u00e1s de 300 mil v\u00edctimas en la Rep\u00fablica, sin incluir las que hubo en la \u00faltima quincena de diciembre. La cifra concuerda con la difundida por Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Navarro, extra\u00edda de una fuente norteamericana que tambi\u00e9n report\u00f3 300 mil muertos, aunque el historiador dijo ser sumamente esc\u00e9ptico en cuanto a su veracidad.<sup>119<\/sup> <\/p>\n\n\n\n<p>Existe un art\u00edculo con un t\u00edtulo muy sugestivo referido a las epidemias del siglo XX de Augusto Fujigaki y Alfonso Gonz\u00e1lez Calvan que, no obstante aportar algunas estad\u00edsticas, resulta decepcionante.<sup>120<\/sup> Habla de que en 1918 se registr\u00f3 una epidemia llamada influenza espa\u00f1ola, por la cual fueron atendidos 800 enfermos en el Hospital General, de los cuales muri\u00f3 una enorme cantidad por lesiones bronco-pulmonares. Pero los autores s\u00f3lo hablan de un hospital y de los enfermos que a \u00e9l llegaron. Nada dicen sobre los que ingresaron a otros hospitales, ni cu\u00e1ntos no pudieron ingresar a ninguno. Tampoco habla de las personas atendidas por alg\u00fan m\u00e9dico en su propia casa, ni de quienes ni siquiera tuvieron esa oportunidad y, por consiguiente, murieron. M\u00e1s adelante expresan:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Una de las m\u00e1s terribles pandemias gripales fue la que sobrevino en Europa despu\u00e9s de la Guerra del Catorce. Probablemente en barcos de la &#8220;Transatl\u00e1ntica Espa\u00f1ola&#8221; llegaron los primeros enfermos de influenza al litoral del Golfo. Por esta causa, aun cuando Espa\u00f1a fue el \u00faltimo pa\u00eds que sufri\u00f3 la epidemia, en M\u00e9xico se le llam\u00f3 &#8220;influenza espa\u00f1ola&#8221; y tuvo caracter\u00edsticas tan graves en nuestra patria que, al decir del doctor Francisco Vald\u00e9s, la epidemia de 1918 determin\u00f3 una mortalidad verdaderamente espantosa en Torre\u00f3n, G\u00f3mez Palacio, San Pedro de las Colonias y algunas otras poblaciones inmediatas, al grado de que hubo d\u00edas en que se registraron 300 defunciones en la primera, calcul\u00e1ndose que durante dicha epidemia murieron en las expresadas poblaciones 21 000 personas. <sup>121<\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Pero existen otros datos que podr\u00edan servir como punto de referencia. De acuerdo con las estad\u00edsticas oficiales, entre octubre y noviembre el n\u00famero oficial de v\u00edctimas en la municipalidad de la ciudad de M\u00e9xico fue de 6 88O.<sup>122<\/sup> A tal cantidad habr\u00eda que agregar las v\u00edctimas de otros municipios del Distrito Federal: Tacuba, Guadalupe Hidalgo, San \u00c1ngel, Azcapotzalco, Coyoac\u00e1n y Tlalpan.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-16754\" width=\"452\" height=\"391\" srcset=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c2.jpg 892w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c2-300x259.jpg 300w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c2-768x663.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 452px) 100vw, 452px\" \/><figcaption>La epidemia de influenza cobr\u00f3 casi medio mill\u00f3n de muertos en M\u00e9xico y se calcul\u00f3 que, a nivel mundial, la enfermedad hab\u00eda causado m\u00e1s defunciones que las dos guerras mundiales. &#8220;La soberana de la humanidad&#8221;, Ernesto Garc\u00eda Cabral, Revista de Revistas, 11 de agosto de 1918. AG<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>De los datos expuestos se puede sacar una conclusi\u00f3n clara: durante el mes de octubre el n\u00famero de defunciones se duplic\u00f3 y en noviembre se triplic\u00f3. En este caso se trata de datos oficiales. El 2 de enero de 1919 <em>El Universal<\/em> public\u00f3 una noticia que lleva por t\u00edtulo &#8220;Medio mill\u00f3n de muertos\u2026 \u00a1Pas\u00f3 su majestad la influenza!