La producción agrícola y el destino del campo nos compete a todos

* Biotecnología, monopolios y políticas entreguistas, los principales problemas.

 

México, D.F., 17 de agosto de 2015.- Los investigadores que participaron en la mesa redonda “De campesinos, alimentos y transgénicos: el campo en la encrucijada nacional”, coordinada por la Dra. Blanca Rubio del IIS-UNAM en el marco del ciclo “Temas Actuales de la Sociedad Mexicana”, concluyeron que el campo mexicano atraviesa una situación compleja y nada satisfactoria.

Durante su ponencia titulada “El campo mexicano. Entre la resistencia y la esperanza” el ingeniero Víctor Suárez (ANEC) manifestó su consternación ante los escenarios de extrema pobreza en la que viven miles de campesinos y comunidades indígenas. Situación que ha empeorado con la incorporación de estrategias de producción agrícola como la Revolución Verde y el uso de transgénicos.

En este sentido, dijo que las políticas gubernamentales para mejorar las condiciones del campo y combatir la pobreza, adoptadas en los últimos treinta años, han sido un rotundo fracaso. Peor aún, el gobierno ha aprovechado el desventajoso contexto para la aplicación de prácticas corruptas como la compra de votos y el impulso de mecanismos clientelares corporativos.

El especialista en agronomía advirtió cinco amenazas impulsadas por Peña Nieto que mantienen al campo mexicano en la adversidad; la privatización del agua (Ley Korenfeld) para prácticas nocivas como fracking y minería; la privatización de la tierra, para la explotación de hidrocarburos y extractivismo; el despojo y depredación de recursos naturales “como consecuencia de la contrarreforma energética”; la fase transgénica de la Revolución Verde, con lo que se profundiza la dependencia del agro mexicano hacia los productos de empresas transnacionales; por último, el aumento de privilegios para la inversión extranjera como el Tratado Transpacífico, que “afectará de manera severa a la agricultura en muchos rubros”.

Por su parte, la Dra. Michelle Chauvet (UAM-Azcapotzalco) señaló las implicaciones de los alimentos transgénicos desde el punto de vista social y lo que nos espera como sociedad consumidora de dichos alimentos.

Aseveró que el principio de la biotecnología de garantizar la seguridad alimentaria “es una falacia” ya que su interés es trabajar exclusivamente con los monopolios transnacionales, erradicar la autosuficiencia alimentaria y hacer de lado a los pequeños productores y sus mercados. Esto ha provocado el surgimiento de “mil millones de personas sin alimento” en el mundo.

La académica alertó acerca de la técnica llamada edición de genes, la cual es utilizada por las grandes empresas agrícolas para modificar el código genético de semillas y plantas sin que dicha alteración sea perceptible o demostrable. Con ello, buscan evadir las regulaciones de la Bioseguridad y condicionamientos éticos.

Hizo hincapié en el daño que provocan empresas como Monsanto con la venta de sus semillas transgénicas, que generan la dependencia de agricultores mexicanos a sus productos y la alteración de las temporadas de producción, específicamente el caso del maíz sinaloense cuyos periodos se han duplicado, demandando mayor cantidad de agua en una región con problemas de escasez.

En su oportunidad, la Dra. Blanca Rubio enriqueció la conferencia con el tema de los modelos alimentarios en nuestro país y cómo éstos han ido modificando nuestra dieta y sus consecuencias en nuestra salud. Así, la especialista enumera cuatro etapas históricas de los modelos más importantes: la etapa de la postguerra (1945 a los años 80), la etapa del neoliberalismo (años 90), la Transición (2003-2014) y Perspectivas en el 2015.

De la primera etapa dijo que el país gozaba de una gran autosuficiencia alimentaria y los precios de la canasta básica eran muy bajos, por lo que la población en general estaba bien alimentada. Sin embargo, durante el neoliberalismo el país dejó de producir sus propios alimentos y Estados Unidos “nos inundó con sus granos abaratados artificialmente y devastó nuestra agricultura”, lo que generó el encarecimiento de productos de alimentación básica.

La investigadora afirmó que durante la Transición se profundizó la dependencia alimentaria del país y durante los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto se siguió desalentando la producción nacional, al punto de llegar a ser el país más dependiente de toda América Latina. Como consecuencia, los precios de los alimentos se dispararon y las clases más vulnerables dejaron de consumir alimentos como frijol, arroz y jitomate.

De esta manera, el consumo de harinas y pastas aumentó y los más pobres comenzaron a sustituir el consumo de leche por refrescos de cola y el de granos por comida chatarra, con lo que la perspectiva “tiende a la profundización del modelo alimentario chatarra”. Aunado a esto, los padecimientos principales entre los mexicanos serán la diabetes y enfermedades cardiovasculares.

“Para que los mexicanos comamos bien, el campo mexicano tiene que estar bien” afirmó la investigadora, y exhortó a generar conciencia ante temas tan relevantes como nuestra agricultura y nuestra alimentación.

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