Segundo día de la Tierra en tiempo de pandemia: la emergencia climática necesita nuestra acción

El 22 de abril se celebra desde hace 51 años el día de la Tierra. Este es el segundo año que estamos encerrados en esta fecha, o por lo menos limitados en nuestro quehacer cotidiano y en nuestras relaciones sociales. Como escribió Carlo Valdés “la nueva normalidad es la medida política que busca cambiar hábitos y vínculos interpersonales para que el plano económico siga igual” (2020: 171)1.

Después de más de un año del inicio de la pandemia es necesario reflexionar sobre la respuesta social a las crisis que estamos viviendo: por un lado, la crisis sanitaria, que aunque quisiéramos no se va a resolver en tiempos breves, y por el otro la crisis socioambiental y climática que está amenazando la vida en el planeta y por ende en nuestro país, y que necesita de una respuesta eficaz desde ahora.

Emergencia climática en tiempo de pandemia

Este año hemos alcanzado los 420 ppm (partes por millones) de Co2 en la atmósfera. Esto significa que las acciones que se implementaron en las últimas décadas no han sido suficientes para disminuir la contaminación atmosférica que causa el calentamiento global, y que a su vez se está modificando el clima del planeta, poniendo en riesgo la vida de todas las especies, incluida nuestra propia vida.

En este contexto de emergencia climática México no está mejor, ya que como explicó el coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), Jorge Zavala Hidalgo, “La temperatura en México ha aumentado 1.4 grados (en 2020) con respecto al período de referencia 1981-2010, y en ese mismo período el planeta aumentó 0.98 grados, es decir, la temperatura en el territorio nacional ha venido aumentando más rápido que en el resto del planeta, es parte del calentamiento diferencial y así cada una de las variables climáticas” (liga). De hecho, en el país estamos sufriendo sequía e incendios, además de altos niveles de contaminación en las Ciudades. Bomberos y brigadistas están falleciendo o saliendo heridos en el intento de apagar los incendios que están destruyendo decenas de bosques a lo largo del país. Como nos compartió un brigadista de Jalisco, una de las personas que están en la primera línea para defender nuestros bosques: “este año se ha complicado mucho la situación con los incendios, han aumentado en número y extensión dañada. La sequía prolongada está generando comportamientos extremos del fuego, en varios incendios han volado pavesas de más de cien metros y han estado provocando hasta cuatro o cinco nuevos fuegos (focos secundarios), el aumento de la velocidad con la que se está propagando el fuego también ha sido un problema. Suponemos que esa va ser la tendencia en los próximos años, como en todo el mundo, incendios más agresivos y destructivos. La situación se ha puesto peligrosa, como seguro ya vieron, en los últimos incendios de Primavera han ocurrido varios atrapamientos de brigadas, se han quemado tres compañerxs de forma severa y otros veinte con quemaduras más leves” (comunicación personal, abril 2021).

La emergencia climática no se ha detenido por la pandemia, y tampoco ha disminuido la contaminación, aunque el confinamiento estricto de la primavera de 2020 había mostrado que al interrumpir las actividades productivas el medio ambiente había resultado aliviado. Sin embargo, la interrupción de las actividades productivas solo ha sido puntual y los últimos meses parecen mostrar que seguimos corriendo hacia el abismo.

Hablar de la emergencia climática, y reportar sus consecuencias en nuestro territorio puede generar dolor, miedo, impotencia, a veces culpa, y hasta rabia, en aquellos sectores que están sufriendo las consecuencias económicas de la pandemia. Sin embargo, ya no podemos eludir la emergencia socioambiental y climática, porque seguir negando esta realidad significa condenar millones de seres vivientes a la muerte y al sufrimiento, y convertirnos en cómplices de este desastre.

La pandemia como una oportunidad de cambio de paradigma

Llevamos más de un año en una nueva realidad que no elegimos ni contribuimos a construir, pero nunca es tarde para cambiar de rumbo. La pandemia ha mostrado que estamos todos interconectados, tanto que un nuevo virus llegado al ser humano desde otras especies, entre otras cosas, a causa de la degradación ambiental, es capaz de mostrar la debilidad de nuestras sociedades desiguales. No todos los países están sufriendo de la misma manera, no todos los países tienen el mismo acceso a las vacunas, pero tampoco a la misma atención médica, cuando se enferma o en los meses sucesivos cuando se manifiestan las secuelas.