&#8221;. Destacaba que epidemias como el c\u00f3lera, la influenza espa\u00f1ola y la viruela negra hab\u00edan sido m\u00e1s mort\u00edferas que las balas durante la Revoluci\u00f3n puesto que mataron a una cantidad inusitada de personas. A la influenza le atribuy\u00f3 haber matado nada menos que 436 200 personas, al c\u00f3lera 300 mil y a la viruela unas 70 mil. Sumando los datos de la mortalidad producida por las tres epidemias, resulta que murieron 806 200 personas.<sup>123<\/sup><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-16756\" width=\"401\" height=\"941\" srcset=\"https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c3.jpg 535w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c3-128x300.jpg 128w, https:\/\/www.iis.unam.mx\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/c3-437x1024.jpg 437w\" sizes=\"(max-width: 401px) 100vw, 401px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Como se se\u00f1al\u00f3 l\u00edneas atr\u00e1s, Edwin Oakes Jord\u00e1n habl\u00f3 de medio mill\u00f3n de mexicanos muertos, en tanto que otras fuentes disponibles se\u00f1alan alrededor de 300 mil. Sobre el n\u00famero de muertos en los frentes de batalla existen mayores discrepancias. Algunas c\u00e1lculos lo fijan en una cantidad similar a la provocada por la influenza, esto es, en 300 mil personas. Si nuestros razonamientos son correctos, habr\u00eda que concluir que la ca\u00edda de la poblaci\u00f3n registrada entre 1910 y 1920 se debi\u00f3 a las muertes habidas en los frentes de batalla, a las pestes, epidemias, hambrunas y al hecho de que un gran n\u00famero de personas emigraron a Estados Unidos y Cuba. <\/p>\n\n\n\n<p>Como colof\u00f3n, a mediados de diciembre el diputado Jos\u00e9 Siurob subi\u00f3 otra vez al estrado de la C\u00e1mara de Diputados para manifestar que: <\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>[\u2026] por no haberse combatido suficientemente la epidemia espa\u00f1ola, por no hab\u00e9rsele puesto todos los obst\u00e1culos que cient\u00edficamente debieron haberse puesto en juego para que no avanzara al Centro, ya que no pudo contenerse en su avance al Centro, siquiera para que no avanzara a los Estados del Sur de la Rep\u00fablica; ya que no se ha hecho esto y que hemos visto que la epidemia se ha paseado por toda la rep\u00fablica produciendo un n\u00famero de defunciones que equivale, no digo a una revoluci\u00f3n, sino a dos revoluciones, desde el momento en que el n\u00famero de muertos sobrepasa con mucho al de las v\u00edctimas de toda la revoluci\u00f3n desde 1910 hasta la fecha, cabe suponer que si se sigue economizando dinero en estas partidas, nuestras costas van a despoblarse por la sencilla raz\u00f3n de que volver\u00e1n estas epidemias con la intensidad y la crueldad que en a\u00f1os anteriores y acabar\u00e1n por desaparecer comarcas enteras, como ha sucedido con algunos puertos, entre ellos Manzanillo y algunos otros puertos del Pac\u00edfico en donde las epidemias dejaban casi deshabitados esos lugares.<sup>124<\/sup> <\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Esto lo dijo con enorme amargura, ya que los 200 mil pesos prometidos por el gobierno federal para combatir la influenza jam\u00e1s llegaron, lo que demostraba que el Departamento de Salubridad, las juntas de Beneficencia Privada, los gobiernos locales, los m\u00e9dicos civiles y militares, con recursos limitados, se enfrentaron a la tercera pandemia m\u00e1s peligrosa que haya conocido la humanidad.<sup>125<\/sup> En el \u00ednterin, la poblaci\u00f3n se alarm\u00f3 y acudi\u00f3 a los m\u00e9dicos, hospitales, brujos y hechiceros buscando un milagro. Renaci\u00f3 el fervor religioso y los fieles acudieron a las iglesias para implorar a sus dioses que los libraran de una gripe que en pocas horas los llevaba a la tumba. Otros se desesperaron y optaron por el suicidio, sin faltar quienes se entregaron a las borracheras pensando que el alcohol los inmunizaba del mal.