Digitalización y trabajo, escenarios nuevos – y no tan nuevos – ante la crisis epidémica

Es una preocupación añeja para la humanidad el impacto que tienen las máquinas cuando irrumpen en nuestro espacio laboral. La proliferación de distintos tipos de máquinas en el contexto de la Primera Revolución Industrial provocó una de las primeras manifestaciones registradas en contra de las máquinas por parte de los obreros textiles de Inglaterra en 1779. Este hecho dio paso al movimiento “ludista” bajo la consigna de destruir a los telares industriales y las máquinas de hilar que atentaban con desplazar a cierto tipo de trabajadores industriales.

Los trabajadores de los sectores industriales no fueron los únicos que se vieron amenazados con la incorporación de máquinas, ya que en el campo también se registraron manifestaciones en contra del uso de trilladoras en 1830. Estos ejemplos, sólo pretendo que sirvan de corolario para decir que la relación máquina-trabajador siempre ha mantenido tensiones diversas. Cabe aclarar que llamo aquí máquina indistintamente a cualquier tipo de máquina, herramienta o tecnología en su sentido más amplio y trabajador a cualquier tipo de trabajador: obrero, autónomo, asalariado, etcétera.

Ante las preocupaciones que surgen a partir de la implementación de máquinas en los puestos laborales han surgido importantes reflexiones e investigaciones que incluyen a la economía, la sociología y el derecho, entre muchas otras áreas. Vale la pena, sólo por mencionar uno de los capítulos más interesantes de El Capital de Karl Marx (en opinión de quién esto escribe) acerca de la evolución en la relación entre el obrero y la maquinaria; el capítulo XIII “Maquinaría y gran industria”. Las tensiones que surgen como resultado de lo que representa una nueva máquina capaz de realizar el trabajo que hacemos día a día nos enfrenta con el temor al desempleo y a la inutilidad.

Pero así, a lo largo de la historia hemos tenido que adaptarnos antes los constantes cambios que implica el progreso tecnológico frente a nuestras capacidades y habilidades laborales. Hay oficios y trabajos que han sido completamente sustituidos por máquinas, otros se han modificado y conviven máquinas y trabajadores y otros más han surgido a partir del propio uso de las máquinas.

Desde hace ya varios años hemos venido discutiendo las posibilidades de cambio en los perfiles laborales y las habilidades con las que los actuales trabajadores y los jóvenes que se incorporarán en el futuro al mercado laboral deberán contar. La rapidez del cambio tecnológico nos ha puesto frente a una realidad que, aunque para algunos, tanto a nivel individual como social, parecía lejana, o bien para otros no había perceptible las implicaciones en sus labores, la actual crisis sanitaria a nivel mundial nos ha puesto de frente más rápido de lo que imaginábamos.

Detractores y reivindicadores siempre han existido, la polarización en las opiniones sobre los posibles efectos que implica el rápido cambio tecnológico ha llevado a establecer tesis positivas que consideran deseable que las máquinas realicen las labores rutinarias y peligrosas en la industria; así como las tesis negativas que hablan del desempleo masivo y desigualdad que puede provocar la cada vez más rápida y presente digitalización; sólo por nombras algunas de las tesis de ambos lados.

Sin embargo, más allá de las opiniones negativas y positivas, nos encontramos antes un escenario de alta incertidumbre, en el cual no hay respuestas fáciles, por el contrario, se abren cada vez más interrogantes. No cabe duda de que la economía digital ha ido modificando todas las actividades humanas: finanzas (bitcoin), comercio (Amazon), comunicación (Zoom), transportes (Uber), hospedaje (Airbnb), sanidad (Fitband), educación (teleeducación), entretenimiento (X-box) y un sin fin de servicios.

Tan grande es el cambio de la economía y su relación con el trabajo, que las empresas más importantes a nivel mundial ya no son las grandes corporaciones industriales del pasado, sino las plataformas tecnológicas como Apple, Google, Facebook y Amazon. Lo anterior cobra importancia y lo mencioné porque junto con la economía de las plataformas, la digitalización trae consigo el despliegue de otras tecnologías como el machine learning, el big data, el clowd computing y la robotización, en conjunto denominadas: Industria 4.0

Hay muchos temas que se derivan a partir de la Industria 4.0, pero me concentraré únicamente en un par de reflexiones sobre los cambios que han provocado en el trabajo, particularmente a partir de la contingencia sanitaria actual.

No cabe duda de que el trabajo tal y como lo conocemos se ha modificado con la aparición del COVID-19. Solo basta señalar que las actividades de los docentes como yo, ahora implican una conexión a internet, computadora, alguna aplicación para conectar en grupos y mucha disponibilidad para hablarnos por un par de horas a través del monitor. En algunos casos, amigos y colegas me hablan de la dificultad de manejar grupos grandes de 40 o 50 alumnos o de la urgencia de aprender a usar herramientas tecnológicas que antes ni siquiera sabían que existían. Los estudiantes de todos los niveles educativos ahora tienen que conectarse varias horas al día para recibir instrucciones, orientación y guía de sus profesores. Sin detenerme demasiado en las particularidades de ello, hay muchos problemas asociados a esto en contextos socio económicos como el mexicano. Por ejemplo: el acceso a la tecnología (pc, laptop, tabletas, celulares) y la calidad de los servicios tecnológicos (bandas de conexión).