Esta debilidad del sistema, que nos hizo más vulnerables, se debe a que el crecimiento ilimitado se ha convertido en el objetivo último de nuestra sociedad, a expensas de la vida.

Para revertir esta realidad es necesario repensar nuestra manera de estar al mundo, de vivir en él, de relacionarnos entre nosotros seres humanos, y con las demás especies. Si no somos capaces de repensar nuestro modo de vida, de ser felices, de amar, de disfrutar de las riquezas de nuestro planeta, habremos fracasado como seres humanos. El cambio de paradigma requiere cambios a niveles estructurales, como el sistema productivo, pero también a nivel individual, ya que lo que se produce los vamos a consumir los seres humanos, aunque de manera muy desigual. Y además requiere un cambio cultural, es decir, un cambio en nuestros valores y creencias, en lo que sentimos, y por supuesto en nuestras acciones.

La pandemia ha ayudado a muchas personas a revalorar ciertos aspectos de la vida como las relaciones con nuestros seres queridos, el tiempo dedicado a estas personas, el cuidado de nuestros cuerpos y también de nuestra salud emocional, la posibilidad de disfrutar de un medio ambiente sano (lo que es un derecho humano, reconocido inclusive en la constitución de la Ciudad de México), el derecho a un sistema de salud que pueda atender a todas y todos sin diferencias, o un sistema de movilidad alternativos (caminar, ir en bicicleta) que sea seguro, y no nos exponga ni a los virus ni a los accidentes viales. Sumadas a esta experiencias cotidianas, muchas alternativas ya existían o se han implementado en este más-de-un-año de crisis, por ejemplo los huertos urbanos (video), así como siguen los llamados a sumarse a la acción climática (petición emergencia climática).

Para empezar a generar el cambio, otro instrumento que se puede descargar es el libro electrónico “Sentir, pensar y actuar frente a la emergencia climática. Una guía para conocernos mejor y poder actuar” (disponible en este enlace) en el cual se propone difundir una parte del conocimiento generado desde las ciencias sociales para poder actuar frente a la emergencia climática. Para los interesados, la presentación de este libro será transmitida en vivo en el canal de YouTube del IIS-UNAM el día 27 de abril de 2021 a las 17:00 horas de la Ciudad de México, y sucesivamente será disponible en el repositorio de videos de la misma institución.

El 22 de abril solo es un día, pero para enfrentar la emergencia socioambiental y climática, garantizando un futuro para las nuevas generaciones y las demás especias que habitan el planeta, es necesario que volvamos a aprender a AMAR y RESPETAR el planeta en el que vivimos, y CUIDAR el medio ambiente que nos rodea, sea un árbol en una banqueta y la ardilla que vive en él o un bosque nativo con todo su ecosistema. Como escribe Dahr Jamail, autor de The End of Ice (New Press, 2019): “Solo compartiendo intimidad con estos lugares podemos empezar a conocer, amar quizás, y ciertamente cuidarlos. Solo con esta intimidad con el mundo natural podemos comprender plenamente cómo nuestras acciones lo están impactando”.

Dahr Jamail también escribió que su curación empezó compartiendo su dolor, y de allí escribió su libro, esperando que ayudara a evidencia la crisis planetaria que estamos viviendo. Además de leer su libro, lo que podemos hacer todas y todos es también empezar a compartir nuestro dolor, tristeza, impotencia, frustración, y todas las emociones que llegamos a sentir, para sentirnos mejor y encontrar así la fuerza para enfrentar todas las crisis que están amenazando nuestras vidas y el planeta en el que vivismo.


1 Carlos Vargas, “Atisbos sobre la nueva normalidad”, en José Alfredo Torres (ed.), COVID México, México, Torres Asociados, 2020, p. 171.

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