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Notas<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-background has-small-font-size has-very-light-gray-background-color\">1 Edwin Oakes Jord\u00e1n, Epidemic Influenza, citado por Luis Gonz\u00e1lez en Pueblo en vilo, M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, 1968, p. 187.<br>2 Georges H. Werner, La gripe, Buenos Aires, Eudeba, 1964, p. 59.<br>3 Sin embargo, una variante benigna de la misma enfermedad apareci\u00f3 simult\u00e1neamente entre las fuerzas armadas alemanas, italianas, rusas, inglesas y norteamericanas. Esta variante de influenza, llamada la fiebre de los tres d\u00edas, no fue mortal. Cuando alg\u00fan tiempo despu\u00e9s apareci\u00f3 en su forma mort\u00edfera, los soldados que sufrieron la fiebre de los tres d\u00edas, dieron muestras de ser inmunes.<br>4 Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Navarro, Poblaci\u00f3n y sociedad en M\u00e9xico (1900-1970), tomo I, M\u00e9xico, Facultad de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales-UNAM, 1974, p. 315.<br>5 Charles C. Cumberland, L\u00fc Revoluci\u00f3n mexicana. Los a\u00f1os constitucionalistas, M\u00e9xico, FCE, 1983, pp. 359-360.<br>6 &#8220;Una mortal epidemia de influenza maligna, infesta casi todos los campamentos militares yanquis&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, y &#8220;Queda suspendido el env\u00edo de tropas de Estados Unidos a Europa debido al incremento alcanzado por la influenza espa\u00f1ola&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 4 de octubre de 1918.<br>7 &#8220;La influenza espa\u00f1ola causa 300 muertes en 48 horas en la regi\u00f3n de La Laguna&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, y Alfonso Taracena, La verdadera revoluci\u00f3n mexicana, sextavarte (1918 a 1920), M\u00e9xico, Jus, 1961, p. 45.<br>8 &#8220;La influenza ha continuado invadiendo a la Rep\u00fablica&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 13 de octubre de 1918.<br>9 &#8220;En Torre\u00f3n sigue formidable la epidemia&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 15 de octubre de 1918.<br>10 &#8220;La influenza ha continuado invadiendo a la Rep\u00fablica&#8221; y &#8220;En Torre\u00f3n sigue formidable la epidemia&#8221;.<br>11 &#8220;La influenza espa\u00f1ola apareci\u00f3 en la frontera con nuestro pa\u00eds&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 5 de octubre de 1918.<br>12 &#8220;En forma alarmante, la influenza espa\u00f1ola ha invadido algunos estados fronterizos&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 6 de octubre de 1918.<br>13 &#8220;Monterrey y San Luis Potos\u00ed han sido invadidos por la influenza espa\u00f1ola&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 9 de octubre de 191 8, y &#8220;La influenza espa\u00f1ola se ha desarrollado en forma muy alarmante&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 9 de octubre de 1918.<br>14 &#8220;La epidemia de influenza toma incremento&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 10 de octubre de 1918.<br>15 &#8220;La epidemia de influenza toma incremento.<br>16 &#8220;La epidemia de influenza toma incremento&#8221;.<br>17 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 11 de octubre de 1918.<br>18 &#8220;La influenza ha continuado invadiendo a la Rep\u00fablica&#8221;.<br>19 &#8220;En Torre\u00f3n sigue formidable la epidemia&#8221;.<br>20 &#8220;La influenza, benigna primero, exacerba sus efectos en la capital&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 25 de octubre de 1918.<br>21 &#8220;La influenza, benigna primero, exacerba sus efectos en la capital&#8221;.<br>22 &#8220;La epidemia de influenza toma incremento&#8221;.<br>23 &#8220;Pasan ya de mil los casos de influenza espa\u00f1ola que se registran en la capital&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 12 de octubre de 1918.