Nota ejemplificativa sobre el conflicto UNAM, septiembre de 2018

Se trata de motivar un diálogo entre diversas explicaciones de este conflicto para aprovechar sus coincidencias y sus diferencias como alimento para formular elementos explicativos adicionales: y de la calidad de la explicación a que se llegue dependerá la calidad de la acción para superarlo.

Es en este sentido que se sugiere tomar en cuenta aquí la posibilidad de que la permanencia de porros, cubos y otros grupos similares durante el período de varios de los últimos rectores, pueda ser comprensible en términos más allá del de corrupción o del de incumplimiento de sus obligaciones como autoridades, sin negar que así puede haber sido en algunos casos.

Se trata de considerar, por ejemplo, que ciertos grupos de jóvenes inconformes –conserva-dores o progresistas, según quién los juzgue– han tenido la necesidad de contar con un espacio donde juntarse para buscar su propia forma de redefinir algunas de las normas de relación dominantes sea en materia de ideología política, social, económica, cultural, religiosa, de identidad sexual y otros. Y que la ocupación de varios espacios universitarios por parte de estos grupos ha sido acordada mediante tratos acomodaticios de convivencia, con reglas pactadas sincréticamente con universitarios de distintos niveles tanto para evitar su enfrentamiento violento como también en alguna medida por respeto mutuo 1.

Y visto así podría entenderse que cuando este tipo de pactos sincréticos se rompen con alguno de estos grupos, o cuando integrantes de alguno de ellos los rompen, puede provocarse que ya sin reglas ni respeto, surja la violencia, lo cuál, por cierto, crea espacios aprovechables por diversos tipos de corruptos y hasta de criminales.

Pero en casos así también surge el peligro de que la reacción comprensible de diversos universitarios ante la violencia, ponga en riesgo los pactos sincréticos correspondientes establecidos con otros grupos como los mencionados en el párrafo pre-anterior, obligando a estos últimos a alinearse con los del primero –como en espiral– tal como pudo suceder ya en alguna medida con algunos de ellos. Es desde esta perspectiva que puede considerarse la necesidad de que la reacción frente a quienes provoquen la violencia, incluya un diálogo con los otros grupos –y hasta con algunos no violentos del primero– para avanzar en el reforzamiento y hasta en la puesta a la luz pública de los pactos sincréticos correspondientes

Esto tendría que incluir, por ejemplo, a los grupos de quienes venden y consumen la mariguana para fines medicinales o no, cuya prohibición, por cierto, carece de suficiente consenso social por lo que podría substituirse por reglas específicas que sí cuenten con consenso social suficiente –como en el caso del alcohol– con el propósito de evitar la subida en espiral del riesgo de explosividad aquí señalado, y hasta por respeto en alguna medida.

1 El término de sincretismo ha sido utilizado en antropología cultural y de religiones para referirse a situaciones como la de los ‘cristos negros’, y otras en que se han conjuntado corrientes de pensamiento o ideas diferentes o hasta opuestas aceptando cada uno de sus portadores ciertos elementos selectos de los que maneja el otro, sea de manera conciliatoria o de manera sólo parcialmente impositiva. Esa conjunción puede ser resultado del reconocimiento de la necesidad de evitar el choque frontal por parte de al menos algunos de los involucrados en cada una de las corrientes opuestas, con motivos como el de su apreciación de los riesgos de desgaste a que se exponen al tratar de imponer o de resistir totalmente la manera de pensar propia o la ajena. Pero también suele incluir una actitud de respeto hacia el otro sostenida por algunos de los que se ubican de un lado o del otro, o en ambos lados.


Fotografía de portada: Ollin Pix

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