Entonces la teleeducación plantea retos para el estudiante y también para el profesor, ya que este último necesita formar habilidades que no tiene y en ese proceso, también nos preguntamos si será pronto o posible que nos veamos sustituidos por un programa educativo estandarizado que resuelva dudas de forma automática a través del uso de inteligencia artificial, por ejemplo. No suena descabellado y parecería una solución oportuna ante el escenario de evitar grandes concentraciones de personas.

Lo que quiero mostrar con el ejemplo anterior es que no sólo los trabajos menos calificados se podrían ver transformados o amenazados por la crisis y la digitalización. También los trabajos más calificados son susceptibles de modificarse y de requerir nuevas habilidades. Pensemos que las preocupaciones del obrero de la manufactura en Tijuana son compartidas por el médico de un hospital público o privado que observa como la inteligencia artificial van ganando terreno en la atención primaria en el establecimiento de diagnósticos; basta mirar que en muchos países incluidos México, se hace uso de mensajería instantánea vía celular con una serie de preguntas que a través de un sistema automatizado de respuesta evalúa el nivel de riesgo de padecer COVID-19, de acuerdo a la sintomatología presentada.

Pero más allá de sonar alarmista, me gustaría llamar la atención sobre un par de cosas que me parece fundamental comencemos a investigar y discutir en el contexto que nos encontramos. La primera de ellas se refiere al acceso a la tecnología. Es bien sabido que existen grandes brechas en el uso y acceso a las tecnologías, en particular computadoras y conexión a internet, ello a su vez pone en franca desventaja a los estudiantes más vulnerables excluyéndolos de poder tener acceso a la educación.

Otro tema muy relevante es lo que se ha llamado como el “efecto placebo” del homeoffice ya que en apariencia uno puede tener mayor libertad de controlar sus tiempos, sin embargo, en países como Argentina, Colombia y México, de acuerdo con datos de NordVPN, la jornada laboral está comenzando más temprano y se ha extendido en un promedio de dos horas por trabajador y en algunos casos como Estados Unidos ha aumentado hasta en un 40%. Lo anterior tiene implicaciones en la regulación de las jornadas laborales y en los límites que se puedan o no establecer con los empleadores para trabajar no en función de horas de trabajo, sino de resultados.

También llama mi atención lo referente a los costos transferidos al trabajador. Por ejemplo, los freelances y/o trabajadores autónomos constantemente se enfrentan al dilema de ¿cómo cubrir los gastos que implica el uso de los servicios de sus espacios privados para cumplir con su trabajo? Por ejemplo, la luz, el agua, la reparación de sus computadoras, la adquisición de materiales, etcétera. Esto parecería menor, pero no lo es ya que hay una línea muy difusa que no nos permite identificar lo que efectivamente es un costo asociado por la realización del trabajo en casa.

Finalmente, y no porque con esto se agoten los temas, esta el tema de los derechos laborales. Pensemos que tenemos un accidente laboral en casa mientras trabajamos, ¿cómo definimos si fue en horario laboral, asociado a nuestras obligaciones? ¿quién se hace cargo? ¿cómo es la responsabilidad del trabajador y del empleador?

Estas dudas y muchas otras han surgido a partir de las condiciones de trabajo que nos ha impuesto la pandemia y la digitalización. Me parece que no hay respuestas fáciles ni contundentes, pero si nos obliga a pensar en escenarios futuros. Creo que al igual que en distintos momentos de la historia nos adaptaremos a las nuevas condiciones, pero hay que pensar en cuáles serán dichas condiciones. Hay que pensar en invertir en mejorar las habilidades digitales de los niños, porque no es lo mismo saber usar un smartphone que tener capacidades de aprendizaje en línea.

En general, hay que pensar en habilidades y capacidades digitales, uso y apropiación de la tecnología, lo que a su vez implica confianza en los dispositivos, plataformas, uso y gestión de los datos; nuevas regulaciones laborales pensando en los derechos de los trabajadores asociados a la digitalización. Además del riesgo latente que puede significar la eliminación de empleos masivamente. En mi opinión, debemos aprender una vez más, tal y como lo hemos hecho en el pasado muchas veces a convivir con las máquinas, con la tecnología, adaptarnos y adaptarlas a nuestras necesidades.

Existen muchas interrogantes abiertas, la incertidumbre priva sobre las respuestas que solíamos conocer y se abren en medio de la mayor contracción de la actividad económica a nivel mundial. Pero sobre todo, se presentan en un escenarios donde el mundo está cambiando a cada segundo a una velocidad que nunca imaginamos y nosotros con él.

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