<br>24 &#8220;Pasan ya de mil los casos de influenza espa\u00f1ola que se registran en la capital&#8221;.<br>25 &#8220;La influenza ha continuado invadiendo a la Rep\u00fablica&#8221;.<br>26 Se calcula que en 1910 hab\u00eda casi 721 mil personas en el Distrito Federal yen 1921 m\u00e1s de 906 mil, sin considerar la poblaci\u00f3n flotante que en ocasiones superaba 100% de la normal.<br>27 &#8220;La influenza espa\u00f1ola causa 300 muertes en 48 horas en la regi\u00f3n de La Laguna&#8221;, y &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;.<br>28 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;, y &#8220;La fiebre espa\u00f1ola est\u00e1 tomando caracteres muy graves en todo el pa\u00eds&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 19 de octubre de 1918.<br>29 &#8220;La influenza, benigna primero, exacerba sus efectos en la capital&#8221;.<br>30 &#8220;La influenza h\u00e1llase extendida por todo el territorio nacional&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 27 de octubre de 1918.<br>31 &#8220;La epidemia de influenza toma incremento&#8221;.<br>32 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221; y &#8220;Pasan ya de mil los casos de influenza espa\u00f1ola que se registran en la capital&#8221;.<br>33 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221; y &#8220;Pasan ya de mil los casos de influenza espa\u00f1ola que se registran en la capital&#8221;<br>34 &#8220;La influenza ha continuado invadiendo a la Rep\u00fablica&#8221;.<br>35 &#8220;Sigue asolando al pa\u00eds la influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 22 de octubre de 1918.<br>36 &#8220;A 60 mil llega el n\u00famero de personas que son v\u00edctimas de la influenza en el Distrito Federal&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 24 de octubre de 1918.<br>37 &#8220;La influenza tiende a decrecer en todo el Distrito Federal&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 16 de noviembre de 1918.<br>38 &#8220;La influenza tiende a decrecer en todo el Distrito Federal&#8221;.<br>39 &#8220;Contin\u00faa bajando la epidemia de influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 17 de noviembre de 1918.<br>40 &#8220;La influenza hizo grandes estragos en muchas rancher\u00edas&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 24 de noviembre de 1918.<br>41 Las estad\u00edsticas que aparecen d\u00eda con d\u00eda, adem\u00e1s de preliminares, son confusas. De todas formas, consultar &#8220;A 60 mil llega el n\u00famero de personas que son v\u00edctimas de la influenza en el Distrito Federal&#8221; y el Diario de los debates de la c\u00e1mara de diputados, 26 de octubre de 1918, pp. 18-19.<br>42 &#8220;Doscientos mil pesos para combatir la epidemia de influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 20 de octubre de 1918.<br>43 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 3 de noviembre de 1918.<br>44 &#8220;Doscientos mil pesos para combatir la epidemia de influenza&#8221;.<br>45 &#8220;Pasan ya de treinta mil las personas enfermas de influenza en la capital&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 21 de octubre de 1918.<br>46 &#8220;La influenza h\u00e1llase extendida por todo el territorio nacional&#8221;.<br>47 &#8220;Pasan ya de treinta mil las personas enfermas de influenza en la capital&#8221;.<br>48 &#8220;Sigue asolando al pa\u00eds la influenza&#8221;.<br>49 &#8220;La influenza h\u00e1llase extendida por todo el territorio nacional&#8221;, &#8220;La capital de Nuevo Le\u00f3n est\u00e1 siendo azotada con dureza por la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 28 de octubre de 1918, y &#8220;La influenza espa\u00f1ola sirvi\u00f3 para una maniobra pol\u00edtica&#8221;, Excelsior, 29 de octubre de 1918.<br>50 &#8220;La capital de Nuevo Le\u00f3n est\u00e1 siendo azotada con dureza por la influenza&#8221;.<br>51 &#8220;Los droguistas sin conciencia, los charlatanes y la incuria oficial, agentes activos de la influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 28 de octubre de 1918.<br>52 &#8220;La influenza espa\u00f1ola sirvi\u00f3 para una maniobra pol\u00edtica&#8221;.<br>53 &#8220;La influenza espa\u00f1ola sirvi\u00f3 para una maniobra pol\u00edtica&#8221;.<br>54 &#8220;La influenza espa\u00f1ola sirvi\u00f3 para una maniobra pol\u00edtica&#8221;.<br>55 &#8220;La influenza espa\u00f1ola sirvi\u00f3 para una maniobra pol\u00edtica&#8221;.<br>56 Diario de los debates de la c\u00e1mara de diputados, 18 de octubre de 1918, pp. 15-18.<br>57 Diario de los debates de la c\u00e1mara de diputados, 18 de octubre de 1918, pp. 15-18.<br>58 Diario de los debates de la c\u00e1mara de diputados, 19 de octubre de 1918, pp. 8-11, y &#8220;Doscientos mil pesos para combatir la epidemia de influenza&#8221;<br>59 &#8220;Doscientos mil pesos para combatir la epidemia de influenza&#8221;.<br>60 &#8220;Principia a organizarse la campa\u00f1a contra la influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 30 de octubre de 1918.<br>61 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>62 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>63 &#8220;En general cede ya la influenza espa\u00f1ola&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 11 de noviembre de 1918, &#8220;Se est\u00e1 haciendo efectiva la campa\u00f1a contra la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 12 de noviembre de 1918, y &#8220;Cada d\u00eda son menores los casos de influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 21 de noviembre de 1918.<br>64 &#8220;Descenso en las muertes por influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 8 de noviembre de 1918.<br>65 &#8220;Terrible epidemia en Puebla&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 1 de noviembre de 1918.<br>66 &#8220;Doscientos mil pesos para combatir la epidemia de influenza&#8221;.<br>67 &#8220;La fiebre espa\u00f1ola est\u00e1 tomando caracteres muy graves en todo el pa\u00eds&#8221;.<br>68 &#8220;Sigue asolando al pa\u00eds la influenza&#8221;.<br>69 &#8220;El Departamento de Salubridad dict\u00f3 nuevas medidas sanitarias&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 23 de octubre de 1918.<br>70 &#8220;La influenza ha seguido desarroll\u00e1ndose sin que se procure combatirla&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 26 de octubre de 1918.<br>71 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;.<br>72 &#8220;La fiebre espa\u00f1ola est\u00e1 tomando caracteres muy graves en todo el pa\u00eds&#8221;. Sobre el impacto de la influenza en la capital poblana resulta b\u00e1sico el trabajo de Leticia Gamboa Ojeda, &#8220;La epidemia de influenza de 1918: sanidad j pol\u00edtica en la ciudad de Puebla&#8221;, Quipu, n\u00fam. 1, enero-abril de 1991, pp. 91-109.<br>73 &#8220;A 60 mil llega el n\u00famero de personas que son v\u00edctimas de la influenza en el Distrito Federal&#8221;.<br>74 &#8220;Terrible epidemia en Puebla&#8221;.<br>75 &#8220;Terrible epidemia en Puebla&#8221;.<br>76 &#8220;En general cede ya la influenza espa\u00f1ola&#8221;.<br>77 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>78 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>79 &#8220;La influenza se ceba con los pobres&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 4 de noviembre de 1918.<br>80 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>81 &#8220;Terrible epidemia en Puebla&#8221;.<br>82 &#8220;Terrible epidemia en Puebla&#8221;.<br>83 &#8220;Una campa\u00f1a efectiva de la influenza al zapatismo&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 13 de noviembre de 1918.<br>84 &#8220;Una campa\u00f1a efectiva de la influenza al zapatismo&#8221;.<br>85 Cirilo Arenas, &#8220;Circular&#8221;, Cuartel General en Calpan, Puebla, 21 de noviembre de 1918, en el expediente de Cirilo Arenas, Archivo Hist\u00f3rico de la Secretar\u00eda de la Defensa Nacional.<br>86 &#8220;Es ya tiempo de hacer algo contra la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 6 de noviembre de 1918.<br>87 Luis Gonz\u00e1lez, Pueblo en vilo, M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, 1968, pp. 182-187, &#8220;Jos\u00e9 In\u00e9s Ch\u00e1vez Garc\u00eda fue ajusticiado por la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 14 de noviembre de 1918, &#8220;Muri\u00f3 J.I. Ch\u00e1vez Garc\u00eda&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 14 de noviembre de 1918, &#8220;Los cabecillas Ch\u00e1vez Garc\u00eda y Altamirano fallecieron&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 14 de noviembre de 1918, &#8220;Se confirma que muri\u00f3 J. In\u00e9s Ch\u00e1vez&#8221;, Exc\u00e9hior, 15 de noviembre de 1918, y Alfonso Taracena, La verdadera revoluci\u00f3n mexicana, pp.52-53.<br>88 &#8220;Una campa\u00f1a efectiva de la influenza al zapatismo&#8221;.<br>89 &#8220;La influenza espa\u00f1ola contin\u00faa en su obra pacificadora en Morelos&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 26 de noviembre de 1918.<br>90 &#8220;Emiliano Zapata se encuentra atacado de influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 24 de noviembre de 1918.<br>91 &#8220;En pocos lugares no ha cedido la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 18 de noviembre de 1918.<br>92 &#8220;La influenza espa\u00f1ola contin\u00faa en su obra pacificadora en Morelos&#8221;.<br>93 &#8220;La influenza espa\u00f1ola contin\u00faa en su obra pacificadora en Morelos&#8221;.<br>94 &#8220;La influenza espa\u00f1ola contin\u00faa en su obra pacificadora en Morelos&#8221;. Tambi\u00e9n v\u00e9ase el trabajo de Beatriz Cano, La influenza espa\u00f1ola en Tlaxcala (1918), M\u00e9xico, DEH\/INAH, mecanografiado.<br>95 &#8220;La influenza causa graves estragos en Tlaxcala&#8221;.<br>96 &#8220;Se asegura que muri\u00f3 de influenza F\u00e9lix D\u00edaz&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 20 de noviembre de 1918.<br>97 &#8220;Higinio Aguilar y De la Llave atacados de influenza&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 3 de diciembre de 1918.<br>98 &#8220;Clausura de las minas&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 2 de noviembre de 1918.<br>99 &#8220;La influenza h\u00e1llase extendida por todo el territorio nacional&#8221;.<br>100 &#8220;Ma\u00f1ana va a principiar la campa\u00f1a a la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 7 de noviembre de 1918, &#8220;La influenza sigue marcadamente decreciendo&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 10 de noviembre de 1918, y &#8220;Los doctores creen que la llamada influenza es otra enfermedad&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 15 de noviembre de 1918.<br>101 Fondo Salubridad P\u00fablica, Secci\u00f3n Epidemiolog\u00eda, caja 10, expediente 11, 30 de noviembre y 13 de diciembre de 1918, en el Archivo del Departamento de Salubridad.<br>102 &#8220;El Fenol extirpar\u00e1 en breve la epidemia de influenza&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 17 de diciembre de 1918. Como si los desastres provocados por la influenza no fueran suficientes, la primera semana de diciembre circul\u00f3 la noticia de que en Veracruz, Tabasco y Chiapas se hab\u00edan registrado varios casos de viruela. V\u00e9ase &#8220;No existe la epidemia de viruela&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 7 de diciembre de 1918.<br>103 &#8220;La influenza h\u00e1llase extendida por todo el territorio nacional&#8221;.<br>104 Fondo de Salubridad P\u00fablica, Secci\u00f3n Epidemiolog\u00eda, caja 12, expediente 2. Contiene informaci\u00f3n de abril a diciembre de 1918.<br>105 &#8220;Al fin ser\u00e1 combatida la influenza espa\u00f1ola en toda la Rep\u00fablica&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 29 de octubre de 1918.<br>106 Fondo de Salubridad P\u00fablica, Secci\u00f3n Epidemiolog\u00eda, caja 12, expediente 2.<br>107 &#8220;Cada d\u00eda son menos los casos de influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 21 de noviembre de 1918.<br>108 &#8220;En Laredo m\u00e1s de seis mil casos de influenza espa\u00f1ola&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 8 de octubre de 1918, &#8220;Monterrey y San Luis Potos\u00ed han sido invadidos por la influenza espa\u00f1ola&#8221; y &#8220;La influenza espa\u00f1ola se est\u00e1 extendiendo mucho en el norte&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 10 de octubre de 1918.<br>109 &#8220;La epidemia toma incremento&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 10 de octubre de 1918.<br>110 &#8220;La epidemia toma incremento&#8221;.<br>111 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;.<br>112 \u00ab34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;.<br>113 &#8220;34 casos \u00bfe influenza en M\u00e9xico&#8221;, &#8220;Hay dos barcos que est\u00e1n sujetos a cuarentena&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 31 de octubre de 1918, y &#8220;La fiebre espa\u00f1ola est\u00e1 tomando caracteres muy graves en todo el pa\u00eds&#8221;.<br>114 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;, &#8220;Hay dos barcos que est\u00e1n sujetos a cuarentena&#8221; y &#8220;La fiebre espa\u00f1ola est\u00e1 tomando caracteres muy graves en todo el pa\u00eds&#8221;<br>115 &#8220;Puebla y Pachuca cruelmente flageladas por la influenza&#8221;, <em>Exc\u00e9lsior<\/em>, 31 de ocrubre de 1918, y &#8220;Veinticinco personas muertas en la calle, por efecto de la influenza&#8221;, <em>El Dem\u00f3crata<\/em>, 31 de octubre de 1918.<br>116 &#8220;34 casos de influenza en M\u00e9xico&#8221;.<br>117 &#8220;Se est\u00e1 haciendo efectiva la campa\u00f1a contra la influenza&#8221;.<br>118 &#8220;\u00bfTenemos otra vez la terrible amenaza de la influenza?&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 13 de diciembre de 1918.<br>119 Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Navarro, Poblaci\u00f3n y sociedad en M\u00e9xico (1900-1970), tomo I, M\u00e9xico, F.C.P.S., 1974, pp. 36 y 350.<br>120 Augusto Fujigaki Lechuga y Alfonso Gonz\u00e1lez Calder\u00f3n, &#8220;Epidemias conocidas en M\u00e9xico durante el siglo xx&#8221;, en Enrique Florescano y Elsa Malvido, Ensayos sobre la historia de las epidemias en M\u00e9xico, tomo II, M\u00e9xico, IMSS, 1982, pp. 699-732<br>121 Augusto Fujigaki Lechuga y Alfonso Gonz\u00e1lez Calder\u00f3n, &#8220;Epidemias conocidas\u2026&#8221;, p. 713.<br>122 Tabulaci\u00f3n de la Estad\u00edstica Defunciones de junio a diciembre de 1918, Archivo del Ayuntamiento de la Ciudad de M\u00e9xico, n\u00famero de clasificaci\u00f3n 679.<br>123 &#8220;Medio mill\u00f3n de muertos\u2026 \u00a1Pas\u00f3 su majestad la influenza&#8221;, <em>El Universal<\/em>, 2 de enero de 1919. Entre las obras raras que abordan el tema, consultar a Manuel Mazar\u00ed, Breve estudio sobre la \u00faltima epidemia de influenza en la ciudad de M\u00e9xico, M\u00e9xico, s. p. i., 1919.<br>124 Diario de los debates de la c\u00e1mara de diputados, 17 de diciembre de 1918, p. 23.<br>125 El propio Carranza acept\u00f3 en su informe de septiembre de 1919 que el Departamento de Salubridad no recibi\u00f3 siquiera parte de los 200 mil pesos que la c\u00e1mara aprob\u00f3 y vot\u00f3. V\u00e9ase &#8220;Venustiano Carranza al abrir las sesiones ordinarias del Congreso, el 1 de septiembre de 1919&#8221;, en Luis Gonz\u00e1lez y Gonz\u00e1lez (recopilador), Los presidentes de M\u00e9xico ante la naci\u00f3n 1821-1966, M\u00e9xico, C\u00e1mara de Diputados, 1966, pp. 370-371.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado originalmente en 20\/10 Memoria de las revoluciones en M\u00e9xico. No. 2 septiembre-noviembre 2008 Un d\u00eda, como a las tres de la tarde, corri\u00f3 la voz en la casa: &#8220;ah\u00ed viene la brigada de enfermeras&#8221;. 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